Nico

Adelante

Dos semanas después, Ángela y yo nos encontrábamos sentados al pie de uno de los pinos de la Colina Mestiza, observando al dragón Peleo custodiar el pino de Thalia. La noche anterior había sido bastante ajetreada en la hora de la fogata. Todo transcurría con normalidad o, al menos, todo lo normal que pueda ser una fogata de campamento llena de semidioses y un centauro contándonos historias de antiguos héroes. Pero claro, cuando la historia hubo a acabado…

- Annabeth Chase…- había dicho Percy, hincando la rodilla en el suelo.

La noche siguió llena de aplausos y bromas por parte de los Stoll y de Leo, y de muchas palabras de ánimo y suerte. Creo que esa noche escuché más veces las palabras "Buena suerte, Percy" que en toda mi vida. Tampoco me extrañaba, teniendo Percy la suegra que tenía, bien la hacía falta "Buena suerte"

- ¿Crees que Percy estará bien?- me preguntó Ángela, arrancándome de mis pensamientos con su pregunta.

Esa misma mañana, Percy y Annabeth habían partido al Olimpo para comunicarles a Atenea y Poseidón la noticia.

- Seguro que sí- respondí-. Quiero decir, Percy ha salvado al mundo, ha luchado contra monstruos, titanes y gigantes, ha ido al inframundo tres veces y ha vuelto, ha regresado del tártaro y se ha enfrentado a la Madre Tierra. No puede morir ahora, Atenea no le hará nada salvo, tal vez, chamuscarle las cejas o cubrirlo de excrementos de búho.

- Sí, tranquilizador.

Sonreí y le cogí la mano. Ella estaba sentada contra el tronco del pino y yo estaba tumbado en la hierba, con mi cabeza recostada en su regazo mientras ella jugueteaba con mi pelo distraídamente.

- ¿Tú lo harías?- pregunté de repente, en cuanto la idea cruzó por mi mente.

Ángela me miró con curiosidad.

- ¿Hacer el qué?

Comencé a ruborizarme, arrepintiéndome de soltar las palabras tan bocajarro. Ese no era el momento, ni el lugar, tendría que haber esperado. Pero ya no había marcha atrás.

- Ya sabes…- mis mejillas ardían, aparté la mirada y la clavé en algún punto del horizonte-. Olvídalo.

- No- rió ella-, dímelo. Vamos, no puede ser tan malo.

- No es malo- respondí-, es solo que… No creo que este sea el momento… ni la forma.

- Nico- la miré-. ¿Qué si yo haría qué?

Tomé aire.

- Pues…- volví a apartar la mirada-. Ca… Casarte conmigo.

Dije lo último tan rápido que dudé de que me hubiera entendido. A ver, dejemos las cosas claras: yo quería casarme con ella. Dioses, ¡claro que quería! Pero sentía que esa no era la forma de preguntarlo, al fin y al cabo no es algo que se deba tomar a la ligera. Quería estar con ella, quería poder decir que era mi esposa, quería verla despertar a mi lado todas las mañanas sin preocuparnos de que nadie la vea salir de mi cabaña o de que sus hermanos no me fulminen son un rayo al vernos besándonos. Quería poder protegerla teniéndola a mi lado. Pero no quería que pensara que estaba precipitándome al decirle eso cuando apenas teníamos diecisiete años. Yo ya tenía claro lo que quería, nunca había encontrado a nadie como ella y dudaba de que fuera a encontrarlo de nuevo, no podía ni imaginarlo… Pero, ¿y ella? ¿Quería ella…?

- Sí.

La miré con los ojos como platos.

- ¿Cómo?- no quería pensar que había escuchado mal.

- Que sí, Nico di Angelo- respondió sin mirarme, sus mejillas teñidas de rojo y una sonrisa bailando en sus labios-. Que sí que me casaría contigo, sin importarme tus peligros ni los fantasmas que pueda haber tras de ti, ni tu pasado ni tus pesadillas, ni tu tristeza ni tus demonios. Tampoco me importan las sombras ni lo que pueda ocultarse entre ellas.

- Ángel…- suspiré, acariciando su mejilla. ¿De dónde había salido? ¿Dónde había estado? Me daba igual, solo sabía que la quería, que no iba a dejarla irse nunca más, que la mantendría conmigo y lucharía contra lo que hiciera falta.

- Pero no aún- dijo, mirándome-. Aún es pronto.

- Lo sé- respondí, porque lo sabía-. Puedo esperar.

Ángela sonrió. Me incorporé y la besé.

Y aún estábamos besándonos cuando cayó el rayo a tres metros de nosotros.

- Apártate de mi hija, muchacho de Hades- gruñó.

Ángela y yo nos separamos como si nos hubiesen dado un calambrazo, cosa que sin duda Zeus podría haber hecho.

- Tranquilízate, hermano- masculló la figura de su lado-. Y ten cuidado con mi chico, Nico ha hecho por tu hija más de lo que tú mismo has hecho.

Zeus fulminó a Hades con la mirada, pero mi padre apenas se inmutó ya que tenía su atención fija en mí.

- Así que va en serio- me dijo. Asentí-. Bien.

- ¡¿Cómo que bien?!- exclamó Zeus- ¡Mi hija no se casará con el engendro del inframundo!

- ¡Padre!- lo reprendió Ángela- ¿A caso Nico no ha demostrado ser un héroe? ¡Me ha salvado la vida!

- ¡Para luego tener que salvarlo tú! Esto no te incumbe, Ángela, deja que…

- ¡¿Que no me incumbe?!

Oh oh, pensé.

- ¿Te has dado cuenta de que es mi vida?- le espetó-. Llevo un año aquí y la única señal de ti que he tenido ha sido la de la noche en la que me reconociste.

- Y cuando me echó de tu cabaña a calambrazos- musité, Zeus me lanzó una mirada que bastó para que me callara.

- No tienes voz ni voto en este asunto- prosiguió mi novia antes de girar la vista hacia mi padre y mirarlo a los ojos-. Voy a casarme con Nico.

Y no lo dijo pidiendo su consentimiento ni como si esperara algún comentario. Lo dijo así, como algo que iba a pasar inminentemente y que no se pudiese evitar. Y me gustó.

Hades asintió.

- ¿Y te da igual?- preguntó Zeus, más curioso que enfadado.

- La muchacha ha demostrado su valía, le ha devuelto los recuerdos a mi hijo- la miró-. Me cae bien.

Y yo sabía que eso era mucho más de lo que las palabras podían aparentar. Mi padre no demostraba nunca sus sentimiento y, si lo hacía, lo hacía de una forma tan sutil que apenas te dabas cuenta. Si teníamos su aprobación, ya podíamos estar contentos.

- Vamos, Zeus- dijo Hades, como queriendo convencerlo-. Mi chico es lo mejor que puede haber para ella en este campamento. Dime, ¿vas a estar alejando a todos los muchachos que osen acercarse a tu hija? En ese caso, no te haría falta, Nico ya se encargaría de ello.

Zeus nos miró a los dos con la mandíbula apretada. Ángela y yo esperábamos, expectantes, su reacción. Mi corazón latía tan acelerado que estaba seguro de que todos podían oírlo. Estaba a punto, o bien de tener la mayor alegría de mi vida, o bien de morir electrocutado. Prefería la primera, sinceramente.

- Te estoy vigilando, di Angelo- me retó el señor de los cielos-. Un solo error y…

- Sí, señor- musité con un nudo en la garganta-. No se preocupe.

Y así, sin avisar, Zeus desapareció en un resplandor dorado. Ángela y yo tuvimos el tiempo justo para apartar la mirada y evitar así ser calcinados por su propio padre. Cuando el aturdimiento se hubo pasado, miramos a Hades, que aún seguía allí.

- Minos ha sido encadenado a su trono de juez- nos informó-. Ya nunca podrá separarse de su puesto.

- Gracias, señor- dijo Ángela. Yo los miraba a los dos, desorientado, tratando de deducir qué había pasado en el inframundo para que ella y mi padre no quisieran matarse.

- Llegué justo a tiempo- siguió mi padre-. Unos segundos más y habrías muerto a manos de Minos. No podía curarte, ya había intervenido demasiado, así que tuve que mandarte aquí conforme te encontré.

- ¿Fuiste tú?- pregunté, anonadado.

- Sí- respondió-. Y no hace falta que te sorprendas tanto- nos miró a ambos-. Ahora he de irme. Hasta la vista, hijo- se giró hacia Ángela-. Supongo que ahora estamos emparentados de alguna forma.

- Eso creo.

Hades asintió, pensativo. Luego desapareció.

Me giré hacia Ángela.

- ¿Significa esto que tengo vía libre contigo?- le pregunté.

Ella sonrió y se acercó a mí, entrelazando sus dedos con los míos.

- Siempre la has tenido.

Sonrío y echamos a andar colina abajo, camino al lugar que nos ha unido y que ha conseguido que no nos separásemos. El lugar donde se encuentran todas las personas que nos importan.

Pasaron muchas cosas después de ese día. Cada uno siguió su vida, nosotros también.

Ángela y yo viajamos a Nueva Roma en un par de ocasiones y conseguimos a Reyna casi le diera un infarto al enterarse de que yo, un hijo de Hades/Plutón; yo, tan solitario y callado; yo, tan espeluznante, con mis poderes de resucitar muerto… había encontrado a una chica dispuesta a pasar el resto de su vida conmigo. Moló bastante la cara de los romanos cuando nos veían a ángel y a mí pasear de la mano por las barracas. Y eso que no nos habíamos besado aún.

Percy y Annabeth parecían compartir ahora un vínculo especial. Casarse era un paso más en su relación con el que supuse que nunca se habían atrevido a soñar por miedo a que no se cumpliera; siempre estaba ese temor que los había acompañado, esa sensación de que morirían en la siguiente batalla. Tampoco me extrañaba, habíamos tenido dos guerras, una peor que la otra: en esos tiempos ningún mestizo podía permitirse pensar en el futuro.

Hazel y Frank venían a menudo de visita, sobre todo Hazel ya que el grandullón estaba a veces demasiado ocupado con su cargo de pretor. Paseaba con Ángela y no me dejaban estar presente. Siempre me he preguntado de qué hablaban en esos momentos.

Jason y Piper alquilaron un pequeño piso en el centro de Manhattan.

Leo se fue del Campamento Mestizo en una búsqueda con el Argo II. Él solo. Cuando volvió, no lo hizo solo.

Y fue casi un año después cuando nos enteramos de los egipcios. La Casa de la Vida. Eso fue impactante y no entraré en detalles.

Y podría seguir. Podría deciros que la nuestra no fue una vida tranquila, pero fue una buena vida. Podría deciros que… bueno, no, pensándolo mejor, no. No os podría decir nada más, porque, ¿quién sabe algo más? El futuro es el futuro.

Y aquí estamos Ángela y yo ahora. De vuelta en el lugar donde nos vimos por primera vez, de vuelta en ese lugar en el que un día, dos miradas se cruzaron para no volver a separarse nunca. Y así es como empieza. Una mirada, a veces incluso un roce o una risa escuchada de lejos, y te das cuenta de que en esta vida todo tiene solución. No importa cuán difícil sea la pregunta, tampoco importa si en verdad no existe solución para ella; lo que importa es que siempre habrá alguien que quiera buscar esa respuesta contigo, aun sabiendo que puede no tener solución, aun sabiendo que la búsqueda será eterna. Siempre hay alguien.

Y estamos aquí. Ángela me coge de la mano mientras entramos en el comedor y yo me detengo un momento. Y pienso que algún día nos casaremos. También pienso que nos atacarán monstruos y que será difícil. Pero también sé que lo superaremos; o eso trato de pensar porque, llegado a este punto, siempre hay que tener esperanza. Para un mestizo, la esperanza lo es todo.

Ángela me mira un momento, curiosa.

- ¿Qué pasa?- me pregunta- ¿Estás bien?

Yo la miro. Y me resulta preciosa.

- Sí- respondo-. Solo estaba recordando.

La beso y seguimos adelante.

Porque adelante es lo único que hay ahora.

Había escrito una nota de autora explicando todos mis puntos... y se me ha borrado. No voy a escribirla de nuevo, así que resumiré todo. O al menos lo intentaré.

Este no es el final que había escrito en un primer momento. Cuando había terminado de escribir ese final sentía que... no era mío. De alguna manera, ese final no sonaba como yo. así que lo borré. Entero. Y lo reescribí y salió esto. Y esto es lo que se va a quedar.

El otro punto era que no pienso escribir nada más de momento. Seguiré por FanFiction hasta... bueno, hasta que salga BoO, luego desapareceré hasta... hasta que salga BoO en España XD Más que nada por no spoilearme. Pero de momento no escribiré nada.

No tengo ganas de reescribir toooda la nota de autora, en la que también decía que no pongo ningún epílogo porque no me gustan los epílogos, porque son como cerrar un ataúd, porque en el mundo de Percy Jackson no puede haber epílogos. También decía que no voy a poner agradecimientos a todos aquellos que me han comentado, porque vosotros sabéis lo mucho que os o agradezco y porque no hace falta que os lo ponga por escrito para que lo sepáis.

Asi que aquí se acaba todo. Bueno, no todo, solo esta historia.

Nos vemos, mortales.

Ya es hora de que empiece a escribir mi propia historia.

Excelsior.