Despecho

- Esto no es correcto, Nymphadora – repitió por enésima vez Remus Lupin saliendo de la habitación de Grimmauld Place.

- Remus Lupin, sabes que odio que me llames así – dijo más para si misma la metamorfomaga, porque él hombre ya se había marchado de la sala dejándola sola – Tú sabes todo.

Nymphadora Tonks se sentó en el sillón individual de la biblioteca de los Black, era un lugar que Molly Weasley ya había limpiado, pero seguía con ese olor a antiguo. Era una habitación que la mayoría de las personas de la Orden evitaban, estaba muy lejos de la entrada, había que subir las escaleras, era simplemente una habitación que nadie usaba.

Excepto ellos.

En esa pequeña biblioteca familiar Tonks había tenido su primer encuentro con Remus Lupin. Él había subido allí después de una transformación, estaba curando sus heridas y no quería que nadie lo viese y ella había estado allí revisando un libro que su madre le había pedido que sacara de la biblioteca de lo Black.

- Lo siento – se disculpó la chica que en ese entonces llevaba el pelo azul eléctrico – no sabía que alguien subía aquí, ¿Necesitas ayuda?

- No, estoy bien, Nymphadora – respondió el hombre terminando de untar una loción en su brazo – la poción matalobos hace esto algo más fácil - Remus notó que la chica se le había quedado mirando enojada - ¿pasa algo?

- Sabes que odio mi nombre – alegó infantilmente la chica – Tonks, no es tan difícil de recordar.

- Está bien, Tonks – agregó Remus levantándose luego de terminar de vendar y echarse pociones regeneradoras – pero quiero que sepas que Nymphadora me parece un nombre hermoso, nos vemos en la cena.

El hombre se marchó de aquella biblioteca dejando a Tonks algo confundida, sentía cómo su corazón se aceleraba y le hacía creer que saldría expulsado de su cuerpo en cualquier momento. Al mirarse en el antiguo espejo de la biblioteca se sorprendió al ver sus mejillas sonrojadas.

- Tonks – volvió el hombre unos minutos después – se me olvidó preguntarte qué hacías aquí, ¿necesitabas algo?, ¿Tonks? – Remus vio a la chica frente al espejo que no le respondía - ¿te encuentras bien?

Remus no recibió respuesta, así que se acercó a la chica pensando que el espejo quizá tendría algún maleficio, pero no era así, ella sintió la mano de Remus y sintió que su a salvo.

- ¿Puedes oírme? – insistió el hombre sacando a la chica del espejo y poniéndola frente a el - ¿Estás bien?

Ella no dijo nada, solo se acercó a los labios de Remus y le dio un suave beso que le pareció maravilloso, el beso se volvió algo más apasionado, él rodeó su cintura y ella empezó a tocar su rostro románticamente. Ese simple acto de tocar el rostro del licántropo, lo asusto.

Remus se separó de ella, le miró confundido y le pidió perdón.

Y así fueron todas sus juntas, empezaron a juntarse a hablar de lo que había ocurrido, luego se besaban y como si fuera una rutina Remus terminaba disculpándose, diciendo que eso no podía ser, que él no podía estar con ella, que era peligroso, que ella era una niña que debía estar con alguien como Charlie Weasley, un joven con futuro, que le podía protegerla. Insistía en que el no era nadie y ella merecía más.

Y se marchaba.

Siempre se marchaba dejándola como estaba en ese mismo instante, llorando y pensando en cómo podía ser que él hombre que ella amaba no comprendía que no le importaba sus cicatrices, ni su condición de hombre lobo, tampoco encontraba importante que fuera mayor. Ella lo único que quería que él entendiera es que él la hacía feliz.

Tonks se miró al espejó, tenía el pelo oscuro y ojeras, era ridículo tener ojeras siendo una metamorfomaga. No podía creer que había vuelto tener problemas para controlar sus emociones y transformaciones, eso solo le ocurría a las cinco años. Se levantó y miró el espejó, cambió su cara unas veinte veces, lo que hacía para poder distraerse un poco del dolor que sentía en el pecho. Se volvió un poco más baja y luego más alta, cambió su cabellos, sus ojos, su nariz, hizo cientos de combinaciones preguntándose cómo le gustaría más a Remus Lupin.

Sintió los pasos de las escaleras, era Remus, era obvio que era él, siempre volvía a disculparse, para luego marcharse otra vez y conocía a la perfección el ritmo de sus gastados zapatos. Sintió como rechinaba la puerta al abrirse y a través del costado de su espejo vio la silueta del hombre que amaba.

- Es injusto – dijo la chica sin dejar de mirar el espejo.

- Tú sabes que esto no está bien – volvió a repetir el hombre - te quiero demasiado como para aceptar que estés conmigo.

- ¿Me quieres demasiado como para estar conmigo? – preguntó la chica dándose vuelta y acercándose al hombre lobo – Yo te amo, Remus – era la primera vez que se lo decía - te amo y eso no va a cambiar porque me de cuenta que tienes unos años más, tampoco lo cambia el hecho que seas un hombre lobo, esas cosas te hacen lo que eres y lo que eres es lo que amo. – Tonks miró a Remus empalidecer y tomó una pausa - Te amo, Remus.

- Nymphadora, no hagas esto más difícil – le dijo Remus tocando el rostro de la chica con sus gastadas manos – mereces un futuro decente, no con alguien que no te puede dar nada, alguien que te puede hacer daño, que cada día tiene que cargar con estas cicatrices, tú mereces más, Nymphadora.

- ¿Entonces yo soy el problema? – encaró la muchacha - ¿Si tuviera más años serías capaz de tomar mi mano frente a todos? – Tonks empezó a cambiar su forma. Su piel comenzó a tener arrugas, sus manos parecían de alguien quince años mayor y en su cabello empezó a tener canas – ¿Si tuviera tus cicatrices serías capaz de acostarte conmigo? – aun llorando empezó a marcar su propio rostro con cicatrices como las del licántropo, pequeños arañazos que cubrieron su piel, una herida profunda en su cuello y en sus brazos descubiertos - ¿Así me aceptarías, Remus?

- No hagas esto – rogó Remus abrazando a la joven que en ese momento parecía de su edad – no te hagas esto, Nymphadora, tú eres grandiosa tal como eres, soy yo, yo no debí, simplemente, es mi culpa, no puedo estar contigo.

La metamorfomaga miró al hombre que intentaba reconfortarla y lo empujó para que se separara de ella. En un segundo volvió a la típica forma que ella tenía, su pelo rosa chicle, su tez lisa, su nariz respingada, todo volvió.

- ¿Tú hiciste esto? – preguntó histérica mirando el piso y moviendo la cabeza de un lado para otro ya que estaba razonando en ese mismo instante – Por los pantalones de Merlín, no puedes estar diciendo esto, ¿A caso crees que estás jugando conmigo?, no, no, no. Yo te amo, yo estoy contigo porque yo quiero y ¿sabes lo que creo? – Tonks levantó la cabeza y miró al hombre lobo – No estás jugando con nadie más que contigo, te estás manipulando para no permitirte amar.

- No es eso, linda…

- No me llames linda – interrumpió la chica - no me llames de ninguna forma hasta que dejes de ser un cobarde – Tonks miró al hombre lobo y luego la puerta – y esta vez soy yo la que me voy, porque no soy yo la que debe pensar si estar contigo o no, eso yo lo decidí hace mucho.

- No es lo correcto, Nymph, no pierdas el tiempo con alguien como yo – concluyó Remus sin siquiera mantener la mirada – yo soy un hombre viejo, un hombre lobo y tú eres perfecta.

Tonks no aguanto más, se dirigió a la puerta y empezó a bajar las escaleras haciendo sonar el golpeteo de sus pies contra cada escalón, pensando en lo horrible que sonaba la palabra perfecta.

- ¡No soy perfecta, Remus! – gritó enfurecida cuando ya había bajado de pido – ¡Y me quiero tal y como soy!

Por un segundo espero a ver si obtenía alguna respuesta, alguna señal, tuvo la ilusión de que Remus bajara y le diera un beso, le dijera que ahora entendía todo, que ella estaba en lo cierto. Que quería tomarle la mano y abrazarla en las noches.

Pero eso nunca pasó.

Remus Lupin no dio señales de querer bajar, ninguna respuesta a las represalias de la chica, nada. Tonks se largó a llorar mientras bajo por las escaleras, vio que Sirius que acababa de salir de una habitación le preguntó qué ocurría, pero le ignoró y siguió bajando. Llegó a la cocina y agarró los polvos Flu aun mientras lloraba.

- Mi niña, ¿No te quedas a cenar? – oyó decir desde la puerta de la cocina, era Molly que entraba con una fuente de vidrio - ¿Ocurre algo?

- Callejón Diagon – gritó la chica aun en llantos.

Sin que Molly pudiera hacer nada, la chica se metió en las recién formadas llamas verdes y desapareció.

oOo

Espero disfruten de esto, al principio iba a ser un one shot de estos dos tortolos, pero creo que dar para más, no van a ser muchos capítulos, ya tengo cuatro y creo que serán unos ocho, así que espero que escriban lo que opinan. Debo advertir eso si, que nunca me gusto Tonks para Remus, pero estoy haciendo mi mayor esfuerzo, porque en el fondo creo que por algo estarán juntos. Además que por alguna razón mi Remus siempre me deprime.

Espero disfruten