Romano miró desde su hotel las calles de ese lugar, cierta localidad española de la que ahora no quería ni acordarse del nombre. Para la gente, eso era una tradición, Romano prefería llamarlo homicidio a seres inocentes que no habían hecho nada a nadie que por simple gusto y diversión de la cultura española eran aplastados tras risas y despreocupación. ¿Fiestas del patrón? Y una leche. Eso era una escusa para poder cometer esas locuras sin luego tener remordimientos.

Estúpidas fiestas españolas del maldito bastardo que seguramente estaría ahí abajo para divertirse…

Desde primera hora de la mañana, las calles de ese sitio empezaban a llenarse. No solo había españoles, también alemanes quemados, italianos, algo que le rompía el corazón al ver como su gente animaba al resto de salvajes del mundo…y por supuesto, ingleses… borrachos. Romano no entendía porque todos los ingleses que venían de fiesta a España se emborrachaban, será que en ese islote frio no hay bares… Total, desde que las primeras personas se hacían sitio en esa plaza para que a la hora justa sonase la carraca que daría comienzo a una de las fiestas más divertidas del verano, Romano se puso alerta. Había pensado llevarse cualquier arma de largo alcance para disparar desde su habitación al que se atreviera a tocar esos preciosos tesoros vivos que él tanto valoraba.

Ya fue a ese mismo lugar el año pasado y su corazón se rompió en mil pedazos al ver que la gente se divertía cubriendo las calles de rojo y risas bacanales.

Pero este año, sería distinto. Él sería la voz de los que no pueden hablar ni defenderse.

Romano preparó numerosas pancartas y las colgó por algunos lugares cercanos a la plaza dónde esa acción, que debería ser catalogada como atrocidad, tendría lugar. Algunos le llamaban aguafiestas, pero no le importaba. Él, en su interior, sabía que lo que estaba haciendo era lo correcto.

Al final, esa plaza se llenó a rebosar. Realmente en ese lugar es costumbre estar bebiendo hasta altas horas de la madrugada. A las 10 comenzó el paso previo a esa fiesta, el "palo jabón". Romano no pudo soportar parar de reir del ridículo que esos idiotas españoles estaban haciendo. Había cadenas de televisión y multitud de curiosos. Romano sabía que ese espectáculo duraba una hora, pero era una hora tormentosa. Sonó la primera carraca, y todo el mundo empezó a correr hacia ellos, hacia esos amores vivos que mancharían de rojo la conciencia de esas personas y que le romperían el corazón a Romano al verlos tirados en el suelo, pisoteados y aplastados: los tomates.

En efecto, había comenzado la Tomatina.

Neeee me vino al insipiracion porque este verano, para ir la playa pase por Buñol, la localidad donde se hace la Tomatina, que es una pelea de tomates. Imagine que al pobre Lovi le daría un ataque al corazón al ver que los bastardos españoles nos divertimos lanzándonos tomates los unos a los otros. Aunque nunca he estado siempre he soñado con ir. Habia pensado en incluir a Toni pero era obvio que solo le insultaría y le pegaria un cabezazo. Por cierto muchas gracias por toooodos los comentarios que me habeis dejado en mi anterior y primer fic jeje os lo agradezo, me animais a seguir con historias!