FIC STELENA: ONCE UPON

A TIME

1ª Parte: DESPEDIDA

La princesa se encontraba en la torre, encerrada y muerta de miedo mientras el dragón acechaba incansable alrededor impidiéndole escapar. La bella y joven princesita suplicaba por un milagro que la salvase y como si los dioses la oyeran, el príncipe Stefan apareció dispuesto a salvarla. Llegó cabalgando en su blanco corcel y desenvainó su espada con ademán de luchar contra el malvado dragón. El príncipe gritó para que el dragón se fijase en él pero en vez de eso, la bestia pasó de él como si no representase ninguna importancia su presencia. Entonces, cogiendo gran impulso, el príncipe le clavó la espada en la cola, esto enfadó al monstruo que abrió la boca y de sus fauces salió una inmensa llamarada, Stefan la esquivó por poco y volvió a la carga, esta vez, cuando el dragón abrió la boca, el príncipe aprovechó para clavarle la espada y atravesarle con ella hasta la parte superior de la cabeza. El dragón calló, inerte, sin vida. Entonces la princesa Elena pudo bajar de su torre y encontrarse con su amado príncipe, este la subió al caballo y juntos volvieron al castillo. Poco tiempo después el príncipe Stefan y la princesa Elena se casaron y vivieron felices para siempre. FIN

Cerraron el cuento una vez lo terminaron. Elena y Stefan eran grandes amigos que se conocían desde el día en que nacieron…el cual resultó ser el mismo día, los padres de ambos se llevaban fatal pero a falta de espacio en el hospital de su pueblo, los metieron a ambos en la misma cuna y después de eso no hubo alma que pudiese separarlos. Hoy, 8 años después de nacer, ambos niños seguían siendo inseparables. A ambos les encantaba leer cuentos de princesas y príncipes. A Elena porque le gustaba sentirse como una dama en apuros a la cual rescatan de las manos de los malvados y a Stefan porque le gustaba sentirse como un poderoso caballero capaz de matar hasta al más poderoso enemigo. Por eso, cada vez que ambos abrían un cuento, cambiaban los nombres de los protagonistas por los suyos propios y así sentirse parte de la historia.

Ambos se encuentran en un parque, sentados sobre una manta de picnic y una cestita con la merienda que la madre de Elena les ha preparado. En verdad parecen una parejita encantadora. Elena es una niña menuda, morenita con una sonrisa bellísima y unos ojos chocolate que te llegaban al alma con una mirada profunda e inocente propia de una niña de su edad. Stefan en cambio tiene un pelo castaño claro, revuelto la mayoría de las veces pero dándole un toque rebelde perfecto, sus ojos verdes tenían una mirada que te atravesaba y te conquistaba aun a su temprana edad.

Se quedaron callados un rato contemplando el lago que tenían en frente y tomándose los deliciosos sándwiches. En ese momento sin previo aviso, Stefan se levantó rápido y se puso delante de ella cogiendo un balón que iba directo a la cabeza de la pequeña. Elena susurró un ''Gracias'' lleno de admiración ya que en su interior, Elena veía a Stefan como su príncipe y que la hubiese salvado de esa pelota solo acrecentaba su admiración y enamoramiento por él. A Stefan también le gustaba Elena, era la única niña de su cole que compartía su afición por la lectura y la única que no le había pedido salir. Stefan no entendía porque esas niñas lo hacían, se supone que esas cosas son para los chicos mayores del instituto y no para niños de 3º de primaria, ''que daño os hacen las películas románticas'' decía su padre y que razón tiene, pensó.

Empezó a anochecer y el padre de Elena los recogió para llevarlos a su casa. Era costumbre que una o dos veces a la semana Stefan se quedara a dormir puesto que su padre estaba todo el rato fuera trabajando y su hermano desde que había entrado al instituto, tampoco se le veía mucho. Tomaron unos espaguetis con tomate y salchichas y se fueron a la cama.

Antes de apagar decidieron buscar un libro para leer mañana y… ¡sorpresa! Ya se habían leído todos los libros de Elena, así que mañana no les quedaría más remedio que ir a la biblioteca a conseguir nuevos relatos fantásticos.

Es primera hora de la mañana y Stefan y Elena han conseguido, no sin el consecuente cabreo de sus padres por el madrugón su único día libre, ir a la biblioteca municipal. Era un hermoso y antiguo edificio de la época de los fundadores, lleno de laberintos de libros en los cuales era facílisomo perderse. Gracias a dios, la bibliotecaria, Abby, había puesto todo tipo de indicaciones para evitar pérdidas ya que, según los rumores, un hombre se perdió entre las estanterías y nunca más se volvió a saber de él. Fueron a la zona de cuentos infantiles y empezaron a husmear buscando nuevas historias que vivir.

A eso que un hombre de aspecto mayor los llama y ellos aunque un poco desconfiados avanzan hacia él. El hombre les dice que si buscan historias emocionantes que leer y ellos le responden con una enérgica afirmativa que se llava un 'SHHHHHHH' por parte de Abby. Entonces él, sigiloso, les entrega a los niños un libro gordo de aspecto desgastado y viejo que reza ''MYSTIC FALLS'' los niños miran extrañados el libro con el nombre de su pueblo y el hombre les explica que la historia que este libro relata se basa en una etapa oscura que tuvo lugar 150 años después de la fundación del pueblo ''un libro donde la realidad es sueño y el sueño es realidad'' les dice. Los niños preguntan si hay damiselas en apuros y caballeros que las salven y el hombre les dice que sí, lo que provoca el entusiasmo de ambos. Cuando se van a ir el hombre los llama y les dice que para leer ese libro tienen que cumplir una condición, los niños preguntan cuál y el anciano responde que deben esperar a los 17 como mínimo para abrirlo. Los niños se miran extrañados pero prometen esperar y después de darle las gracias al extraño señor vuelven a casa y meten el libro bajo una tabla suelta del suelo de Elena para evitar tentaciones.

Ambos siguen con su rutina, yendo al cole, leyendo libros y afianzando su amistad hasta llegar al punto de que el pueblo les conocía como los pequeños Romeo y Julieta.

Un día, Elena llegó con la cara blanca y los ojos rojos de llorar; Stefan, preocupado le preguntó a la pequeña niña qué le pasaba y ella le dijo que debía marcharse del pueblo ya que a su mamá la habían trasladado a Nueva York para ascenderla y era una oportunidad que no podía rechazar. Ella le dijo que partirían en dos días y Stefan puso en marcha un plan para que Elena no se fuese triste. Convenció a todos sus amigos y a los padres de estos para que organizasen en el bar del pueblo una fiesta de despedida sorpresa. La fiesta fue a la arde siguiente, todo estaba lleno de globos, confeti, una gran tarta y una pancarta enooorme al fondo la cual habían decorado las niñas del cole. La cara de Elena fue sublime al ver la fiesta, los ojos se le llenaron de lágrimas y fue rápido a abrazar a Stefan por haberle dado un detalle tan bonito antes de irse. Le prometió que nunca perderían el contacto y que hablarían de todo y sería casi como si siguiesen juntos, ''una relación a distancia'' como lo llamamos nosotros. Al día iguiente temprano, Elena, su madre, su padre y su hermanito pequeño, Jeremy, terminaron de empacar las cosas y se metieron al coche dispuestos a ir hasta el aeropuerto que les llevaría a su nuevo hogar. Stefan llegó en el último momento con una rosa de papel celofán gritando que no saliesen todavía y que le esperasen. Elena salió corriendo hacia él y se abrazaron, intentando fusionarse en uno y así no tener que separarse jamás, pero sin resultado. Se apartaron levemente y Stefan le entregó esa rosa que con tanto esmero había hecho para ella. Elena la cogió sonrojándose y recordando una escena de una peli que había visto hace poco se acercó a él y juntó sus labios con los de Stefan, fue un beso corto y suave, típico de esos primeros besos de nuestra niñez donde no tienes mucha idea sobre lo que hacer pero aun así lo significa todo ese pequeño gesto. Se quedaron mirando fijamente hasta que por orden de Miranda Gilbert, su madre, Elena tuvo que regresar al coche. Sus miradas prácticamente no se separaron hasta que el coche tomó la esquina de la calle y Stefan se quedó solo, de pie, mirando a la nada y saliéndole lágrimas de sus ojos. Elena, su princesa, se había ido.