Felicidad

Remus nunca había imaginado que algo superaría el día en que sus amigos le confesaron que sabían que era un hombre lobo y que no lo habían rechazado, pero el día en que nació su hijo mejor que cualquier otro día.

Era un día soleado de abril, de los primeros de la primavera, estaban en una casa de unos muggles que estaban de vacaciones. Habían tenido que dejar la casa de Andrómeda, ya que a pesar de los antiguos hechizos de protección, ya no era seguro, menos para una embarazada.

- Remus - le dijo Tonks tomándole la mano - ya viene.

Andrómeda llevó a Tonks a la pieza que habían preparado y Remus se quedó paralizado en el comedor. Si no fuera por la amenaza de su esposa de que si no iba y le sujetaba la mano, sus transformaciones no sería nada en comparación a las maldiciones que le mandaría.

A pesar de que había acompañado a Lily durante todo su embarazo y eso lo había ayudado a comprender los antojos y quejas que su esposa había tenido, él había esperado a Lily afuera de la habitación donde ella había tenido a Harry. Nada lo hubiese preparado para aquel momento.

Tonks gritaba con fuerza, mientras Andrómeda le ordenaba que respirara tal y como habían ensayado.

- ¡Si este niño no sale ahora... - gritó la metamorfomaga estrangulando la mano del hombre lobo - ...lo lamentarás, Remus Lupin!

Luego de unos treinta minutos, que parecieron horas, Andrómeda colocó un pequeño bebé sobre su hija. La criatura lloraba mientras se acostumbraba a respirar y Remus colocó su mano sobre él, calmándolo en seguida.

Jamás en su vida había sido tan feliz.

- ¿Su cabello no era castaño? - preguntó Remus cuando lo cargó en su brazos notando que ahora su cabello era color jengibre.

- Igual que Nymphadora - sonrió Andrómeda - un metamorfomago.

Tonks no podía dejar de sonreír y le ordenó a Remus que fuera a avisarle al resto que Edward Remus Lupin había nacido. Un bebé que quizá tendría la suerte de nunca conocer el horror de la guerra, porque ellos mismos se encargarían de terminar con ella.

Y Sin querer despedirse del bebé se dirigió a la casa de Bill Weasley. Todos lo felicitaron, incluso Ronald, Hermione y Harry estaban ahí. Era como si el destino los hubiese reunido para que el le pudiera pedir al hijo de James Potter que fuera el padrino de su propio hijo.

Los días pasaron entre terror y felicidad. Debían cambiar de lugar por lo menos una vez por semana, para no levantar sospechas, pero aunque cansador, ver la primera sonrisa de Teddy o incluso vero dormir hacía que todo valiera la pena.

Cuando escucharon la noticia de que Harry había salido de Gringotts sobre un dragón sabían que algo iba a pasar, que ya no quedaba mucho tiempo. A pesar de que no se podía hablar en público al respecto, nadie quedó ajeno a lo sucedido. Solo escuchar de Harry Potter hizo que la gente hablara en la calle, murmurara en los trabajos, compartieran miradas cómplices durante las cenas. La resignación en la que vivía el mundo mágico se estaba esfumando y la gente podía sentir algo de esperanza. .

- ¿Tu no sabes cual es su plan? - le preguntó su esposa.

- No - confesó Remus - pero saben lo que hacen.

Ambos eran luchadores, no eran de quedarse en casa esperando y Remus sabía lo que quería su esposa. Aunque hablaban con Kingley con regularidad, ya no habían tantas misiones como antes, la Orden estaba desorganizada y aunque no sabían lo que pasaría, una parte de la metamorfomaga quería luchar como los demás, por los demás.

Por su hijo.

Y por lo mismo cuando Arthur les dijo que Harry estaba en Hogwarts y que iba a haber una batalla, que Aberforth tenía una entrada desde Hocico de Puerco. Nymphadora peleó con Remus por ir.

- No te dejaré ir solo - le dijo la bruja.

- Teddy te necesita - le recordó el hombre lobo dándole un beso - yo te necesito aquí, a salvo.

Remus besó a su hijo y luego a Tonks y luego salió por la puerta, desapareciendo enfrente de los ojos de Tonks. Teddy empezó a llorar de inmediato y ella lo empezó a cargar y a mecer hasta que se quedó dormido en sus brazos.

No soportaba no saber cómo estaba Remus, ni sus compañeros. No soportaba estar ahí, mientras otros luchaban por ellas. Su hijo la necesita, pero su hijo también necesitaba que su madre luchara por él.

- Vas a ir - le dijo Andrómeda desde el marco de la puerta - no es un pregunta, te conozco muy bien.

- Teddy… - susurró Tonks aun con lagrimas en los ojos.

- Yo cuidaré de él - le aseguró su madre, por primera vez sin ocultar las lágrimas en su rostro - lo protegeré toda la noche y tú volverás con tu esposo para decirle buenos días.

Tonks besó en la frente a su hijo, lo dejó en su cuna y se acercó a su madre.

- Tú no fuiste con mi padre - comentó Nymphadora - para protegerme.

- Remus te necesita - sonrió la matriarca abrazando a su hija - te conozco, mi amor, se que necesitas estar ahí.

Tonks se colocó su túnica para las misiones y fue hacia su hijo, le dijo que le amaba y luego de abrazar a su madre y darle las gracias se dirigió a Hogsmeade, apareciendo directamente en el bar de Abeforth y pasando por el túnel en la pared.

Tenía que luchar, tenía que encontrar a Remus.

Luego de dejar a Harry, Hermione y Ron en la Sala de Menesteres, le dijo a Ginny que se ocultara tras la estatua frente a la sala, pero en vez de obedecer la pelirroja agitó su varita y salió corriendo para luchar como el resto y ella la siguió.

Había decenas de duelos ocurriendo simultáneamente, pudo derribar a unos mortifagos y logró salvar a unos alumnos de séptimo de unos encapuchados.

Se escuchaban gritos por todos lados y destellos de las varita. Unas cuantas armaduras defendían el castillo sin cabezas o sin un brazo. El camino cada vez se hacía más difícil, algunas paredes se habían desplomado y las rocas estaban en medio de los pasillos.

Y ahí luchando estaba su esposo, vio como alguien lanzaba un hechizo por su espalda y enseguida lanzó un escudo para salvarlo. Remus venció a su oponente y ambos se vieron. El hombre lobo se sorprendió pero siguió luchando hasta que entre ambos tenían por lo menos a seis hombres inconscientes en el piso.

- No podía dejarte venir solo - le dijo la bruja cuando notaron que había derrotado a los atacantes en aquel pasillo - mi madre se quedó con Teddy, a salvo.

- Te amo - confesó Remus con la respiración agitada, aun sujetando la varita, listo para atacar - no te lo dije antes de irme.

- Siempre lo supe, tonto - sonrió la bruja en el mismo estado que él - yo también te amo.

Ambos se besaron rápidamente, pero una carcajada los interrumpió. Era fuerte y fría, rápidamente reconocible como Bellatrix Lestrange.

- La hija de la traidora de Andrómeda con la bestia - rió la desquiciada bruja apuntandolos y lanzando un hechizo tra otro - una pareja repugnantemente encantadora.

Ambos esquivaron ágilmente las maldiciones, mientras contraatacaban con fuerza. Bellatrix era brutal y aunque mentalmente desequilibrada, nadie podía negar que la bruja era poderosa.

Estaban a un buen ritmo y Bellatrix estaba perdiendo el ritmo, pero la bruja tocó su antebrazo y en tan solo un minuto, detrás de ellos, apareció Dolohov acorralándolos en el pasillo.

- ¡La estúpida es mía! - gritó Bellatrix - tu quedate con la bestia.

- Un placer - rió Dolohov lanzando una maldición a Remus - un trofeo para montar en la pared.

Remus y Tonks sabían que no tenían opciones, Tonks estaba fuera de forma, a solo unas semanas de dar a luz y Remus ya llevaba un buen tiempo luchando, debilitado por otros golpes y maldiciones de otros mortífagos.

Necesitaban un milagro.

Sin dejar de atacar y protegerse ambos sintieron la espalda del otro.

- Siempre creí que tendríamos un final feliz - susurró Tonks ahora solo conteniendo con escudos mágicos.

- Tú eres mi final feliz - le respondió Remus - me hiciste el mago más feliz del mundo.

Y sabiendo que ya no tenían opción entrelazaron las manos que no sujetaban la varita, sin importarles que perdían movilidad para defenderse. Ambos habían combatido y salvado a muchos, habían desarmado a por lo menos una docena de mortifagos durante la batalla y ambos sabían que este momento era más que una posibilidad. Por lo mismo Tonks no podía dejar a Remus solo y por sobre todo, no podía dejar de defender el mundo que tanto amaba, el mundo que quería proteger para su hijo.

Las luces verdes chocaron contra sus pechos al mismo tiempo, pero en vez de terror, sus rostros estaban en paz, porque al fin y al cabo estaban juntos y para ellos eso era un final feliz.


Y luego de una gran pausa, les dejo el capítulo final de esta historia. Espero la hayan disfrutado. Como dije antes, odio esta pareja, por lo mismo quería escribirla y me ha parecido interesante ponerme en el lugar de Tonks y de Remus, exponer como me imagino lo que pasó de la forma más cannon posible y aunque tuve el inconveniente que entre medio Pottermore puso información sobre Remus, creo que no quedó tan mal.

Muchísimas gracias por los comentarios y los mensajes internos.

Pongan flores en un florero, absorban el sol que tengan y lean un poema.

Simona Polle