Capítulo 13 – Un rostro familiar

—Te he echado de menos… -Susurró a su oído, cerrando fuertemente los ojos.

Se abrazaron cálidamente durante minutos que parecieron un instante. Dos viejos amigos, reunidos una vez más por azares del destino. Por un momento, no hubo necesidad de hacer preguntas, ni tampoco de añadir nada más. El solo hecho de que ahora estaban el uno frente al otro era más que suficiente para ambos.

Pronto, antes de que ninguno de los dos lo deseara, el abrazo terminó. Se apartaron unos centímetros y así permanecieron, mirándose a los ojos, intentando hallar en aquellos desconocidos a los amigos que doce años atrás habían sido, completamente ajenos a la presencia del dragón y la alicornio que observaban la escena sin saber cómo proceder.

—Ha pasado mucho tiempo. Te ves... diferente.

—También tu. -Replicó ella, con añoranza en su rostro.

—Hay... hay tanto que quiero preguntarte. Y... ni siquiera sé por dónde empezar.

—Han pasado muchas cosas. No estoy segura de que quieras oírlas todas.

—Claro que sí. Quiero que me cuentes todo. Lo que viste y lo que viviste en todos estos años, de verdad. -Continuaba él, ilusionado, aún no reponiéndose de las emociones que lo habían invadido.

—Ya habrá tiempo para esas cosas, pues las situaciones que merecen contarse son muy numerosas. Pero no me detendré a contar cada pequeño detalle, pues también tú también has de tener muchas cosas para relatarme.

—Es cierto... muchas cosas han pasado en Vizuri desde que partiste. -Comentó, cayendo en la cuenta de que doce años habían pasado desde la última vez que la había visto. Sus ojos se humedecieron poco a poco mientras mantenía su mirada fija en ella, una mirada que la cebra le devolvía con añoranza.- No sabes lo mucho que he soñado con este momento. -Susurró, acariciando su mejilla con el casco derecho.

—Créeme... lo sé. -Completó ella.

—Shisui... yo-... -Decía, gimiendo por el dolor que en un principio pudo ignorar, al ser devuelto al lecho una vez más.

—Blast... -Su expresión se vio teñida de preocupación al notar los numerosos vendajes que cubrían el cuerpo del guerrero.- Cielos... Heridas graves en tu cuerpo has sufrido. ¿Qué es lo que te ha sucedido?

—T-tranquila, no es nada para preocuparse.

—En realidad... si lo es. -Interrumpió Twilight finalmente, quien en compañía de su guardián, habían presenciado el encuentro desde el principio, pero no siendo advertidos por ellos una vez que sus miradas se habían encontrado.- Tiene varios huesos rotos, músculos desgarrados, y eso sin contar que la pastelería se derrumbó enteramente sobre él. -Concluyó. La cebra le devolvió una mirada preocupada a su viejo amigo, una que el correspondió con aflicción.

—¿Qué fue lo que sucedió exactamente? -Cuestionó seriamente.


¡Despierten familia! ¡El sol salió hace un buen rato, y hay mucho que hacer el día de hoy!

La melodiosa voz de Applejack resonó en toda la residencia Apple, desde la casa hasta el granero, espabilando a cada uno de los durmientes.

A los Cake, no acostumbrados a dormir tan escasas horas, les fue difícil incorporarse en las camas de las hermanas Apple, donde habían descansado en una de las noches más difíciles de sus vidas.

Pinkie aparentaba no haber oído el llamado de la granjera, al igual que los pequeños que dormían bajo su abrazo. La abuela Smith difícilmente hubiera despertado con tal llamado, pues era bien sabido por la familia entera que se trataba de alguien con un sueño no muy ligero.

De la misma forma, la Apple más joven del manzano dormía plácidamente en el sillón del salón. El único inconveniente era que no reposaba sobre los cojines, sino sobre su hermano mayor. Dadas las circunstancias en las cuales habían quedado la noche anterior, ambos habían encontrado la forma de acomodarse en tan estrello espacio, pero en medio de su sueño la menor había terminado en aquella cómoda posición, babeando el pecho del mayor.

¡Vamos todo el mundo! ¡El gallo ya cantó y sería descortés hacerle esperar más! - Se oyó la alegre voz de la yegua una vez más, esta vez bajando las escaleras.

El nuevo llamado alcanzó para despabilar a la menor que sin ir más lejos, al descubrir la embarazosa posición en que había amanecido, cayó al suelo al intentar alejarse, terriblemente avergonzada. Daba las gracias de que su hermano mayor no hubiera despertado antes que ella.

—¡Applebloom! ¡Ahí estás, pequeña sinvergüenza!

—Au... ¿Qué sucede, AJ? -Inquirió con un fuerte dolor de cabeza.

—¡Adivina! El primo Braeburn respondió esta mañana.

—¿Acaso...?

—¡Viene en camino con toda nuestra familia de Appleloosa! -Reveló con gran alegría. Applebloom se incorporó rápidamente, incrédula.

—¡¿Es en serio?!

—¡Claro que sí! Y no solo eso, Babs también respondió, ¡Dijo que saldría en el primer tren de la mañana!

¡Yeehaw! -Se alegró la joven.- ¡Esto no podría ser mejor!

—Uh... ¿Qué les sucede? -Preguntó un Big Macintosh que apenas acababa de despertar, a raíz de los incesantes gritos de sus hermanas.

—Nada, no es nada, ¡Solo recibimos las mejores noticias que podríamos recibir! -Vociferó con inmensa alegría.

—¡Anda Big Mac, alístate, tenemos mucho trabajo que hacer!

—Uh... sip. -Respondió cansadamente, disponiéndose a levantarse mientras las jóvenes subían al segundo piso una vez más, a despertar al resto de los durmientes. Al llevar un casco al pecho, se percató de que estaba cubierto con alguna clase de líquido viscoso.- ¿Qué ra-...? ¡AB!


Los tenues rayos de sol se colaban vagamente a través de la cortina, alcanzando el lecho en donde reposaba una joven unicornio de manto blanco, quien tenía la mirada perdida en el vacío. No había logrado conciliar el sueño en toda la noche.

¿Rarity? -Preguntó una voz al otro lado de la puerta, golpeando delicadamente.- Rarity, hija, ya son más de las 11 de la mañana. ¿No bajaras a desayunar?

—En un momento, mamá. No me siento muy bien ahora mismo... -Respondió con desgano, sin moverse.

Tranquila, duerme un poco más si así lo quieres. Solo avísame si necesitas algo. -Concluyó comprensivamente. Pronto se oyeron sus pasos alejarse por el pasillo, y el sonido de sus pisadas sobre los escalones. Luego, un silencio absoluto.

¿Qué me sucede? ¿Por qué me siento así? -Pensaba, recordando las visiones de las cuales había sido espectadora el día anterior, tanto como el resto de sus amigas.- Ese tipo despreciable...

Finalmente escapó al abrigo de las sábanas, y acercándose a la ventana que le daba una esplendorosa visión del lago de Ponyville quitó la cortina, dando paso al sol que hacía horas intentaba ingresar a su habitación.

No puedo dejar que todo lo que vi me afecte así. Tengo mucho trabajo pendiente del que ocuparme, y muchos ponis dependen de mi. Solo necesito ocupar mi cabeza en otra cosa. Sí, eso es.

De pronto, oyó un fuerte portazo bajando las escaleras, seguido de grandes gritos cargados de energía y alegría, que inundaban cada habitación del hogar.

—Por todos los cielos, ¿Qué es todo ese escándalo? -Se preguntó, extrañada.


Durante espacio de dos horas, la princesa y el guerrero relataron a la doctora tanto lo que había sucedido el día anterior, como lo sucedido hacía ya dos meses, respectivamente. A medida que avanzaban en su relato, la joven cebra se sentía cada vez más perdida. No solo habían secuestrado al clan al cual aún pertenecía, sino que habían asesinado a sangre fría a quien la había aceptado en su morada como parte de su familia.

No fue capaz de disimular las lágrimas que recorrían sus mejillas al cabo de unos segundos, aún cuando intentaba demostrar cierta fortaleza en su expresión. Después de todo, el perder a un ser querido no es algo frente a lo cual la tristeza pueda evitarse. Para cuando ambos habían terminado, la doctora no tenía palabras para expresar lo que sentía.

—Solo... necesito un momento. -Se volteó, en un intento por evitar encontrar la mirada de los presentes.

—Tomate el tiempo que necesites. Sabemos que es difícil tener que oír algo como esto. -La confortó Twilight.

—Toda esta situación es... desesperante. ¿Qué sucederá de ahora en adelante?

—Por el momento no hay mucho que podamos hacer, más que prepararnos. Según la Princesa Luna, los grifos de seguro aún están buscando a Blast. Es por eso que debemos esperar a que vengan a por él, y entonces tendremos una oportunidad de hallar su escondite. En tanto, ella y la Princesa Celestia están haciendo uso de sus contactos para hallar alguna pista que nos guíe hacia ellos, basándose en su descripción y probables puntos de desembarco. -Explicó Spike seriamente.

—Es como ha dicho él. Apenas tenga un punto de partida, iré al rescate de mi clan. De nuestro clan. -Siguió Blast.- Es por eso que he llegado hasta aquí en un principio. He venido hasta aquí en tu búsqueda, Shisui.

—¿Por qué?

—Ni siquiera el abuelo, siendo el poseedor del Asili más poderoso de nuestra aldea, fue capaz de detener a los invasores. Lo único frente a lo cual los cuerpos del enemigo eran vulnerables... era el poder de Kukubwa Hekima. Sí, mi padre fue el único en el pueblo que alcanzó el nivel necesario para lograr manipularlo... pero el ya no está con nosotros. -Alcanzó a susurrar, con voz quebradiza. Al cabo de unos momentos, habiéndose repuesto, continuó.- Pero aún hay una forma de alcanzar un poder similar al de Kukubwa, aún tenemos una oportunidad...

—¿No será-...?

—Sí, estoy hablando de Mara Mbili Hekima. -La doctora no podía ocultar su sorpresa al oír la propuesta del guerrero.- Mara Mbili es la versión más poderosa de nuestro poder antes de Hadithi Hekima. Si logramos alcanzar ese nivel, ningún grifo será rival para nosotros. Confío en que, en el tiempo que estuvimos separados, hayas entrenado tus habilidades en combate. -Concluyó, con una sonrisa de confianza. La joven cebra cerró los ojos y sonrió débilmente.

—El tiempo quizá haya pasado, pero es seguro que nada has cambiado. Y al decir que en este tiempo mis habilidades he entrenado, puedo asegurarte que no estás errado.

—De otra forma no habías podido permanecer junto a los lobos tanto tiempo. -Infirió su interlocutor.

—Zecora... ¿En verdad aprendiste magia por parte de los lobos? -Preguntó Twilight, curiosa. Pero la expresión de la cebra cambió de repente cuando notó la mirada extrañada del unicornio.

—¿Zecora? -Inquirió, confundido, al recordar el nombre con el cual la habían conocido los habitantes de Emerald Shores. En un principio, las palabras se atoraron en la garganta de la cebra, y fue entonces que cayó en la cuenta de que había varias cosas que debían una explicación, tanto para sus nuevos amigos, como para los viejos.

—Varias lunas pasaron desde aquel día en que dejé mi hogar, buscando mi lugar en el mundo encontrar. Muchas cosas han cambiado, y otras no demasiado...


12 años atrás...

Una oscura noche de luna llena extendía su manto de estrellas sobre los bosques de Qarth, un lugar con una reputación mil veces peor a la del conocido Everfree en Equestria. Eran pocas las especies que sobrevivían en tal lugar, y para la suerte de la joven doctora que circulaba sus parajes, los seres a quienes buscaba se encontraban en el mismo territorio. Aunque no esperaba que serían ellos quienes la encontraran primero.

Fue el del movimiento de la maleza el primer sonido que alcanzó sus oídos, seguido de ligeras pisadas sobre la nieve cercana. Claro, para este punto la joven doctora ya había comenzado a hacer uso de la conocida técnica de su clan porque claro, como el jefe le había pedido tiempo atrás, solo la emplearía de ser necesario para salvar su vida. Esta, claramente, era esa situación.

Al voltearse rápidamente, la joven encontró a cuatro lobos caminando desde distintos puntos a paso lento y tranquilo en su dirección, como si no tuvieran ninguna prisa en conseguir lo que deseaban. O en todo caso, tenían la certeza de que la cena estaba servida.

—Vaya, vaya, vaya... miren lo que tenemos aquí.

—No puedo creerlo... ¿Una cebra por estos tramos? Esto debe ser un sueño.

—¿Qué las cebras no iban en manadas? ¿O es que te has alejado de tu grupo, pequeña?

—Tranquila, preciosa, nosotros cuidaremos muy bien de ti, ¿Verdad, muchachos? -Cuestionó uno de ellos, recibiendo sonrisas maliciosas en respuesta.

Aquellas cuatro bestias alcanzaban a duplicar el tamaño de la doctora, sin mencionar que tenían un aspecto mucho más feroz que el suyo. Sin embargo, Shisui no mostraba signos de nervios, o deseos de retroceder. Mantuvo aquella mirada tranquila mientras el enemigo la rodeaba, dispuestos a ir en su caza en el momento adecuado.

—He venido desde el pueblo de Vizuri Shetani en búsqueda de su clan. Les pido de la manera más atenta que con su líder me dejen platicar. -Aunque intentaba hablar como una guerrera, de forma que aquellos no fueran capaces de deducir su lugar en el clan, le era difícil cambiar una costumbre con la cual había vivido desde su infancia.

—Tranquila... le llevaremos una de tus piernas para que la deguste personalmente. ¿Qué dices?

—He de decir que insistiré en mi petición. De otra forma, me veré obligada a destruirlos sin compasión. -Respondió sin dubitación.

—Nari, ¿Esta cebra habla en serio?

—Lo que diga mi cena me tiene sin cuidado, voy a comerla de todos modos. -Respondió, mostrando sus colmillos al igual que sus compañeros de caza.

—Ustedes se lo buscaron... -Susurró con frialdad.

De un momento al otro las cuatro bestias estaban sobre ella, dispuestas a devorar hasta sus huesos. No pasó más de un segundo cuando la sombra oscura bajo sus ojos que exponía el modo Hekima se extendiera más allá de aquella zona, deformándose en líneas curvas que alcanzaban las orejas mientras que su cuerpo se bañaba de un aura marrón claro, al tiempo que su mirada se agudizaba en gran medida. Su Asili Hekima había sido liberado.

¿Qué es lo qué-...? -Se preguntó uno de ellos sin alcanzar a completar su idea, puesto que al rápido impacto de los cascos de la doctora sobre el suelo, diversas columnas de roca emergieron desde el mismo no atravesando sus cuerpos, sino atrapándolos y limitando sus movimientos.

—No tengo intenciones de aniquilarlos. Desistan, pues de otra forma, me obligarán a eliminarlos.

—¡Cierra la boca, zorra! -Vociferó uno de ellos al sentir aquellas columnas comprimir sus huesos.

—¡Hermanos, es hora de terminar con esto! -Ordenó uno de ellos. Los demás lobos asintieron con dificultad, y poco a poco cerraron sus ojos, mostrando un rostro muy distinto al de hacía unos segundos. Parecían estar meditando.

Esto es... si, van a usar sus poderes...

Al instante, frente a los ojos de Shisui, los cuerpos de los lobos habían comenzado a desintegrarse cual montón de polvo al ser llevado por una fuerte corriente de aire. Su percepción no había sido alterada, de eso estaba segura. Y sin embargo, cuatro lobos se habían vuelto cenizas frente a ella, dejando aquella trampa de rocas a su alrededor completamente desierta.

¿Dónde están? ¿A dónde fueron?

Se preguntaba, buscando en todas direcciones a través de su Hekima, sin éxito. No era capaz de detectarlos, y sin embargo sabía que seguían allí, al acecho. De pronto, una gran manada de lobos surgió desde las sombras, corriendo alrededor de las columnas de roca al tiempo que formaban un gran círculo sobre la cebra. Pero había algo extraño allí: No era capaz de sentir energía natural circulando en ninguno de ellos.

Son ilusiones... ¿Qué es lo que intentan hacer?

Podía percibir la energía de los lobos a una distancia considerable, pero sabía bien que un ataque como el que intentaban, haciendo uso de ilusiones para luchar, era crítico que los combatientes estuvieran a corta distancia para contraatacar en el momento adecuado.

De un momento a otro las bestias se abalanzaron sobre ella. En una situación normal, la cebra habría dejado que aquellas ilusiones pasasen a través de ella, demostrando que era claramente consciente de su estrategia. Pero había algo que cosquilleaba en el fondo de su mente, insistiendo en que no podía confiarse de sus instintos, pues sabía bien que los lobos eran bestias hábiles y poderosas.

Y su intuición se confirmó cuando notó que las pisadas de aquellos espectros, que no deberían causar ninguna modificación en el entorno, se marcaban en el suelo como si de un lobo normal se tratara. Para cuando se percató de esto, las criaturas se encontraban ya a menos de dos metros de distancia, a punto de destazarla. Supo entonces que ya no tendría opción, más que apostar gran parte de su energía en un único ataque.

El aura alrededor de su cuerpo se intensificó alrededor de unos instantes, mientras un escudo de roca en forma de media esfera se generaba a su alrededor, y del mismo surgían lenguas de roca imbuidas con el poder de Asili. Su poder de impacto fue suficiente para partir a aquellas criaturas ilusorias por la mitad al tiempo que continuaban su camino en diferentes direcciones, guiadas por la energía natural de sus objetivos.

Los cuatro lobos originales no tuvieron ni siquiera oportunidad de escabullirse pues resultaron capturados por aquellas extensiones casi al instante, siendo atraídos de nueva cuenta al lugar donde aquel escudo de roca se ubicaba, gimiendo bajo la presión del ataque de la doctora.

Una abertura del tamaño de un equino normal apareció en la protección, y al salir Shisui de la misma, las extensiones de roca se solidificaron en el mismo lugar, con la intención de permanecer de la misma forma por la eternidad.

—¿Van a guiarme con su líder? ¿O es que debo seguir perdiendo el tiempo con ustedes?

De pronto, antes de que pudiera articular una nueva idea, los cuatro lobos aullaron dolidamente al mismo tiempo, con dirección a la luna llena. Acto seguido, decenas de aullidos en todas direcciones fue la respuesta que recibieron. Sabía claramente lo que sucedería a continuación, pues ya lo había previsto. Podía percibir a aquellas criaturas aproximándose con un único objetivo en mente.

—¿Acaso creíste que podrías con nosotros? -Alcanzó a articular uno de ellos.

La pared de maleza fue atravesada en un instante por aquellas bestias que, desesperadas y con ansias de carne, encontraban blanco en la cebra ubicada en el centro del claro, junto a una extraña estructura de roca. Shisui sabía que ya no tenía otra opción: debía luchar contra ellos, y sobrevivir lo suficiente para llegar a ver a su líder.

—¡No he venido hasta aquí con intenciones de pelear! Mi único deseo, es con su líder poder dialogar. -Explicó, no esperando realmente que ello fuera suficiente para evitar que fueran en su búsqueda. No se equivocaba.

En medio de rugidos febriles, las criaturas se abalanzaban sobre la doctora como si les fuera la vida en ello. Tenía apenas cinco minutos restantes con Asili, o 15 minutos en modo normal. Dado el peligro del momento, hacer valer el tiempo que le quedaba del modo Asili era su única opción. No pasó mucho antes de que su iris se iluminara con un resplandor azul, y su mirada se notara como la definición misma de la determinación.


Cinco minutos después, un pequeño grupo de diez lobos yacía débil en el medio de aquel claro, alrededor de una cebra que, contra todo pronóstico, había reducido a cada uno de sus fieros oponentes.

Con una respiración agitada y líneas oscuras en su rostro que poco a poco se desvanecían, cayó arrodillada al no ser capaz de soportar el peso de su propio cuerpo. Si cualquiera de sus oponentes la hubiera atacado en aquel momento, habría sido su fin.

Varias criaturas se abrían paso entre los bosques bajo los cuales, a través de las copas de los árboles, se filtraba la luz de la luna resaltando aquellas lobunas figuras. Había alcanzado a divisar cinco, pero suponía que en la retaguardia varios más estaban expectantes.

Quien lideraba aquel pequeño grupo, un lobo mucho más grande que cualquiera que hubiera visto antes, dirigió una mirada gélida a sus seguidores, y cada uno partió en una dirección distinta a examinar el estado de sus camaradas, que yacían en el suelo, mientras que el primero no apartaba la vista de aquella cebra, que le devolvía una mirada en la que el miedo no tenía lugar.

Finalmente, los cuatro regresaron al punto inicial, y luego de intercambiar un diálogo que no alcanzó a oír, el grupo se aproximó lentamente hacia ella. Poco a poco alcanzaba a visualizar con más claridad los rasgos de aquellos, pero no fue hasta que alcanzó a ver la cicatriz que se extendía desde el hocico hasta el cuello del lobo mayor, que supo frente a quién se encontraba.

Giza Usiku...

Instintivamente se incorporó con las pocas fuerzas que le restaban, para tomar posición nuevamente y reverenciar al líder de la manada. El mismo observaba a la extraña confundido. Por lo que antes había oído de parte de sus súbditos, esperaba encontrar a una criatura muy diferente a la que tenía enfrente, pero si algo había aprendido durante sus ciento cincuenta años de vida era a no fiarse de las apariencias. Después de todo, no cualquiera era capaz de reducir a una docena de sus mejores elementos de tal manera.

—¿Quién eres tú? ¿Y qué estás haciendo aquí?

—Señor Giza Usiku, líder del clan Hofu, es un honor conocerlo. Mi nombre es Shisui del Sol, originaria del pueblo de Vizuri Shetani. He venido hasta aquí no como una amenaza, no como una enemiga. He venido porque deseo formar parte de su clan.

—Pues vaya forma de presentarte, jovencita. -Concluyó el líder con una seria mirada, observando a su alrededor. Shisui entonces cayó en la cuenta de cómo se veía aquella escena realmente. Nadie con dos garras de frente aceptaría en su clan a un desconocido capaz de reducir a sus fuerzas, pero hasta ese momento ella no lo había considerado de esa forma. Sabía que esta era su única oportunidad.- Has dicho que provenías de Vizuri Shetani, ¿Debo suponer que eres parte del clan Vívuli?

—Lo era, abandoné al clan Vívuli hace años. Ahora viajo sola, con el solo objetivo de fortalecerme tanto física como mentalmente. Y la única razón por la cual estoy aquí es porque oí rumores sobre sus habilidades...

—Has oído rumores... -Escupió el jefe, claramente exasperado por las patrañas que la cebra le respondía.- ¿Acaso escuchas lo que dices? ¿Eres consciente de tu condición? -Cuestionó, cuando alrededor de aquel claro comenzaron a hacer acto de aparición una gran multitud de sus semejantes, exhibiendo sus potentes colmillos.- Una criatura de un clan diferente, acercándose a otro clan, dice haber abandonado al anterior. Suena bastante factible...

—Espere, aún no he terminado-...

—Quizá hayas tenido algo de suerte enfrentando a mis exploradores, pero no has enfrentado a mis verdaderos guerreros. Entonces, dime porque no debería dar fin a tu vida en este preciso lugar...

—Porque no he venido buscando caridad, sino un intercambio. -Declaró con seriedad.

—¿Un intercambio? -Inquirió, despectivo.

—Seguramente usted sabe de la habilidad especial que posee el clan Vívuli. Hice uso de la misma para derrotar a sus exploradores. -Explicó, señalando a las criaturas vencidas a su alrededor.- Y estoy dispuesta a prestarle esta información, a cambio de la suya. -Esto último sorprendió al lobo alfa.

—¿De qué estás hablando?

—Le enseñaré mi habilidad, si usted me enseña la suya. Tan simple como eso.

—Vaya... realmente es una-... -Comentó uno de los subordinados de Giza, quien le dedicó una amenazante mirada, que lo hizo morderse la lengua.

—¿Y piensas compartir una información semejante?

—Así es.

—¿Cómo se que no es una especie de trampa?

—Estaría asumiendo tantos riesgos como yo.

—O... podríamos simplemente capturarte, y sonsacarte esa información por otros medios, ¿No crees? -Sugirió, cuando los cuatro lobos se separaron del alfa, y se posicionaron alrededor de la extranjera.- Los forasteros comienzan a escupir información muy cortésmente cuando comienzas a arrancarles miembros, devorándolos frente a ellos. Lo hacen no porque deseen ser libres, sino porque desean poner fin a su vida lo antes posible.

—Háganlo, si así lo desean. -Aceptó, tomando posición de batalla.- Pero seguramente se ha percatado de que no soy fácil de atrapar. Y si fallan y muero aquí, no tendrán otra oportunidad. -Concluyó, esperando la respuesta de su interlocutor. Luego de considerar su oferta por un momento, el líder pareció sonreír por un segundo antes de responder.

—Tienes muchas agallas. -Dijo, con expresión tranquila. Shisui consideró si prefería aquel semblante del lobo, o el que anteriormente le había mostrado.- De acuerdo.

—¡¿Es en serio?! -Cuestionó una de las bestias que la rodeaban, recibiendo aquella severa mirada de su líder en respuesta.

Sihl, cállate. -Susurró su compañero.

—¡No! ¡Todos los demás están pensando lo mismo! ¡Está comepasto está intentando engañarlo!

Silencio. -Pidió nuevamente.

—¿Espera que le revelemos los mayores secretos de nuestro clan así nada más? ¿A cambio de enseñarnos su habilidad? -Decía dirigiéndose a sus compañeros todavía en el bosque, centrándose en su líder, para luego dirigirse a Shisui.- ¡¿Crees que somos imbéciles, zorra?! ¡Ese fue tu último error! -Rugió, saltándo sobre la cebra indefensa.

Apenas se había percatado de que los dientes de Sihl se encontraban a escasos milímetros de su rostro cuando el cuerpo de aquel fue embestido con furia por lo que pareció una inmensa bola de pelo gris.

Un instante después, Giza Usiku se encontraba a dos metros de ella con sus colmillos hundidos en el cuello de aquel lobo, girando su cabeza hacia arriba con una velocidad impresionante y desgarrando sus venas con ese único movimiento. Aquella visión había congelado la sangre de la doctora que, perpleja ante tal escena, consideraba que de haberlo el líder deseado esa podría haber sido ella.

El cuerpo de Sihl ahora yacía inerte en el suelo frío, donde la nieve a su alrededor poco a poco se tenía de un tono rojizo. Al voltearse hacia su gente, todos notaron que el hocico de Giza se encontraba totalmente manchado de la sangre de su lacayo, pero no profirieron palabra alguna, ni siquiera una mirada amenazante o asustada.

Inmediatamente el lobo alfa se colocó entre la cebra y sus subordinados, paseándose alrededor de ella lentamente, mientras les gruñía amenazadoramente. Al detenerse, nuevamente, no se oyó palabra alguna por parte de sus seguidores. Ni un murmullo, ni un lamento por causa del camarada que yacía en el suelo. Nada.

Solo en ese momento la cebra cayó en la cuenta de que aquel era un clan muy diferente al suyo, y no solo en lo superficial. No podía siquiera concebir la idea de que Felshak del Trueno atacara así a uno de sus semejantes, o que uno de sus subordinados se revelara contra él.

—Tú. -Llamó. Shisui le devolvió la mirada.- Sígueme.

El ambiente estaba teñido de un silencio perturbador que nada era capaz de romper. El lobo gigante se puso en camino mientras sus vasallos le seguían a una distancia considerable. Shisui les observó perpleja mientras algunos caminaban a paso lento a su lado.

Algunos, aún doloridos por el combate anterior con la cebra, apenas rengueaban con sus heridos cuerpos. Esperaba alguna mirada de odio por su parte a causa de ello, pero sus rostros aparentaban ser imperturbables.

De repente el grupo se detuvo abruptamente, y la doctora volvió su mirada hacia el líder de la manada, que la observaba impaciente. No deseando exasperar al líder y sin conocimiento de sus costumbres, trotó rápidamente hasta posicionarse a su lado, por delante de los demás.


Ya eran altas horas de la noche cuando la manada alcanzó su destino. Un amplio espacio bajo un techo de ramas pobladas de hojas verdes y cubierto por maleza, que al parecer no tenía idea de que el invierno había llegado, se extendía en una dimensión que superaba con creces a su antiguo pueblo.

Se encontraba tenuemente iluminado por los rayos de la luna que se colaban por las nubes grises, aunque podían verse pequeñas fogatas extintas por todo el lugar. Aún con la inmensa tormenta que arreciaba en el exterior, de aquel lugar nada parecía verse afectado más allá de su temperatura.

En el centro de aquel espacio, en un inmenso árbol que aparentaba ser el soporte del gran manto de hojas que actuaba de protección, se veía un enorme hueco en el interior. Mientras la cebra iba avanzando, podía ver que las bestias que iban detrás de ella se iban dispersando y tomando lugar en distintos puntos donde se enrollaban en sí mismos, disponiéndose a dormir.

Para cuando Giza había llegado al hueco de aquel árbol, que de seguro era donde dormía, Shisui se preguntó si debía seguirlo al interior o buscar refugio en algún espacio de aquel manto de hierbas, tal y como los demás. Sus ideas se vieron desordenadas cuando el lobo habló una vez más.

—Entra. -Ordenó con una voz gruesa.

La cebra dudó un instante antes de acatar la orden. No era capaz de pensar siquiera en protestar mientras ingresaba en aquel hueco que parecía ser más grande por dentro que por fuera. Aquel lobo se recostó en el centro, mientras la miraba de una forma que la doctora no era capaz de descifrar.

—¿Cómo dices que te llamas?

—Shisui del Sol. -Respondió rápidamente.

—¿Cómo supiste de este lugar?

—Oí rumores sobre ustedes, y sus habilidades. Es todo.

—¿Por qué estás aquí?

—Porque deseo ampliar mis capacidades físicas y mentales.

—Dejaré que comiences otra vez, pero será la última. Tú decides si quieres salir viva de aquí. -Concluyó amenazadoramente.- Entonces, ¿Cuál es tu nombre?

—Shisui del Sol. -Respondió, tragando saliva.

—¿Cómo supiste de este lugar?

—Una amiga me contó de su existencia. Me dijo que eran demasiado peligrosos y que no debía meterme con ustedes. Pero también que sabían utilizar magia.

—Eso está mejor. ¿Por qué estás aquí?

—Porque quiero aprender esa magia. Es lo que más deseo.

—¿Y estás dispuesta a ofrecer el secreto de tu pueblo para satisfacer tus deseos? Suena bastante egoísta. -Concluyó, definiendo que la cebra no tenía pensado compartir tal información. Shisui no hizo objeción alguna.- Más al venir de un integrante del clan Vívuli.

—¿Conoce usted a mi clan?

—Conocí a Felshak, su líder. Fue hace muchas lunas, pero aún lo recuerdo. Vino a mi buscando ayuda para defender a su pueblo del ataque de los leones, que acosaban a su gente. Ofreciendo a cambio, el secreto de su clan.

—E-eso significa que-...

—Sí, fue gracias a nuestra ayuda que las cebras triunfaron sobre los leones. -Shisui no terminaba de procesar lo que Giza ahora le contaba. ¿Su jefe, Felshak, había revelado el secreto del clan? ¿Era acaso posible?

—¿Cómo es que-...? ¿Qué no sabía-...?

—Nadie en tu pueblo debía saberlo, esa era una de las condiciones que se establecieron durante nuestro acuerdo. Si Vizuri Shetani hubiera sabido que su líder vendió lo más preciado de su clan, aunque haya sido para salvarlo, lo habría condenado. Por eso los nuestros no combatieron directamente junto a ustedes, sino que se encargaron de la retaguardia en las fuerzas enemigas.

—Pero si es así, entonces eso significa que su poder...

—Así es. Nuestro poder, aunque no es el mismo, deriva directamente de Hekima. -Esclareció Giza. Shisui sintió el sudor en su frente más frío que nunca, al caer en la cuenta de que no tenía forma de negociar y, probablemente, tampoco de salir con vida.

—¿Qué va a hacer conmigo? -Cuestionó finalmente.

—Lo que mi gente más desea ahora mismo es despedazarte. Poder hundir sus colmillos en un mísero trozo de carne es lo que más gozo les daría ahora mismo. Pero, francamente, creo que sería un triste desperdicio. -La cebra levantó la mirada repentinamente, encontrando que el lobo alfa sonreía.- Tienes una gran habilidad para la batalla, Shisui. Redujiste con facilidad a mis exploradores, sin necesidad de matarlos. No hay criatura que lo haya logrado y viviera para contarlo. Es por eso que me gustaría ofrecerte un trato que puede beneficiarnos a ambos. -Hizo una pausa momentánea, esperando a ver si la cebra se negaba. No hubo respuesta.- Hace pocos días Kuruka, el clan de los canguros, invadió el territorio de Qarth. Por lo que sabemos, han atacado a dos de nuestras seis manadas principales, y no han quedado muchos supervivientes. De quienes consiguieron escapar, recabamos información sobre nuestro enemigo. Al parecer no poseen una habilidad especial, pero su número, fuerza física y velocidad los convierten en enemigos peligrosos, por lo que resulta difícil vencerlos incluso en un combate a larga distancia. Pero... si hubiera una cebra de nuestro lado, capaz de hacer uso del elemento tierra y a larga distancia, las cosas serían diferentes. ¿No lo crees?

—¿Quiere que le ayude a acabar con el clan de los canguros?

—Y a cambio, personalmente te instruiré en la manipulación de "Akili Kudhibitiwa", nuestra técnica original. ¿Aceptas, zakora?

—¿Zakora? -Inquirió, extrañada.

—Es como llamábamos a las guerreras del clan Vívuli, al momento del ataque. Así como llamábamos a sus guerreros "shujaa". -Explicó. La cebra permaneció pensativa durante varios instantes, pensando en las implicaciones que conllevaría el tomar aquella decisión.- ¿Y bien?

—Acepto. -Dijo al dirigirle la mirada nuevamente, con determinación.


En el presente...

Ya era mediodía en el hospital cuando la joven pegaso de crin arcoíris había partido rumbo al hogar de la veterinaria. Fue entonces que Gilda y Trixie quedaron solas una vez más, con la última narrando "interesantes" anécdotas de sus viajes pasados que la grifo oía con "excesivo" interés.

—Y esa fue la última vez que un minotauro buscó problemas con la gran y poderosa Trixie. El pobre de seguro no pudo sentarse por semanas. -Concluyó con orgullo.

—Déjame ver si entendí: ¿Golpeaste a tu estilista solo porque te dijo que la capa no hacía juego con tus ojos? -Inquirió Gilda, incrédula.

—¡Claro que sí! ¡¿Cómo se atrevió a faltarle el respeto así a la gran y poderosa Trixie?! ¡Estuve eligiendo el diseño durante meses! Además, no puedes decir que esa preciosidad no combina con mi genialidad.

—Seguro... -Respondió, con desgano.

—Gil, ¿Te sucede algo?

—¿Por qué?

—Bueno, desde que desperté, pareces... bueno, parece que estás en otra sintonía.

—Solo estoy cansada, es todo. Tus ronquidos no me dejaron pegar un ojo en toda la noche.

—¡Oye! ¡¿A qué te refieres?! ¡Yo no ronco!

—Claro que si, roncas como una hydra vieja.

—Repítelo una vez más, gatita, ¡Y enfrentarás la ira de la mayor hechicera de todos los tiempos!

—Calma, solo quería fastidiarte. -Le sonrió.- Solo necesito descansar. ¿Tú no iras a trabajar hoy? La princesita de seguro no puede encontrar un solo libro si tú no estás ahí.

—¡Bah! Ella y la lagartija pueden arreglárselas sin mi... pero no estoy segura de que tú puedas arreglártelas sin mí.

—Tranquila, no me moveré de aquí. Y si acaso necesito algo, una enfermera se ocupará. No necesitas quedarte aquí todo el tiempo.

—Cierto, no lo necesito... -Concluyó, incorporándose del asiento pero no dirigiéndose a la puerta, sino a la cama de la grifo donde subió para acomodarse a su lado, abrazándola de costado.- Lo hago porque así lo quiero. -Susurró con cariño.

—Eres toda una molestia. -Respondió, con resignación.

De un momento a otro, ingresó en la habitación una alicornio de manto blanco, quien con serio semblante se acercó lentamente al lecho de la grifo.

—¿Princesa Celestia? -Dijeron las dos al unísono.

—Buenas tardes señorita Trixie, señorita Gilda. Espero no haberlas importunado. -Se disculpó ella.

Las dos espectadoras aún no habían caído en la cuenta de quien se encontraba frente a ellas, cuando Trixie se percató de la posición en que se encontraba.

—Eh... solo estaba acompañándola, dijo que tenía frío. -Se excusó.

—No es cier-...

—¿Qué la trae por aquí, Princesa Celestia? -Cuestionó al bajarse, fingiendo demencia.

—Lamento importunarlas, señorita Trixie Lulamoon, pero hay un asunto de extrema importancia que debo discutir con la señorita Gilda.

—¿Asunto de extrema importancia? -Cuestionó extrañada, para luego mirar a la grifo a sus espaldas, quien asintió.- De acuerdo... iré a buscar algo de comer a la cafetería. No me tardo. -Se despidió, cerrando la puerta de la habitación tras de sí. Sus pasos pronto se alejaron por el pasillo, haciéndose notar por sobre el incómodo silencio de aquella habitación.

—Es una chica agradable.

—Lo es. Y bien... princesa, ¿Qué la trae por este vecindario? A mi humilde hogar transitorio...

—Una vez más le pido disculpas por importunarla de esta forma, señorita Gilda, pero el problema que tenemos en nuestros cascos me obliga a actuar fuera del protocolo establecido.

—No estaría aquí si no fuera así, ¿Verdad? ¿Cuál es el problema?

—Se que le guarda un gran rencor al unicornio nombrado Blast Fire, joven Gilda, pero la situación actual no amerita una discusión o pelea respecto a ello, sino la unión de nuestros esfuerzos. Sabe a qué me refiero, ¿No es así?

—El ataque a las cebras de Upendo. Si, Dash me lo ha contado todo. También me había dicho que no podía hablar de esto ni con Trixie, ni con nadie.

—Lo sé. Yo misma le pedí que se lo contara, y que le hiciera prometer que no lo hablaría con nadie más.

—¿Por qué?

—Usted resultó gravemente afectada por causa de esta situación. Tenía todo el derecho a saber lo que estaba sucediendo. Pero, si los ponis se enteraran de que un hecho así aconteció en el territorio de Upendo, y que los grifos fueron responsables, las cosas podrían complicarse aquí en Equestria. La desconfianza crecería en el corazón de nuestros súbditos, alejando a aquellos a quienes al día de hoy consideran sus amigos y compañeros y, en algunos casos, parejas, dando por seguro que un ataque similar podría ser maquinado aquí por su causa. -Concluyó. Gilda permaneció pensativa por unos momentos, analizando la situación, antes de hablar de nueva cuenta.

—Aún no me ha dicho por qué está aquí...

—Estoy aquí porque necesito un favor de su parte... -Reveló, iluminando su cuerno al tiempo que una imagen holográfica se formaba justo frente a la grifo, de una criatura de su misma especie con sus alas extendidas en pleno salto al ataque. Sorprendida por el realismo de aquella escena, se retiró contra el respaldo de la cama.

—¿Q-qué es esto?

—Es una pequeña captura de un recuerdo. Cientos de grifos como este atacaron los territorios de las cebras, y todos lucían exactamente las mismas inscripciones en el borde de sus alas. Lo había consultado con alguien de mi confianza para estos casos, pero la misma no reconocía estos símbolos. Imaginó que se trataba de una lengua muerta. Gilda, ¿Comprendes estos escritos?

—Algo-... un poco...

—¿En verdad?

—Sí, verá... es latín antiguo, la lengua madre del continente Amani. Era una materia obligatoria en la primaria a la que iba, pero... para ser sincera, no prestaba mucha atención.

—Entiendo. ¿Crees al menos poder traducir estas palabras para tener una idea de su significado? -Cuestionó la princesa del sol con serenidad.

—Puedo intentarlo... -Dijo la grifo, con cierta duda.- Veamos... "Vitam", "Tenebrarum", "Mortem", "Lucem", "Reditum". Um...

—¿Y bien?

—Estoy intentándolo. Apenas si recuerdo algunas palabras, pero si las uno adecuadamente, sería algo así como: "El resplandor que cubre el mundo. El que destruye la oscuridad de la muerte, el que devuelve la luz de la vida".

Resplandor que cubre el mundo... Oscuridad de la muerte... Luz de la vida... ¿A qué se refiere? -Pensaba la princesa.

—¿Qué significa esto?

—Aún no lo sé, ¿Es todo lo que dice? -Cuestionó la princesa nuevamente.

—En realidad... esa sería la lectura del ala derecha. -Celestia se sorprendió.

—¿Y qué dice la izquierda?

—Uh... es un poco más complicado, lo único que alcanzo a comprender es: "hijos... clan... viento..."-... -Traducía, apenas cayendo en la cuenta de las palabras que acababa de proferir.

—¿Qué ha sido lo último?

—Si no me equivoco, se traduciría como "clan del viento". Espere, ¿Esto-... es-... este es... un hijo del clan del viento? ¿De el clan del viento?

—Creo que ahora podríamos asumirlo. -Dijo, para luego suspirar profundamente.- El clan del viento... he oído hablar de él.

—No me extrañaría, después de todo sus crímenes fueron conocidos en todo el continente. Pero... es imposible, el clan del viento fue eliminado hace ya veinte años. -Dijo para sí misma la grifo.

—¿Qué sabes sobre ellos, joven Gilda?

—Sé que son-... o eran... un clan formado por grifos despiadados, desertores de nuestro imperio. Durante la década oscura, secuestraron a grifos de toda la región norte de Amani, y nunca se volvió a saber de ellos. Unos dicen que los devoraron, otros que los vendieron como esclavos, y hay también quienes dicen que fueron simplemente ejecutados, y que ahora sus cuerpos descansan en fosas comunes en algún lugar de Balthosna. Todo esto lo hicieron bajo el mandato de su líder, un grifo a quien le faltaba su brazo derecho, llamado Kirth, que un tiempo después dirigió su ejército de rebeldes a un golpe de estado. Nuestro anterior emperador, Asrah, se enfrentó a ese criminal a garra limpia, obteniendo la victoria en la batalla. Una vez su líder fue eliminado, fue fácil para la guardia imperial acabar con los desertores que restaban, dando fin al periodo de tormento que el pueblo de Balthosna sufrió bajo el clan del viento. Es todo lo que se... pero esto...

—Al parecer no todos los miembros del clan fueron eliminados, o quizá... alguien intenta continuar su legado. ¿Sabes cuáles eran sus objetivos?

—No, al día de hoy-... espere, si, había oído algo sobre ello cuando vivía allí. Creo que decían querer... "devolvernos la vida". -Concluyó Gilda con seriedad. El rostro de Celestia no disimulaba su sorpresa al sentir aquellas palabras resonar en su mente, provenientes de los recuerdos del día anterior.

Gran Kirth, devuélvenos la vida... -Recordaba las palabras que aquel grifo había proferido, antes de morir.-Somos la nueva luz de este mundo... consumido por la oscuridad. Lo libraremos de las cadenas de muerte y dolor que lo envuelven y, finalmente, le devolveremos la vida...

—Cielo santo... -Susurró con preocupación.


Un gran navío de una inmensa y trabajada estructura de tonos grises viajaba a través de las oscuras aguas del océano, con el sol ya alto en el cielo. Sobre el extremo de la proa del mismo una joven grifo de pelaje blanco y ojos azules descansaba bajo los rayos solares, pensativa, al tiempo que sentía la fresca brizna marina acariciar su rostro.

—Oye Céfiro, ya van a servir el almuerzo, ¿No vienes? -Cuestionó un joven a sus espaldas.

—Iré en un momento. -Dijo sin voltearse.

—¿Estás bien?

—Sí. -Respondió secamente.

Icario se mostró extrañado ante su forma de responder, pero lejos de hacer lo que su líder le había solicitado, se acercó al borde del barco, y se sentó a su lado dejando caer sus patas fuera del borde.

—Te dije que iría en un momento. Si necesito algo de ti, te avisaré.

—Nunca lo dirías. -Respondió como si de algo obvio se tratase.- Has estado aquí toda la mañana, ¿Sucede algo?

—No es nada, solo... he estado pensando.

—¿En qué?

—En nada que te interese.

—Si no me dices el qué, no puedo ayudarte.

—No he pedido tu ayuda.

—Pero la necesitas...

La grifo observó a su subordinado con cierta exasperación, al cual aumentó al notar la jocosa expresión que le devolvía junto con su respuesta.

—Tienes muchos deseos de que te arroje por la proa, ¿No es así? -Cuestionó, con cierto cansancio.

—¿Vas a decirme que sucede? -Preguntó una vez más, esta vez con un tono suave y comprensivo. Céfiro le devolvió una mirada triste, antes de dirigirla nuevamente al horizonte.

—Estaba pensando en mis padres.

—Oh... uh, disculpa si-...

—No hay nada que disculpar. -Dijo despreocupadamente.- Solo... uh, olvídalo. Ni siquiera sé porque te hablo de esto.

—Por favor, continúa. -Pidió, sorprendiendo a la líder, que no se atrevió a cruzar su mirada con la suya una vez más.

—Solo pensaba que... que no tuve oportunidad de despedirme de ninguno de ellos. -Icario, absteniéndose de responder alguna otra tontería, observaba atentamente las facciones de aquella grifo, que parecía haberse ausentado de aquel lugar, dejando tras de sí una triste expresión.- Mi madre murió cuando yo era una cachorra. Tenía una grave enfermedad, que se cobró su vida siendo ella muy joven. Una enfermedad hereditaria...

—Espera, entonces...

—Si... yo también estoy enferma. -El joven la observó con gran preocupación, al haber reconocido la causa del estado de su líder.- Aunque todavía no se ha manifestado. En mi madre lo hizo cuando tenía treinta.

—Lo siento mucho...

—Es irónico, ¿Sabes? El único recuerdo que tengo de ella es una enfermedad que en algunos años consumirá mi cuerpo hasta la muerte. -Concluyó, riendo para sí misma por causa de su infortunio.- Decir que aquella no es una de las razones por las cuales formé parte de esto sería hipócrita de mi parte. Pero comienzas a ver la vida desde otra perspectiva cuando tienes a la muerte tocando a tu puerta.

—Todos tenemos nuestros propios motivos para estar aquí Céfiro, eso no debería molestarte. En mi caso tengo una deuda con el señor Rufus que quizá nunca lograré saldar en lo que queda de mi existencia, y Nyu... bueno, el tenía una gran amistad con tu padre, y seguramente sintió que debía ayudarle de alguna forma. Es una pena que no haya encajado con el perfil para el proyecto "Pilar", Nyu seguramente hubiera sido el mejor elemento de nuestro ejército.

—El "Señor Montaña" no es muy estable que digamos, lo sabes. Quizá tenga un buen físico, pero si le faltan tejas en la azotea es de por sí difícil que puedan darle luz verde para algo así.

—¿Y qué me dices de mi? Di todos los exámenes psicológicos perfectamente...

—Pero te faltó resistencia física para aprobar. -Lo corrigió ella.

—No me lo recuerdes. -Se deprimió.

—Lo único que tienes a tu favor es un hábil e ingenioso cerebro. Pero no te deprimas, no es poca cosa.

—Ya te he dicho que dejaras de coquetear con mi cerebro. En serio, es bastante incómodo. -Dijo resignado. Céfiro rió una vez más por su causa y devolvió la mirada al horizonte, esta vez con una sonrisa en su rostro.- Y... ¿Qué tal lo llevas?

—¿El qué?

—Tú sabes... -Retrucó, señalando una pequeña zona de su brazo ausente de plumas, con una coloración negra. Instintivamente la grifo uso la garra contraria para desparramar las plumas alrededor de aquel lugar, de forma que quedara cubierto por ellas.

—No es nada, ya han pasado tres años y tan solo he perdido algunas plumas. Nada para preocuparse.

—Solo espero que haya valido la pena. -Decía él. En ese momento, la grifo de plumas blancas cerró su puño fuertemente al tiempo que el mismo se rodeaba de flamas verdes, las cuales se desvanecieron cuando la misma lo abrió de nueva cuenta.

—Ahora mismo, nadie aparte de los hermanos del fuego se compara con mi poder. Claro que valió la pena, porque este poder no solo ayudará a completar Vitanova, sino que también me permitirá tomar la venganza con la que tanto he soñado. -Declaró ella, remarcando un rostro que no se esforzaba en ocultar la ira que invadía de la misma manera su corazón.

Icario se mostró preocupado cuando la grifo resaltó esto último, pues en las últimas semanas tal objetivo había cambiado enormemente la actitud y comportamiento de su líder.

Ya no se mostraba tan alegre como antaño, e incluso había dejado de almorzar y cenar con sus compañeros. Aparte de meditar gran parte del tiempo, en las tardes entrenaba sus habilidades en combate cuerpo a cuerpo hasta el punto en que caía rendida. Y en las noches, Icario podía jurar que la oía sollozar. Esto le dolía en el alma, sintiendo impotencia por ser incapaz de ayudarla.

—Sea cual sea el camino que elijas, Nyu y yo te seguiremos hasta el final. Lo sabes, ¿Verdad?

—¿A qué viene eso ahora?

—Me refiero a que... puede que las cosas se compliquen a medida que nos vayamos acercando a nuestro objetivo. Deberás tomar decisiones difíciles, como ahora...

—¿En serio? ¿Cuál?

—Destruir al objetivo prioritario. -Céfiro lo observó con un rostro que se deformaba entre la furia y la tristeza, al oír las palabras de su compañero.

—Ya hemos hablado de eso...

—Lo sé, pero solo quiero que entiendas algo. Yo también siento un gran odio contra él, y nada en el mundo me daría tanta paz como aniquilarlo. Pero también es cierto que si no logramos completar la extracción desde las cebras, ese unicornio... será la clave de este proyecto.

—Entonces crucemos las garras para que los científicos del sector 13 lo consigan, porque dentro de poco tendrán que prescindir de él.

—¿Y qué sucederá después, Céfiro? ¿Qué sucederá una vez que lo eliminemos? Sabes que si el señor Kirth descubre que fuimos nosotros quienes lo mataron, nos tomarán como desertores, y seremos ejecutados por causa de ello.

—¿Y crees que haría esto si algo como ello pudiese pasar?

—¿Qué?

—A decir verdad, no tengo deseos de morir todavía, y mucho menos quisiera perder a Nyu ni a ti. Después de todo... son mi familia, son todo lo que tengo en este mundo.

—Eso no cambia que-... espera, ¿Acaso estás-...?

—Sí, es exactamente lo que quiero hacer. -Reveló, con una sonrisa de confianza, a la cual el joven respondió con una mueca de sorpresa.

—Aún así... sigue siendo un plan bastante peligroso.

—Pero si lo conseguimos, lograremos nuestra venganza. -Explicó finalmente, aunque el joven no se mostraba realmente convencido de tal plan, lo que hizo decaer su ánimo al entender que quizá su querido compañero no querría llegar tan lejos por ella.- Dijiste que me seguirías hasta el final, pero entenderé si no deseas hacerlo. Aún estas a tiempo de retractarte de esas palabras.

En ese instante, su compañero tomó su garra con la suya, algo que sobresaltó a la grifo, quien observó al soldado cabizbaja con sorpresa.

—Céfiro... Kida... hace dos meses te hice una promesa, y sin importar lo que suceda, sin importar el camino que nos depare, nunca te abandonaré. Aún si es a costa de mi propia vida, seguiré a tu lado hasta el final. -Concluyó, estando realmente próximo a ella, algo que la incomodó aún más.

—A-aún no te has ganado el derecho para acercarte así, Demian. -Habló ella, intentando disimular el hecho de que su respiración se había acelerado en esos últimos segundos.

—Lo sé. -Fue lo último que respondió, antes de besarla. Un beso sin mucha ceremonia, pero en el cual la grifo se dejó llevar por breves momentos, intentando olvidar todo a su alrededor. Aquel joven que conocía desde su nacimiento, con quien había compartido gran parte de su infancia, ahora la besaba por primera vez. Aquel fue el primer momento de felicidad que había gozado en las últimas semanas.

—Estás loco... -Dijo al apartarse, con una amplia sonrisa.

—Eres tú quien lo provoca. -Correspondió él. Al cabo de unos segundos en silencio, la grifo finalmente se incorporó de aquel lugar en el que había pasado toda la mañana.

—¿Sabes qué? Creo que tengo un poco de hambre. -Dijo finalmente.

—Bueno... tenemos un estupendo guisado preparado por nuestro chef estrella, si estas interesada...

—Excelente. -Aceptó. Desviaron sus miradas cuando vieron tierra a lo lejos. Su destino estaba cerca, y no faltaba mucho para alcanzarlo.

—Arribaremos dentro de poco. -Advirtió Demian, con seriedad.

—Equestria... -Susurró Kida.

—Tenemos cinco objetivos prioritarios aquí, ¿Verdad?

—Así es. Aunque la mayoría son ponis, asique no tendremos problema. No nos llevará mucho tiempo.

—Pareces ansiosa. -Sonrió el grifo.

—Como tu dijiste... no falta mucho para que todo esto acabe, y no tengo intenciones de morir. No hasta que encuentre a ese bastardo, y salde cuentas con él. -Prometió, cerrando fuertemente su puño derecho.


UNA SOMBRA SE CIERNE SOBRE EL PACÍFICO REINO...

¡He vuelto! ¡Y nuevamente no actualicé tan pronto como debía! ¡Disculpen!

Y aquí está finalmente, la continuación de esta gran aventura. Espero les haya gustado, y que los haya dejado con ganas de más.

Las variantes del encuentro de Blast y Shisui fueron muchas, pero la presente fue la que me terminó convenciendo. Convengamos que son dos viejos "amigos" que se encuentran después de 12 años, ¿Cuántas cosas pueden tener para decirse? ¿Cómo sabrán encarar esta situación? Encontré que dejar todo esto en un solo capítulo era completamente innecesario, asique van a ver más de estos dos en las próximas entregas.

Así como Blast, siendo un unicornio, obtuvo el "Asili Hekima" de las cebras, Zecora aprendió las habilidades mágicas de "Akili Kudhibitiwa" por parte de los lobos. ¿Cómo creen que creaba las ilusiones de Nightmare Moon? ¿O cómo, siquiera, era capaz de llenar una taza de té con el solo movimiento de su casco? Bueno, esta es mi respuesta a tal interrogante.

Dicho esto, espero con ansias sus reviews. ¡Hasta la vista, y gracias por leer!