Un clavo no saca otro clavo, sólo lo entierra mas

Un clavo no saca otro clavo, sólo lo entierra más

El muro se desquebraja y el clavo nuevo queda chueco y flácido, Y no cambia el hecho de que debajo él, profundamente enterrado en la piedra, sigue el clavo viejo

Antes de ser removido, el clavo viejo se debe dejar oxidar; se debe tener la fuerza y la voluntad para extraerlo con la propia mano y de un solo tirón. Puede que el acto sea doloroso, que el corroído metal rasguñe la carne y esta rompa a sangrar, pero ¿dejaras ese estorbo ahí? ¡Ni un solo minuto más!

Pero una vez fuera del muro, queda el hueco vacío de donde solía reposar, ¡qué mal luce ese enorme agujero en la habitación!

Esta solía ser una integra y lisa pared, y ahora no hay mueble que esconda esa imperfección en el tapiz, ¿cómo no previste que ocurriría esto? sabías que una vez que penetrara en la roca no habría vuelta atrás, y aún así empuñaste la herramienta que lo incrustó en tu pecho, ¡Maldigo con todas mis fuerzas a ese estúpido martillo! ¿Cómo habrás de reparar el daño? ¿Cómo vas a llenar el vacío?

No tiene caso intentar reemplazar el oxidado clavo con uno más chico que no llenará el espacio, con uno más corto que no embonará bien, con uno más grande que no entrará, y mucho menos con uno torcido que habrá lucir aún peor el panorama y seguramente pronto ha de caer.

Habría que buscar un nuevo clavo, uno de mejor calidad que el antiguo que tanta aflicción ha dejado, uno que llene el espacio que le ha quedado destinado justo a la perfección

¡Pero qué difícil es hallarlo! No pensé que tales medidas fuesen tan peculiares y poco usuales, ¡Cuántas veces no me han querido vender por plata el aluminio y por diamante el cristal común!