Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer y más de la mitad de la historia también, yo solo aporté los pedazos de párrafos en letra normal.

Chicas, este libro como saben no contiene capítulos así que lo diviré en varias partes para que no sea todo tan rápido.


Los Cullen leen La segunda Vida de Bree Tanner.

Capítulo 2:

Luego de una gran caza, necesitada por todos los integrantes de la familia, los Cullen se dispusieron a irse a casa para terminar de leer aquel misterioso libro, que por algún milagro de la vida, cuenta con exactitud la vida de la neófita a la cual ellos no pudieron salvar de las manos de los Vulturis.

Carlisle no comprendía como aquello era posible. Era totalmente loco y descabellado que existiera esto, un libro que cuente la vida de aquella neófita. ¿Quién lo pudo haber escrito? ¿Un testigo de la muerte-vida que vivía la neófita antes de morir? ¿Un amigo, quizás, de ella? ¿Alguien que vivió con ella todo aquello? Pero, como el libro estaba escrito en primera persona y contado por ella, había la remota posibilidad de que tal vez ella misma lo escribiera… pero, aquello no era posible. ¿En qué momento pudo haberlo escrito? Era imposible que el libro fuera escrito por la misma vampiro porque ella estaba… muerta.

Edward, al leer los pensamientos en los que su padre estaba sumido, se dio cuenta de que él tenía razón. Cada duda que su padre se planteó en la mente también se planteó él en su mente. ¿Quién pudo haber escrito ese libro? Naturalmente tenía que ser alguien que conociese a la chica muy bien como para adivinar sus pensamientos tan precisos como lo estaban en el libro. Diablos, esto era una jodida confusión.

El resto de la familia tenía también sus dudas planteadas en sus mentes. Jasper se debatía interiormente al pensar en el libro. ¿Qué significaría que ese libro haya llegado a sus manos? ¿Habrá algún peligro para la familia al leerlo? ¿Quién pudo haber dejado aquel libro en sus manos? Todas esas incógnitas volaban en la mente de Jasper y también en las del resto de la familia. No sabían nada y cada vez más se iban confundiendo.

Cuando llegaron a casa, Edward fue de inmediato a buscar a su hija que se encontraba durmiendo en la que alguna vez fue su habitación en compañía de Jacob que velaba sus sueños. El chico lobo se retiró inmediatamente luego de cumplir el favor que Edward le pidió de cuidar a la niña mientras ellos cazaban, ya que tenía una reunión con sus amigos de la manada muy importante. Apresurado, Jacob le dio un amistoso golpe en el hombro a Edward, besó la mejilla de Bella ruidosamente y luego le sonrió a toda la familia como despedida. El moreno iba tan apresurado que no se fijó ni se percató de las expresiones preocupadas que embargaban a toda la familia.

Edward y Bella medio sonrieron ante el arrebato de su amigo, mientras él tomaba en brazos a la razón de su existencia, su hija. Ya con la niña en brazos del padre, todos bajaron a la sala donde antes se habían reunido a leer el libro y se sentaron en los mismos lugares de antes. Bella se apresuró a tomar el libro.

"Yo sigo" murmuró, sin dejar que nadie la contradijera.

Todos asintieron y esperaron a que Bella comenzara.

—Tenías pinta de necesitarlo más que yo. Recuerdo lo duro que resulta al principio.

—¿Se vuelve más fácil?

"No" murmuraron todos los Cullen al unísono.

Se encogió de hombros.

—En ciertos aspectos. —Nos quedamos mirándonos el uno al otro durante un segundo—. ¿Qué te parece si nos deshacemos de estos cuerpos en la ensenada? —sugirió. Me incliné hacia delante, agarré a la rubia muerta y me eché su cadáver al hombro. Estaba a punto de ir hasta la otra, pero Diego ya se encontraba allí, cargado con el chulo a la espalda.

—Ya la tengo —me dijo.

"Caballero ante todo" murmuró Rosalie, con una ligera sonrisa en sus labios.

Le seguí muro del callejón arriba y, a continuación, nos desplazamos por las vigas bajo la autopista. Las luces de los coches que cruzaban más abajo no nos alcanzaban. Pensé en lo estúpida que era la gente, cuan ajena vivía, y me alegré de no formar parte del grupo de los ignorantes.

Ocultos en la oscuridad, hicimos nuestro recorrido hasta un muelle vacío, cerrado durante la noche. Diego no vaciló un instante al llegar al final del hormigón, fue directo a saltar por encima del bordillo con su corpulenta carga y desapareció en el agua. Me zambullí tras él.

Nadó con la elegancia y la velocidad de un tiburón, cada vez más lejos y más profundo en la total oscuridad de la ensenada. Se detuvo de forma repentina cuando encontró lo que estaba buscando: una roca gigantesca cubierta de limo en el lecho del océano, con estrellas de mar y basura que colgaba de los costados. Debíamos de estar a más de treinta metros de profundidad, y aquí un humano se encontraría en la oscuridad más absoluta.

Diego soltó sus cadáveres, que se bambolearon con parsimonia junto a él, al son de la corriente, mientras escarbaba con la mano en la arena asquerosa de la base de la roca. Un instante después, halló donde agarrarse y arrancó la roca del lugar en el que descansaba. El peso de la mole hizo que se hundiese hasta la cintura en el oscuro fondo marino.

Levantó la vista y me hizo un gesto con la cabeza.

Descendí nadando hasta él y enganché con una mano sus cadáveres por el camino. Metí a la rubia de un empujón en el negro agujero bajo la roca, después empujé a la otra chica y, tras ella, metí al chulo. Les di unos ligeros toques con los pies para asegurarme de que estaban bien adentro y me quité de en medio. Diego dejó caer la roca, que se tambaleó un poco al ajustarse al nuevo desnivel de su asiento. Luego se liberó a coces de la mugre del fondo, nadó hasta la parte superior de la roca y la empujo hacia abajo con el objeto de allanar las irregularidades sobre las que se apoyaba.

"Muy bien escondite" Jasper asintió con la cabeza.

"Allí nadie los encontraría" masculló Emmett.

Retrocedió a nado unos pocos metros para observar su obra.

«Perfecto», articulé moviendo los labios. Aquellos tres cuerpos nunca reflotarían. Riley jamás se enteraría de su historia a través de las noticias.

Diego sonrió y sostuvo la mano en alto. Me costó un minuto comprender que esperaba a que se la chocase. Nadé hacia él sin saber a qué atenerme, choqué la palma de mi mano contra la suya y me alejé a golpes de pierna para poner algo de distancia entre nosotros.

Esme suspiró ruidosamente, llamando la atención de todos sus hijos y la de su marido.

"¿Qué sucede?" le preguntó Alice, curiosa.

"Me parece curioso" contestó la de cabello color caramelo.

"¿El qué?" inquirió Emmett, frunciendo el ceño.

"A ellos… y a los demás vampiros les cuesta tener contacto físico entre ellos, de una forma fraternal y amorosa, quiero decir" musitó Esme.

"Sin embargo, nosotros somos capaces de abrazarnos y ser felices todos juntos, viviendo unidos" murmuró Carlisle, comprendiendo lo que su esposa quería decir.

"Nosotros somos capaces de amarnos mutuamente" dijo Bella, mirando a toda su familia con cariño. Todos le sonrieron en agradecimiento.

"Somos capaces de sentirnos cómodos entre nosotros" espetó Jasper.

"Mientras que ellos solo huyen de todo contacto físico y no se tienen aprecio mutuo" comentó Emmett.

"Pero en el caso de ellos se comprende" dijo Jasper, para luego hacer una mueca con sus labios. "O por lo menos yo los comprendo. Me criaron así".

Todos los demás, menos Alice, le miraron con la duda escrita en sus ojos. Jasper suspiró al ver que la mirada más curiosa de la familia era la de Bella, con sus ojos dorados brillando de curiosidad. Esa mirada le recordó a Jasper cuando Bella era humana y hacía esa misma mirada cuando sentía curiosidad por algo, solo que en esos tiempos sus ojos eran de un bonito color marrón oscuro.

El rubio lo comprendía a pesar de todo. Su nueva hermana solo sabía una parte de su caótica historia, la parte más… sana, pero no sabía lo demás. En cambio, los demás integrantes de su familia sabían mucho más que ella, pero Alice sabía mucho, mucho más que todos. Ella lo sabía todo.

"Para ellos es algo extremadamente común y fácil comportarse así" comenzó Jasper, suspirando. No le agradaba demasiado el acordarse de ello ahora. "Es como un simple acto reflejo, algo de lo que están acostumbrados".

"¿Por qué?" preguntó Esme, acongojada ante esto.

"Por que ellos fueron creados en un ambiente totalmente hostil. Su creador de por sí fue hostil con ellos cuando los creó y luego ellos despertaron en un mundo completamente desconocido para ellos, un mundo peligroso. Cuando eres neófito solo piensas en la sangre, nada más y eso agregado con el ambiente hostil y peligroso no genera más que problemas".

Todos asintieron con su cabeza, en acuerdo a las palabras del rubio.

"Ustedes" dijo Jasper, mirando a Edward, Esme, Rosalie y Emmett, "a diferencia de ellos, cuando despertaron en esta no-vida tenían el apoyo de Carlisle a su lado, quién no es para nada peligroso o hostil y que siempre les ofreció su ayuda, también tenían el apoyo de la demás familia, pero ellos no. Ellos al despertar en esta no-vida despiertan con vampiros hostiles, tensos, peligrosos con todos sus sentidos alertas, viciosos de sed y sangre, dispuesto a matar a cualquiera que se le cruce en el camino de su comida.

Ustedes no saben lo que es vivir con vampiros como esos rodeándote. Debes estar siempre alerta, mirando a tus espaldas y a tu alrededor. No puedes confiar en nadie porque nadie te ayudará. Lo único que puedes hacer es mantenerte sano y a salvo, manteniéndote fuera del campo de visión de los vampiros más peligrosos, esos que con un solo ataque de rabia infantil son capaces de matar a cualquiera que este cerca suyo". Jasper sacudió la cabeza ante los malos recuerdos, su esposa le tomó de la mano para confortarlo. "El lema en esos grupos es 'vivir protegiéndote y estando alerta o morir descuartizado y quemado' así de simple".

Todos se quedaron en completo silencio después de esto, porque sabían que era verdad todo lo que Jasper había dicho. Ellos tenían el afortunado consuelo de que al despertar siendo vampiros tenían a su alrededor gente que los ayudara, no que quisiera matarlos de una buena vez por comida. Ellos, en ese sentido, eran beneficiados.

Bella carraspeó un poco para retomar la lectura.

El rostro de Diego adoptó una expresión rara, y se dirigió como un tiro hacia la superficie. Arranqué disparada detrás de él, confusa. Cuando salí a cielo abierto, él casi se estaba ahogando de la risa.

"¿Riéndose?" preguntó Carlisle, sonriendo un poco. "¿Por qué?"

—¿Qué?

No pudo responderme al menos durante un minuto. Por fin, me soltó:

—El peor «choca esos cinco» de la historia.

"Amén, hermano" murmuró Emmett, divertido ante la situación.

Rosalie lo fulminó con la mirada.

"¿Qué?" le preguntó él, confundido.

"Se te está pegando el hablar de Diego" le respondió la rubia.

Jasper, Edward y Carlisle sonrieron sin poder evitarlo, sabiendo que Rosalie tenía razón.

"Es imposible no hacerlo" contestó Emmett, encogiéndose de hombros. "Ese chico es de lo más fantástico. Es divertido".

Rosalie suspiró y negó con su cabeza, rendida.

Irritada, le dije con desdén:

—No podía estar segura de que no me fueses a arrancar el brazo o algo así.

Diego resopló. —Yo no haría eso.

"Interesante respuesta" masculló Jasper, alzando una ceja con incredulidad.

—Cualquier otro sí lo haría —contesté.

—Eso es cierto —reconoció, repentinamente no tan divertido—. ¿Te hace un poco más de caza?

—¿Es que hace falta que lo preguntes?

Salimos del agua debajo de un puente y tuvimos la fortuna de toparnos con dos mendigos que dormían en unos sacos viejos y asquerosos sobre un colchón de periódicos que compartían. Ninguno de los dos se despertó. Su sangre estaba agriada por el alcohol, pero seguía siendo mejor que nada.

También los enterramos en la ensenada, debajo de otra roca diferente.

—Bueno, me he saciado para unas semanas —dijo Diego cuando volvimos a salir del agua y chorreábamos al final de otro muelle vacío.

Suspiré.

—Me imagino que esa parte es la más fácil, ¿verdad? En un par de días volveré a sentir que me quemo y probablemente Riley me hará salir de nuevo con más de esos monstruos de Raoul.

"El hambre de un neófito nunca acaba" murmuró Bella.

Todos asintieron.

—Yo puedo ir contigo, si quieres. Riley me deja hacer bastante lo que quiero.

Medité sobre la oferta, recelosa por un instante, pero Diego no se parecía de verdad a ninguno de los otros. Con él me sentía distinta, como si no tuviese tanta necesidad de guardarme las espaldas.

"Confianza" musitó Esme con una sonrisa.

—Eso me gustaría —admití.

Decir aquello me hizo sentir incómoda. Demasiado vulnerable o algo por el estilo.

Pero Diego apenas respondió con un «vale» y me sonrió.

—¿Y cómo es que Riley te deja la correa tan suelta? —le pregunté con la mente puesta en la relación que habría entre ellos.

"Lo mismo me pregunto yo" dijo Edward, frunciendo el ceño.

Jasper miró a su hermano, de acuerdo con él.

"Me es curioso que le tenga tanta confianza a ese muchacho" dijo. "Y que le haya dejado vivir tanto tiempo. Por lo general no duran a más de nueve meses. Lo más maduros comienza a tomar consciencia de lo que es bueno o malo y eso no les beneficia a los creadores en lo más mínimo".

"Entonces, ¿por qué crees que lo dejó vivir por tanto tiempo?" inquirió Alice, confusa.

"No lo sé".

Cuanto más tiempo pasaba con Diego, más difícil me resultaba imaginármelo como íntimo de Riley. Diego era tan... agradable. Nada que ver con Riley, aunque quizá fuese uno de esos rollos de la atracción de los polos opuestos.

—Riley sabe que puede confiar en que yo me encargo de arreglar mis líos. Y ahora que hablamos de esto, ¿te importa si hacemos un recado rápido?

Este chico tan extraño estaba empezando a entretenerme. Despertaba mi curiosidad. Quería ver qué iba a hacer.

"Quién diablos sabe. Ese chico esta loco" susurró Emmett. Todos sonrieron.

—Claro —dije.

Atravesó el muelle en dirección a la carretera que recorría el puerto. Y yo fui detrás. Percibí el olor de algunos humanos, pero sabía que estaba muy oscuro y que éramos demasiado rápidos para que pudiesen vernos.

Escogió de nuevo ir por los tejados y, tras unos pocos saltos, reconocí nuestros olores. Estaba desandando nuestro anterior recorrido.

Y entonces nos hallamos de vuelta en aquel primer callejón, donde Kevin y el otro chico se habían puesto a hacer el imbécil con el coche.

—Increíble —gruñó Diego.

Al parecer, Kevin y compañía acababan de marcharse. Otros dos coches estaban apilados sobre el techo del primero, y unos cuantos observadores se habían añadido a la lista de víctimas. La policía aún no había llegado, tal vez porque cualquiera que hubiese podido informar de aquel caos ya estaba muerto.

"Dios mío…" susurró Esme, estupefacta.

"Maldito idiotas hijos de…."

"Rosalie" advirtió Carlisle, mirándola divertido.

La rubia frunció el ceño pero se calló sin más. Edward se estremeció levemente cuando escuchó los pensamientos de Rosalie, donde esta había terminados sus insultos hacia aquellos vampiros. La chica sonrió con suficiencia cuando vio a su hermano.

—¿Me ayudas a arreglar esto? —preguntó Diego.

—Vale.

Nos dejamos caer y de inmediato Diego lanzó los coches en una disposición diferente, para que en cierto modo pareciese que habían chocado los unos contra los otros en lugar de haber sido apilados por un bebé gigante enrabietado. Yo agarré los cuerpos sin vida abandonados sobre el pavimento y los embutí en el lugar del supuesto impacto.

—Un golpe muy feo —comenté.

Los Cullen sonrieron ante esto.

Diego sonrió. Extrajo un mechero de una bolsa de plástico con cierre a presión que llevaba en el bolsillo y comenzó a prender fuego a la ropa de las víctimas. Yo tomé el mío -Riley los repartía de nuevo cuando íbamos de caza; de hecho, Kevin debió de haber usado el suyo- y me puse con la tapicería. Los cadáveres, secos e impregnados de ponzoña inflamable, prendieron con mucha rapidez.

Carlisle y Esme se estremecieron ante la imagen en su cabeza. Edward también lo hizo al verlo.

—Atrás —me advirtió Diego, y vi que había dejado abierta la trampilla de la gasolina del primer coche y había desenroscado el tapón del depósito.

Ascendí de un salto la pared más cercana y me aposté un piso por encima para observar. Retrocedieron unos pasos y encendió una cerilla. Con una puntería perfecta, la introdujo por el pequeño orificio. En el mismo instante, dio un salto para situarse a mi lado.

El estruendo de la explosión sacudió toda la calle y comenzaron a encenderse luces a la vuelta de la esquina.

"Hora de irse" dijo Emmett.

—Bien hecho —le dije.

—Gracias por tu ayuda. ¿Volvemos a casa de Riley?

Fruncí el ceño. La casa de Riley era el último sitio donde quería pasar lo que me quedaba de noche.

No deseaba ver la estúpida expresión del rostro de Raoul ni oír el constante chillar y pelear. No quería tener que apretar los dientes y esconderme detrás de Fred el Freaky para que la gente me dejase en paz. Y me había quedado sin libros.

—Aún tenemos tiempo —dijo Diego al leerme la expresión de la cara-. No tenemos por qué ir ahora mismo.

—Podría hacerme con algo para leer.

—Y yo con algo de música —sonrió—. Vámonos de compras.

La sonrisa de Alice no se hizo esperar ante esto, provocando las risas de los Cullen.

Nos desplazamos rápidamente por la ciudad -de nuevo por los tejados y a toda prisa por la penumbra de las calles cuando los edificios distaban mucho unos de otros- camino de una barriada más agradable. No nos llevó demasiado tiempo encontrar un centro comercial con una tienda de las grandes cadenas de librerías. Hice saltar el candado de la trampilla de acceso del tejado para poder entrar. El centro estaba vacío y las únicas alarmas se hallaban en las ventanas y en las puertas. Me fui directa a la «h» mientras que Diego se dirigió a la sección de música, al fondo. Acababa de terminar con Hale, y me hice con la siguiente docena de libros de la lista: eso me mantendría ocupada un par de días.

Miré alrededor en busca de Diego y lo vi sentado a una de las mesas de la cafetería, estudiando la contraportada de sus nuevos CD. Hice una pausa y después me uní a él.

Me sentía rara por lo familiar que resultaba, de un modo inquietante, incómodo. Me había sentado antes de esa manera, con alguien enfrente, al otro lado de la mesa; había mantenido una charla informal con aquella persona, había pensado en cosas que no fueran la vida y la muerte o la sed y la sangre. Pero eso había sido en otra vida, diferente, borrosa.

La última vez que me había sentado a una mesa con alguien, ese alguien había sido Riley. Resultaba difícil recordar aquella noche por multitud de razones.

"Cuando la convirtieron" susurró Jasper, impresionado.

"¿Por qué te sorprendes?" le preguntó Rosalie.

"No es natural que los neófitos recuerden aquello" contestó el rubio. "Esta chica es… rara".

"Especial" le corrigieron las mujeres de la familia. Él sonrió.

"¿Crees que tenga algún tipo de don, Carlisle?" pregunto Edward.

El susodicho sacudió la cabeza.

"No lo sé… hasta el momento el libro no ha hablado para nada de dones y esas cosas".

—¿Cómo es que nunca te veo por la casa? —preguntó Diego de sopetón—. ¿Dónde te escondes?

Me reí e hice una mueca al mismo tiempo.

—Me suelo meter detrás de Fred el Freaky vaya por donde vaya.

Arrugó la nariz.

—¿Lo dices en serio? ¿Cómo lo soportas?

—Te acostumbras. Detrás de él no es tan terrible como delante. De todas formas, es el mejor escondite que he encontrado, nadie se acerca a Fred.

Diego asintió, sin perder aún el aspecto de estar asqueado.

"¿Qué tendrá ese Fred que sorprende a Diego el que Bree se esconde tras él?" preguntó Bella, confundida.

La familia no supo que decir pues no sabían la respuesta.

—Eso es cierto. Es una forma de seguir vivo. —Me encogí de hombros, y él prosiguió—: ¿Sabías que Fred es uno de los preferidos de Riley? -me preguntó.

—¿En serio? ¿Cómo?

Nadie podía soportar a Fred el Freaky. Yo era la única que lo había intentado y sólo por puro instinto de supervivencia.

Diego se inclinó hacia mí con aire conspiratorio. Ya estaba tan acostumbrada a su misteriosa conducta que ni me inmuté.

—Le oí hablar por teléfono con ella. —Sentí un escalofrío—. Ya lo sé —prosiguió, de nuevo en tono comprensivo. Por supuesto que no había misterio alguno en el hecho de que pudiéramos compadecernos mutuamente en lo que a ella se refería—. Fue hace unos meses. El caso es que Riley estaba hablando de Fred, muy emocionado. Por lo que decían, deduje que algunos vampiros son capaces de hacer cosas. Más cosas aparte de lo que podemos hacer los vampiros normales, quiero decir. Yeso es bueno... algo que ella está buscando. Vampiros con habilidades.

"Ella es Victoria, es de seguro" dijo Alice, apretando los dientes.

Bella se estremeció al recordar aquella vampiro pelirroja que hace tiempo deseaba matarla por sed de venganza, por vengar la muerte de su amado James. Edward la abrazó por la espalda con una mano para tranquilizarla.

"Espera" dijo Rosalie, frunciendo el ceño con fiereza. "¿Acaso ellos no saben que podemos tener dones, habilidades únicas? ¿Cómo es eso?".

"Curioso" musitó Carlisle, pensativo.

"Y muy intrigante" le secundó Jasper. "En los tiempos que yo estaba… con ellos, si María descubría que uno tenía un don, como yo, no dudaba en usarlo. Incluso les informaba a todos de nuestras posibles habilidades para que cada uno fuera consciente de lo fuerte que podían ser para el enemigo".

"Entonces, ¿por qué Victoria y Riley le ocultarían eso a ellos?" inquirió Esme.

Todos negaron con la cabeza, no lo sabían.

Arrastró el sonido de la «s» de modo que pudiera oír cómo la pronunciaba mentalmente.

—¿Qué tipo de habilidades?

—De todo tipo, según parece. Leer la mente, rastrear e incluso ver el futuro.

—Venga ya.

"No, definitivamente no lo saben" masculló Alice, sacudiendo la cabeza.

—No estoy bromeando. Me da la sensación de que, de algún modo, Fred puede repeler a la gente a propósito. Está todo metido en nuestra cabeza, hace que sintamos repulsión ante la idea de hallarnos cerca de él.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo va a ser eso algo bueno?

—Le mantiene vivo, ¿no crees? Y me parece que también te mantiene viva a ti.

Asentí.

—Supongo que sí. ¿Dijo algo sobre alguien más?

Intenté pensar en cualquier cosa extraña que hubiera visto o sentido, pero

Fred era único. Los payasos del callejón de esta noche que fingían ser superhéroes no habían hecho nada que no pudiésemos hacer los demás.

"Yo creo que más de alguno debe tener un don, aunque sean unos dos" dijo Edward. "Aunque no se debieron dar cuenta".

Jasper asintió con su cabeza.

—Habló de Raoul —dijo Diego torciendo el gesto de la boca.

—¿Qué habilidad tiene Raoul? ¿Superestupidez?

Los Cullen rieron ante eso.

Diego resopló.

—Sí, eso sin duda. Pero Riley piensa que posee alguna forma de magnetismo: la gente se siente atraída por él, le sigue.

—Sólo quienes van justitos de capacidades mentales.

-Sí, Riley hizo referencia a eso. No parecía causar efecto en los -adoptó un tono que imitaba de un modo bastante decente la voz de Riley- «más mansos».

—¿Mansos?

—Deduje que se refería a gente como nosotros, los que somos capaces de pensar de vez en cuando.

"Como ellos" dijo Jasper.

No me gustaba que me llamasen «mansa». No sonaba como algo bueno dicho así, sin más. La interpretación de Diego sonaba mejor.

—Era como si Riley necesitase del mando de Raoul por algún motivo... Algo se cuece, creo yo.

Un extraño hormigueo me recorrió la espalda cuando dijo aquello, y me enderecé en la silla.

—¿Como qué?

—¿Has pensado alguna vez en por qué Riley va siempre detrás de nosotros para que no llamemos la atención?

"Para que nosotros no nos diéramos cuenta de que estaban aquí" murmuró Rosalie.

Todos estuvieron de acuerdo con eso.

Vacilé durante apenas medio segundo antes de responder. No era ésta la línea de interrogatorio que me hubiera esperado de la mano derecha de

Riley. Era prácticamente como si estuviese cuestionando lo que Riley nos había dicho. A menos que Diego lo estuviese preguntando para Riley, como un espía, para saber qué pensaban de él los «chicos». Pero no me daba esa impresión. Los oscuros ojos de Diego se mostraban bien abiertos y confiados.

¿Y por qué iba a importarle a Riley? Puede que la manera en que los demás se referían a Diego no tuviese ninguna base real, que tan sólo fuesen habladurías.

Le respondí con sinceridad.

—Sí, en realidad estaba justo pensando en eso.

—No somos los únicos vampiros en el mundo —afirmó Diego con solemnidad.

—Ya lo sé. Riley suelta cosas a veces, pero tampoco puede haber muchos. Quiero decir, ¿no nos habríamos dado cuenta antes?

Diego asintió.

—Eso es lo que yo creo, también. Y ésa es la razón de que resulte tan extraño que ella siga haciendo más de nosotros, ¿no te parece?

Fruncí el ceño.

—Aja, porque no es que le gustemos precisamente a Riley ni nada por el estilo... —Hice una nueva pausa, a la espera de ver si él me contradecía. No lo hizo. Se limitó a esperar con un leve gesto de asentimiento, así que proseguí—: Y ella ni siquiera se ha presentado. Tienes razón. No lo había contemplado desde ese punto. Bueno, en realidad ni siquiera había pensado en ello. Pero entonces, ¿para qué nos quieren?

"Para distraernos" murmuró Alice.

"Y así poder matarme a mí con facilidad" terminó Bella, estremeciéndose.

Edward se la acercó a su costado aún más y le dio un beso en su cuello, en un intento de calmarla.

"Pero Diego también tiene razón" comentó Emmett. "Victoria también quería protección para ella".

Diego levantó una ceja.

—¿Quieres saber lo que pienso?

Asentí con cautela, pero mi inquietud nada tenía que ver con él en ese momento.

—Como he dicho antes, algo se está cociendo. Creo que ella quiere protección y ha puesto a Riley a cargo de la creación de la primera línea del frente.

Valoré aquello con un hormigueo que de nuevo me recorría la espalda.

—¿Y por qué no nos lo iban a decir? ¿No nos mantendría eso, no sé, alerta o algo parecido?

—Eso sería lo más lógico —reconoció él.

"No se lo dijeron para que no dejaran el grupo" gruñó Edward. "Ellos sabían que si les decían la verdad, todos los neófitos hubieran salido volando para no atacarnos, por miedo".

"Sí, eso es verdad" concordó Jazz.

Nos miramos en silencio durante unos interminables segundos. No se me ocurría nada más y no parecía que se le ocurriese a él tampoco.

Finalmente, hice una mueca y dije:

—No sé si me lo trago... la parte esa de que Raoul sea bueno en nada, eso es todo.

Diego se rió.

—Eso es difícil de rebatir. —Y entonces dirigió la mirada a las ventanas, al final de la oscura noche—. Se acabó el tiempo. Será mejor que volvamos antes de que nos quedemos tiesos.

—Cenizas, cenizas, todos caemos —canturreé para el cuello de mi camisa mientras me ponía en pie y recogía mi montón de libros.

Diego soltó una risotada.

"¿Ellos… ellos creen que nos polvorizamos con el sol?" Un incrédulo Emmett preguntó.

"Al parecer no saben que somos vampiros más… modernos" musitó Carlisle.

"Creen que somos como los vampiros de las historias" dijo Esme.

Bella carraspeó. "Creo… creo que deberíamos detener un poco la lectura y conversar sobre lo que aquí" levantó el libro de su mano, "se esta diciendo, ¿no creen?"

Todos asintieron y suspiraron. Había llegado la hora de cavilar todo.


Buenos, espero que les haya gustado el capitulo. Dejenme saber sus opiniones, no lo olviden, ¿si?

Nos leemos en el próximo cap.

Isa Pattinson Masen.