Qué hay, gente! Muuuuuyyyyy bien, este es mi primer fic y... bueno, he pensado en hacer como una nueva historia basándome en la saga de Percy Jackson de nuestro adorado Rick Riordan, por su puesto, todos los personajes son suyos excepto la protagonista de mi historia, ESA ES MÍAAAAA! :) Bueno, mejor no me entretengo más.

Tened en cuenta que esta es mi primera publicación y no sé cómo va esta cosa así que tratad de no ser muy duros conmigo ;)

Cosas Extrañas

El jueves pasado, un hombre me siguió hasta mi casa. Llevaba una gabardina negra (sí, con el calor infernal que hacía, iba vestido de negro) que le llegaba hasta los tobillos. Al principio no le di mucha importancia, pero al ver que ya llevaba tres calles detrás de mí... bueno, que empecé a preocuparme. Cuando llegué a mi casa me giré un momento antes de entrar por la puerta y lo vi allí parado, en la acera de enfrente, mirándome y murmurando cosas en... ¿griego? De todas las cosas que dijo solo capté una palabra: mestiza. Ya de por si debería haberme extrañado haber entendido al menos esa palabra, pero no le presté demasiada atención al tema.

El sábado pasado, estaba en el supermercado haciendo unos recados que me había mandado mi madre cuando una cajera con un chaleco muy vistoso se me acercó con una bandeja de salchichas con queso. Intenté leer su chapa de identificación pero no pude, eso es lo que me sucede a veces: las letras se mezclan en mi mente y me cuesta leer una simple palabra, cosa bastante vergonzosa en el instituto (gracias, dislexia) En la chapa de la cajera ponía algo así como Beano. Cuando ya me estaba yendo, la oí murmurar algo con otra mujer, otra vez, solo capté una palabra: mestiza. De nuevo.

El lunes, en el instituto llegó a clase una nueva profesora de prueba. Tan pronto como entró en la clase, clavó sus ojos en mí y acto seguido comenzó a hablarnos de temas de la mitología griega. Nos habló de Equidna, de la Esfinge, del Minotauro... pero solo nos dijo lo que podían hacer y cómo habían nacido, no nos dijo quién derrotó a quién ni cuales eran sus puntos débiles; ni nos habló de los dioses; ni de los héroes; de hecho solo habló de titanes y monstruos. Al acabar la clase se acercó a mí y, por un momento creí ver dos colmillos asomando por su boca y su cara tornarse de un gris azulado, luego volvió a la normalidad así que supuse que me lo había imaginado todo. Creí que iba a regañarme por no prestar mucha atención en su clase (no me culpéis a mí, culpad al THDA) pero lo único que hizo fue decirme: Pareces fuerte. Sí, si nuestro señor siguiera entero seguro que te querría en su ejército, lástima que volviera al Tártaro. Las Moiras aún están cosiendo tu destino, mestiza. Algo te protege, pero cuando esa fuerza flaquee... te aseguro que no seguirás viva mucho más tiempo.

Ya estaba empezando a hartarme de que me llamasen mestiza. Entonces, un día, todo cobró sentido.

Estaba en mi habitación leyendo La gesta de los héroes (vale, sí, me gustó todo ese rollo de la mitología) cuando llamaron al timbre. Oí a mi madre hablar y también escuché la voz de dos personas más, pasados unos cinco minutos mi madre me llamó.

- Ángela, sube.

Subí y me encontré con que mi madre estaba sentada a la mesa del comedor con gesto impasible, delante de ella se encontraban una chica y un chico de unos 15 y 18 años. El que aparentaba 18 tenía el pelo oscuro y unos bonitos ojos verde mar, llevaba una camiseta naranja y un collar de extrañas cuentas de arcilla, en cuanto me senté al lado de mi madre percibí un tenue olor a mar que me resultó de lo más reconfortante; la chica aparentaba unos 15 años pero era difícil calcularlo, como si aparentara tener unos años que no tenía realmente, tenía el pelo negro y cortado a lo punk, vestía una chaqueta plateada y unos pantalones con cadenas y botas militares, sus ojos estaban delineados con lápiz negro, lo que hacía resaltar sus iris de color azul eléctrico.

- ¿Qué sucede?- pregunté.

- Vas a tener que irte de casa por algún tiempo.- dijo mi madre.

Yo la miré, habría entrado en pánico si hubiera podido (mi propia madre me estaba echando de casa) pero no pude menos que sentirme… indiferente. Nunca me había sentido muy unida a mi madre y nuestra relación se basaba en silencios incómodos, discusiones acerca de mi desconocido padre y suspiros de impaciencia y exasperación por no tener a nadie con irme a vivir que no fuera mi madre.

- ¿Cuándo? ¿Por qué?- pregunté.

Los dos chicos me miraron con curiosidad, como si les sorprendiera que no estuviera indignada por el hecho de que me separaran de mi madre. No me extraña, lo normal hubiera sido que me cabreara, que gritase, que llorara… que diera señales de que me importaba a dónde me llevasen. Pero es que no me importaba.

Bueno, para ser sinceros, un poco asustada si que estaba, pero solo un poco. Al fin y al cabo, ¿a dónde iban a mandarme? ¿A un internado?

- Ve a recoger tus cosas- dijo mi madre-. Ellos te lo explicarán todo de camino.

Bajé a mi habitación y escuché los murmuros de mi madre y los dos chicos. Rápidamente metí todo lo necesario en una mochila y fui al salón de nuevo. Allí me estaban esperando los dos chicos y mi madre, todos en el umbral de la puerta.

- ¿Estás lista?- fue la chica la que habló, su voz me transmitió algo que… era… ¿comprensión? La joven me miraba como si comprendiera lo que sentía al no encajar con mi madre, como si ya hubiera pasado por esa situación y entendiera que no me afectara dejar todo lo que había vivido atrás.

Asentí, incapaz de hablar y, antes de salir por la puerta, abracé a mi madre torpemente porque era lo que había que hacer, no porque quisiera.

- No quiero volver a verte- me dijo en un susurro mi madre. Vale, eso sí que me dolió, sé que no estábamos unidas y que preferíamos estar en otro sitio… pero ella nunca me había dicho algo de forma tan directa, sabía que no me quería… pero nunca me lo había dicho. No puede evitar sentirme algo dolida al escuchar esas palabras salir de sus labios.

Me separé de ella y salí por la puerta junto con los dos chicos. Me di cuenta de que el chico de los ojos verdes era más alto de lo que parecía, y que la chica se movía con gracia y confianza, como una gacela. Ambos tenían algo que te inspiraba confianza… y a la vez percibía que ellos dos no eran personas normales.

- Bueno- comenzó el chico-, supongo que todo lo de ahí dentro ha sido un poco incómodo. Así que permíteme presentarme como es debido- me tendió la mano-. Me llamo Percy Jackson, hijo de P…

- ¡Percy!- lo reprendió la chica- Creo que antes de empezar a decirle quién es hijo de quién, deberíamos explicárselo todo, ¿qué quieres? ¿Qué le dé un infarto a la pobre?

- Hombre, es que por algún sitió habrá que empezar, ¿no?

La chica suspiró, poniendo los ojos en blanco, como si estuviera acostumbrada a tratar con las tonterías de Percy.

- Thalia- se presentó ella.

- Yo soy Ángela, ¿ahora me podríais explicar un poco de qué va todo esto?