La oscura figura se posó en el centro de la sala. Como siempre, estaba en completo silencio y su respiración era lenta. Así había hecho durante los últimos años y ya estaba perdiendo las esperanzas. La oscuridad era muy tranquila y silenciosa, lo mejor para relajarse. Estando tan tranquilo y feliz ahí, ¿Por qué iba a buscar esa luz que necesitaba? Ah, era por Matthew, él le necesitaba y aunque no estuviera ahora, su esencia nunca faltaba. No le quedaba otra.

¿Pero quién sería capaz de amarle y darle la luz que tan injustamente le fue arrebatada? No es que fuera un apuesto conde joven, rubio, de ojos azules… no. Bueno, sí que tenía ojos azules pero no eran bonitos. Eran fríos y desalmados. Su pelo era de un negro azabache más oscuro que la Nada. Eso podría pasar, pero dos grandes cuernos y una cola endemoniados que salían de su cabeza y de su espalda, respectivamente no. Sí, era un demonio, un demonio sumergido en la oscuridad que buscaba la luz. Pero nadie podría dársela a un ser así y cada vez estaba más impaciente.

La oscuridad le consumía más a él y a su hermano y por mucho que querían evitarlo sabía que solo podría ser salvado por una persona de buen corazón que tuviera un atisbo de esperanza en su ser. ¿Quién podría ser esa persona?