Lovino se presentó delante de las puertas del palacio. Esa mañana Toni le tuvo que echar agua fría recién sacada del rio ya que no quería levantarse, más que nada porque se había agarrado al cabecero de la cama y por más que Toni tiraba de sus piernas no conseguía sacarle de ahí. Lovino entró por la puerta de servicio, por la cual entraban todos los criados y sirvientes del palacio. Él jamás se imaginó entrando por esa puerta… bueno, para ser sincero, muchas noches, cuando volvía del pueblo de fiesta a las tantas de la madrugada a escondidas. En ese entonces era el príncipe y no podía molestar a todos los guardias para que abrieran las puertas principales por donde tendría que entrar alguien de su posición, además… ¿Qué imagen daría a su pueblo? ¿Y cómo seria de grande la bronca de su padre?

Una lágrima comenzó a correr por la mejilla izquierda de Lovino mientras recordaba todo eso. Pero también estaba feliz porque había conocido a Toni y le había dado algo que pensaba que no podría sentir en su vida: amor desinteresado. Claramente muchas personas se le acercaban y le querían solo por su condición de heredero al trono. Pero ahora que no tenía ya ni el título y su padre le había olvidado. Solo le quedaba el amor de su prometido, que después de lo mal que lo había pasado pensando que se iba a morir por una tontería (aunque de tontería no tuviese nada) le había prometido que se casarían. Lovino siempre había imaginado su boda llena de invitados, en una catedral, vestido con sus mejores galas y joyas, esperando aumentar su reino, y después disfrutando de un gran banquete de bodas con los mejores manjares de todos los continentes y una tarta de 8 pisos, ni uno más ni uno menos, el Lovino de esa época era así de caprichoso.

Le habían mandado fregar el suelo ese día y realmente no tenía ni repajolera idea de cómo hacerlo. En casa siempre que lo hacía acababa produciendo algún desastre, de manera que Toni pensó que ya se encargaría de eso, por la seguridad de la casi derruida infraestructura que era su cabaña.

Durante todo el día Lovino fregó un largo pasillo y toda una sala de baile. Estaba agotado. Sus manos estaban empapadas, arrugadas, llenas de callos… pero peor estaban sus rodillas, el estar todo el día apoyado en el suelo había dejado sus rodillas moradas y llenas de marcas del suelo.

-¡Más rápido, incompetente! –le gritaba su superior continuamente.

El palacio estaba lleno de gente que corría de un lado a otro. Lovino no entendía por qué. Todos estaban estresados, algunos mandaban, y cualquier error era severamente castigado y fue por eso que Lovino iba despacio, pero haciéndolo todo bien. Su salud se había vuelto muy delicada y cualquier golpe podría ponerle de nuevo en peligro.

-¿Por qué hay tantas cosas que hacer? –dijo mientras le entregaban una gran lista de tareas.

-El Rey Antonio se va a casar en unos días y hay que prepararlo todo.

Un pequeño infarto atacó el ya roto corazón de Lovino y un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas. El Rey de los Tomates se iba a casar y no era con él apenas hacía un año que le había denegado su propuesta de matrimonio, ridiculizándole. No le extrañaría nada que si se lo cruzase se burlara de él. Por suerte el día había terminado y Lovino se fue corriendo a casa.

Toni, por su parte, había pasado un día duro, Dios sabe dónde pero llegó a casa más tarde que Lovino. Cuando llego vio la puerta abierta de par en par y pensó que algo podría ir mal de manera que corrió imaginando que le podría haber pasado a su amante. Le resultó raro no haberlo encontrado en la puerta gritando y pidiendo explicaciones de por qué la cena no estaba hecha aunque le tocara hacerla a él. Toni oyó moqueos y una respiración muy acelerada en la habitación y corrió hacia ella. Lovino estaba en la cama llorando y gritando de angustia y dolor, además de rabia. Toni, sin dudarlo corrió asustado a él pensando que le podrían haber hecho algo. Le abrazó.

-¿Qué te pasa, mi amor?

Después de un gran berrinche sobre la camisa de Toni, Lovino consiguió balbucear algo:

-El… Rey A-Antonio se va… a…

No terminó esta frase cuando siguió gritando y llorando. Toni entonces comprendió la situación y le abrazó dejando que llorara. Algo en el fondo del mayor le apenaba, él era en parte culpable de la tristeza de su prometido, pero no podía hacer en el fondo nada.

-¿No era el que rechazaste hace meses? Ese que decías que apestaba a huerta y cosas por el estilo… Si le rechazaste sería por….

-Por orgulloso –dijo interrumpiéndole- nada más verle entrar por la sala del trono caí enamorado de él perdidamente, era tan guapo que en seguida me sentí inferior y actué sin pensar en lo que estaba haciendo. Me resultó imposible decirle que había robado mi corazón con sus hermosos ojos esmeraldas… así como lo hiciste un poco después tú.

-¿Por qué te sentiste inferior? –dijo Toni casi sin creerlo.

-S-si… -dijo cabizbajo y casi sin voz de sus lloros y gritos.

Toni le recostó y secó sus lágrimas. Le besó en la frente.

-Mañana será otro día, mi príncipe…

El día siguiente, Lovino descubrió que ser criado era peor de lo que esperaba. Tenía que estar ahí muy pronto y salía muy tarde. Apenas descansaba para todo lo que tenía que aguantar trabajando. Durante días llegaba tarde a casa, con ojeras cada vez más palpables en su pálida y enfermiza cara. Cuando llegaba a casa ni saludaba a Toni, ni cenaba. Se tumbaba en la cama y esperaba sin ansia que un gallo anunciara el nuevo día para ir a trabaja a ese infierno.

El día antes de la boda del Rey Antonio, Lovino estuvo preparando las plantas en todo el palacio. Pero había algo que le rayaba mucho: en vez de poner flores… había tomates. Lovino los amaba, y la idea de tenerlos en su futura boda con Toni le parecía interesante pero para una boda real le pareció bastante hortera. Esa noche se quedó hasta la madrugada trabajando en palacio. Volvió a casa y no le extrañó para nada que amaneciera al poco de llegar. Toni no estaba ahí, le sorprendió bastante pero el agotamiento que tenía encima le hizo caer de golpe en la cama y dormir un par de horas hasta que tuvo que volver al palacio a terminar todos los detalles para la boda.

Ese día le tocaba fregar todos los pomos de las puertas del palacio, pero su agotamiento era tal que mientras se arrodillaba con sus amoratadas piernas se quedaba dormido. Cuando terminó con la puerta del comedor se apoyó en la pared a descansar un poco, pero sus ojos empezaron a caer y durante un par de segundo se quedó dormido. Mientras dormía sintió como alguien le acaricia y le besó. Naturalmente que era un sueño, pues los labios que lo habían besado eran perfectamente reconocibles: era Toni y obviamente él no estaba en palacio. Una bofetada lo despertó: era uno de sus superiores.

-¡Maldito vago! ¿Qué estás haciendo? –dijo más que enfadado.

Lovino aun estaba atontado y no podía casi ni responder cuando notó una fuerte patada en su estómago y posteriormente en su culo. Lovino se levantó tan deprisa que chocó contra una pared tirando un jarrón. El corazón de Lovino se le subió a la garganta. Eso sería seguramente tan caro que ni con su propia vida lo pagaría, pues, ¿qué valor puede tener la vida de un campesino? Miró con un gran temor a su superior el cual ya iba a por él con un látigo. Pero justo en el momento que iba a fustigarle una voz que casi se le hizo familiar a Lovino interrumpió la acción del hombre.

-¿Qué ha hecho este chico para fustigarle?

Lovino reconoció al instante esa voz, esos rizos, esos ojos, la ropa… ¡Era el rey Antonio! Lovino no pudo evitar sorprenderse.

-Majestad, se ha dormido mientras estaba limpiando y para colmo ha roto el jarrón que le regaló el Conde Francis…

-¿En serio? –dijo mirando a Lovino con una mirada calmante- no pasa nada.

Lovino casi lloro al ver la suerte que había corrido.

-Déjale ir.

Entonces Antonio se retiró. Lovino pudo ver algo familiar en el rey, pero no sabía que era, además de que se había cortado el pelo, ya no llevaba esa larga coleta con la que él conoció.

Los invitados empezaron a entrar al comedor donde tomaron algo antes de ir a la catedral dónde se celebraría el enlace. Lovino miró por un pequeño hueco de la puerta como todos iban bien vestidos, limpios y con sus mejores galas. Todavía seguía preguntándose quién sería la prometida y afortunada del rey.

-¿No te cambias?

Una voz familiar sorprendió por detrás a Lovino. Se giró a ver al dueño y descubrió que era el rey Antonio.

-A-alteza… -logro balbucear.

-Te he preguntado que si te vas a cambiar… Es mi boda -dijo sonriente con su tranquilizadora voz

-¿Cambiarme? Pero si yo soy un simple criado y ahora es tarde, debo volver a mi casa porque me está esperando…

-¿Toni? –dijo el rey.

-¿Cómo lo ha sabido? –dijo profundamente sorprendido Lovino.

-Le conozco bien… pero hoy no le encontraras en casa.

-¿Por qué no? ¿Le ha pasado algo? –dijo alarmado. No soportaría que ahora la persona más especial para él despareciera.

-Tiene algo más importante que hacer… va a casarse.

-¿Casarse? ¿Con quién? –obviamente no pensó que con él, pues naturalmente lo habría planeado. No podía soportar que le abandonara por otro -¡Debo irme a casa!

-Lovino… tú también te casarás hoy… -dijo Antonio.

-Perdón, Majestad… pero no lo entiendo…

-Mírame bien… ¿Aun no sabes quién soy?

-No soy digno de hacer eso… -respondió mirando al suelo.

Antonio le levantó la cabeza suavemente agarrándole por la barbilla.

-¿Ni por mi voz?

-¿Qué quiere decir? –Lovino comenzó a extrañarse y quería irse de ahí lo más pronto posible- ¿No le está esperando su princesa?

-No sabía que me estuvieras esperando… -dijo sonriente.

-¿Qué?

Lovino no termino esa frase cuando Antonio le besaba profundamente sus labios.

-Lovino… ¡Pero si soy yo, Toni! –Dijo sonriendo.

En efecto, el plebeyo humilde llamado Toni que había ido a pedirle al borde y caprichoso príncipe Lovino su mano era el mismísimo rey Antonio.

-T-Toni… ¿Mi Toni? –antes de poder casi terminar esa frase de desmayó. Antonio le recogió después de que se estampara contra el suelo. Realmente no era muy rápido de reflejos.

Un par de minutos más tarde despertó en un pequeño sillón de ese mismo pasillo. Antonio le acariciaba la cabeza. Ahora todo tenía sentido; esa prisión en sus ojos esmeraldas, ese cabello rizado castaño con un extraño corte en la parte de la nuca…. Ahí había estado al coleta de Antonio, seguramente se la cortó para ocultar mas su identidad a Lovino.

-Te va a salir un chichón enorme…

-¿Por qué yo?

-¿Cómo que por qué tu? ¡Porque te quiero! Llevo meses diciéndotelo.

-Pero eres un rey y yo un pobre campesino y no merezco que me quieras –dijo casi llorando.

- ¿Y si lo merecía yo cuando me disfrace de campesino mientras tú eras el príncipe?

-¿Por qué hiciste todo esto?

-Quería domar tu egoísmo, supongo… -dijo acariciándole y retirando el pelo de su cara.

-¿Qué viste en mí? –Lovino realmente no entendía como alguien podía querer al príncipe.

-Eres bueno y cariñoso… -dijo Antonio acariciándole una mejilla – pero te cuesta demostrarlo… y además me gustaste desde el primer momento y pasase lo que pasase quería hacerte mío. Aunque ya no tengas tierras, títulos o riquezas… ¿Quieres casarte conmigo?

En ese momento la cara de Lovino se puso roja pero con la cabeza asintió tirándose hacia Antonio, cayendo ambos al suelo.

-¿Cómo negarme a casarme con usted, Majestad?

La sala de baile donde todos los invitados estaban celebrando la unión se abrió de par en par y todos los invitados rodearon a la feliz pareja que se encontraba en el suelo. La música resonaba desde el salón y levantaron a ambos novios en brazos para llevarlos a la catedral.

-Ahora mi amor… -dijo Antonio cogiendo suavemente la mano de su chico.

-¡Maldito bastardo como te atreves a casarte conmigo con la cara de sueño que tengo y ni habiéndome duchado maldito soñador de cuentos de hadas! –interrumpió Lovino ahogándole cómicamente. Pero era verdad: apenas había dormido, estaba sucio, llevaba ropas rotas y apestaba, pero en realidad eso a la pareja al rato dejó de importarle para darse el "sí" en la iglesia.

Y así, el Rey de los Tomates se casó con su querido Príncipe de los Tomates, nombre con el que Lovino le respondía "Maldito bastardo de los tomates" cada mañana… pero siempre con lo que nunca faltó entre ellos, amor.

Terminado! Soy tan feliiiiiz! Mi primer fic acabado! Espero que os haya gustado y divertido, porque yo me lo he pasado genial escribiéndolo. Quiero dar las gracias a todos los que me mandais reviews porque realmente me hace feliz, muy muy muy feliz! Ya que me los leo y releo todos mil veces, asi que por fa, ponedme que os ha parecido el final.

Por ultimo me queda despedirme hasta mi próximo fic, esperando que lo leais también… de modo que me despido!

Por cierto, por si acaso, una pequeña aclaración, la persona con la que hablo Toni/Antonio cuando Lovino estaba enfermo y que vestia con ropas reales era su hermano Alfonso, el rey de Portugal, o sea, Porty! (Ataque Oc!)