Este es un fic que vengo escribiendo desde hace mucho y todavía no lo termino pero ya llevo unos 6 capítulos así que mientras los público iré avanzando con la historia :3, Bueno como ya había puesto en la descripción es una versión de Dracula pero con los personajes de Hellsing, no cambia mucho salvo el hecho de que Alucard no muere, entre otras cosas como por ejemplo en la novela, Dracula estaba solo practicamente y en este fic tiene más aliados.

Los personajes quedan así:

Alucard: como él mismo (obviamente XD)

Integra: como van Helsing y Mina (llamándose Integra van Hellsing Murray)

Seras: como Lucy Westenra

Pip: Arthur Holmwood ( fue un trabajo terrible este personaje porque Holmwood tiene una actitud de caballero elegante inglés que el buen mercenario no posee -si no todo lo contrario- así que he decidido que conserve su personalidad pícara original).

Alexander: John Seward (aunque en este caso es colega y no discípulo de van Hellsing)

Jonathan Harker: como él mismo (había pensado que fuera Walter o Maxwell pero no me los imaginaba en dicho papel, no sé no me terminaba de agradar la idea, así que dije: bueno pues que se quede como está).

Heinkel, Yumie y Rip: como las novias de Alucard (con mayor participación).

Tubalcain y Zorin: como sirvientes gitanos de Alucard.

Schödringer: como un chico que vende periódicos, es el chico de los recados de Alucard y su pequeño espía.

Hans: como un detective particular de la reina que ayuda a Integra en su cacería y la mantiene al tanto de las órdenes de la reina.

Esta historia está narrada desde las perspectivas de Integra y de Alucard, aunque no en primera persona separados por una línea; tengo entendido que el nombre de Pip es abreviación de Philip (o por lo menos eso vi en un foro de Hellsing) así que lo llamé de esa manera, bueno creo que eso es todo por aclarar, espero que les guste esta historia. Los dejo para que lean.


Dracula vs. Hellsing

En ese momento una bella dama rubia empaca sus equipaje, dobla su ropa perfectamente acomodada en su maleta, y en un maletín de cuero negro empaca varios medicamentos y herramientas propias de un doctor. Se pone una gabardina gris, una bufanda roja y un sombrero negro que tiene un ala hacia arriba y otra hacia abajo. Mira su reloj antes de salir y en seguida abre la puerta.

Todavía tiene tiempo y la estación del tren no queda muy lejos así que decide ir caminando y disfrutar del frío aire húmedo típico del clima inglés. La doctora Integra van Hellsing Murray había sido llamada por el prometido de su gran amiga de la infancia, Seras Westenra, al parecer querían mantener la afección de la joven en secreto y por eso llamaron a un doctor de su entera confianza; quizás no querían que nadie supiera nada a tan poco tiempo de celebrarse la boda de lord Philip Holmwood y la futura lady Holmwood. Eso es lo que pensaba ella; le entristecía que su amiga estuviera enferma pero le alegraba saber que ahora podría ir a su boda, ya que le había dicho que no podría asistir debido a las clases que impartía en la escuela de medicina.


El señor Harker se había quedado en su castillo con sus novias para que no extrañaran su ausencia, como un regalo de parte suya; ellas encantadas bebían pequeños sorbos de él para no matarlo y lo alimentaban con frecuencia para que se mantuviera fuerte. Pero eso ya no importaba, él estaba en Londres, un país muy civilizado, se sorprendió cuando vio el fonógrafo, sin dudarlo compró uno de esos para su nueva casa. También frecuentaba las exhibiciones del cinematógrafo, le sorprendió ver como salían unos obreros de una fábrica, casi como si él estuviera ahí. —El ser humano es impresionante—. Pensaba.

Visitaba también los museos, la ópera y el teatro, compró algunas cosas que no necesitaba como una máquina de escribir, se la pasó jugando con ella escribiendo cosas ilegibles sólo para escuchar el "Tin" que hacía la maquina cuando el rodillo llegaba a su límite y lo tenía que recorrer. Era divertido, nunca había tenido una máquina como aquella. También leyó literatura inglesa, siendo Alicia En El País De Las Maravillas uno de sus favoritos, ´porque juraba que el escritor debía de estar muy perturbado para escribir tal cosa, además le gustaba la ironía que hacía de la reina con la reina de corazones. —Si yo fuera el rey lo habría empalado, aunque es muy ingenioso.

Su casa era grande aunque sólo tuviera dos pisos, no quería una casa que llamara la atención y la que le ofreció el señor Harker era excelente, la decoró elegantemente como solían estar arregladas las casas ricas; sabía que no tendría visitas y no quería tenerlas, pero ya que esperaba permanecer en Londres por un buen tiempo pensó que debería hacerlo como si fuera un humano normal y rico, y quería saber cómo era tener una casa llena de inventos modernos; se lo merecía además, él se merecía todo.

Que maravilloso era caminar otra vez entre los vivos, personas vivas que creían que los vampiros eran pura ficción, nadie temía de ellos como en el pasado, ahora los utilizaban como personajes de literatura de terror para los lectores que gustan de relatos de aquel tipo, no es real, pensaba la gente. Así le era más fácil acercarse a ellos y beber de su sangre. Nadie sospechaba de él cuando ocurrió lo del Demeter, pensaban que fue uno de los marineros que se volvió loco y mató a todos, o que fue un animal carnívoro que subió al barco sin que nadie se diera cuenta y los atacó.

Ilusos, pensaba él, pero así era mejor, que siguieran con su ignorancia y escepticismo. Tampoco nadie creía que él, o alguien de su especie, había atacado a la bella joven rubia que vagaba sonámbula cerca del puerto, ni siquiera porque tenía las dos marcas perfectas de colmillos impresas en su delicado cuello. La visitó dos veces en su casa, se enteró de que estaba próxima a casarse y que se llamaba Seras Westenra.

Se aprovechaba de su sonambulismo para fácilmente manipular su mente y que le dejara entrar a su dormitorio para beber libremente su sangre. De hecho, gracias a eso, él pudo darse una idea de cómo debía decorar su casa. —Vaya me encanta ese tapiz debería usarlo en mi casa—. Pensó. No quería matarla, sólo quería alimentarse y divertirse un poco; le gustaba el lugar porque estaba retirado de la civilización y sobre todo de su casa, no podía atacar a los alrededores de su nueva residencia, y esa mansión era perfecta: la chica era bella y tenía una sangre deliciosa y además habitaban otras sirvientas muy guapas las cuales probaría después para no llegar a matar a la joven Westenra; si hasta pensaba en regalarle algo en su boda, ¿pero qué?


Integra llegó a su destino y vio que la esperaba su buen amigo el doctor Alexander Seward, se saludaron con un afectuoso y emotivo abrazo aunque la gente los miró de manera extraña. Hacía años que no se veían, prácticamente desde que terminaron la escuela de medicina y él se dedicó a ejercerla y ella a enseñarla, aunque la ejerció por algún tiempo. Él le contó durante el camino los síntomas de la paciente, parecía anemia según su pre diagnóstico.

Cuando llegaron a la mansión de los Westenra, Integra conoció al fin a Pip, prometido de su amiga, Seras lo llamaba así en las cartas que le enviaba, lo saludó amistosamente y le deseó que fueran felices juntos. Una sirvienta le indicó a Integra dónde estaba la habitación de su amiga-paciente. La vio e hizo un esfuerzo por no parecer angustiada y asustada, estaba irreconocible, puso su mejor cara y le ofreció una cálida sonrisa.

—Seras, amiga, ¿cómo estás?

—Integra, hace años que no te veo, que bueno que hayas venido, disculpa si no me levanto a abrazarte.

—Está bien Seras, no te preocupes—. Se acercó a su cama y se sentó a su lado, puso el dorso de su mano en su frente y luego en sus mejillas. —No tienes fiebre, de hecho te sientes muy fría, ¿cómo estás?

—Ay no, no, no, Integra hace años que no nos vemos y lo primero que haces es tratarme como paciente, ya me siento mejor, dime ¿cómo te ha ido en estos años? ¿Has conocido a alguien?

—Seras, las pláticas pueden esperar, cuando te sientas mejor hablaremos de lo que quieras pero por ahora déjame al menos sacar tu diagnóstico, ¿y bien?

Suspiró con pesadez, cuando se ponía así no había nadie que la hiciera cambiar de parecer. —Me he sentido un poco mareada, y con mucho frío, el doctor Seward dice que tengo la presión baja; no tengo hambre y no soporto la luz del sol.

—Eso parece anemia, pero si el doctor Seward te está atendiendo ¿Por qué me llamaron?

—Es que hay algo que no se puede explicar—. Se bajó el cuello del camisón para mostrarle dos puntitos rojos que tenía en el cuello. —Desde el día que las tuve no he dejado de soñar con ojos rojos, me siento extraña, y oigo las cosas con mayor claridad, escuché tus pisadas desde que subiste las escaleras al tercer piso.

Integra acercó la mano a su cuello y pasó el dedo índice por las marcas que tenía en él, mientras escuchaba atenta lo que su amiga le decía. —¿Te duele?

—No.

—No te preocupes Seras, ya sé lo que te pasa, yo te cuidaré, confía en mí.

—Siempre he confiado en ti.

Como lo prometido es deuda e Integra Hellsing nunca rompe una promesa, se puso a conversar con su amiga como en los viejos tiempos, total todavía es de día y no podían hacer nada por ahora, aunque eso le daba tiempo para pensar en cómo explicarles a Pip y a Alexander que la dama estaba siendo atacada por un vampiro, nadie creía en eso.

Le contó a su amiga que conoció a un hombre llamado Jonathan Harker, un abogado que trabaja en un bufete jurídico muy importante, le explicó que lo conoció cuando ella practicaba medicina en un hospital y tuvo que entablillarle el pie cuando se lo torció jugando croquet. Ella le preguntaba cómo alguien se pudo haber lastimado con tan inofensivo juego y él tuvo que admitir que era muy torpe para las actividades físicas (aquello provocó la risa de Seras).

También le dijo que cuando regresara de Rumania de hacer una transacción de compra-venta de una casa, arreglarían las cosas para poder casarse. Seras estaba muy emocionada, y le pidió que la invitara a su boda, Integra le respondió que eso pensaba hacer desde antes de que ella se lo pidiera.

Dejó a Seras descansar, no quiso preocuparla contándole que hacía mucho que no recibía cartas de su amado Jonathan, y la última que le había enviado apenas si eran una cuantas líneas, cuando él solía escribirle largas cartas de hasta tres hojas, diciéndole que se quedaría un mes con el conde Dracula.

::::::::

Se reunió con Pip y Alexander en la biblioteca de la mansión. —Hay algo que les quiero decir respecto al diagnóstico de Seras.

—¿Se pondrá mejor?—. Preguntó Pip.

Ella suspiró. —No lo sé, eso depende de nosotros. Ella tiene dos marcas en el cuello como si fuera un pinchazo de una aguja, supongo que ya lo han visto—. Los dos hombres asintieron. —Bien, pues esa marca es la marca de un vampiro.

—¿Un vampiro? ¿Estás hablando en serio?—. Cuestionó molesto Pip.

—Por supuesto, nunca bromearía con la salud de mi paciente y menos si es mi amiga. Los vampiros existen, como existe el demonio, el mayor logro del diablo es hacernos creer que no existe.

—Esto no puede ser.

—Es verdad, en la vida existen cosas que no comprendemos y que están más allá de nuestro alcance y sin embargo nos rodean, viven entre nosotros, como el vampiro aquel que mordió a Seras. Para probarlo pido que una de las sirvientas se quede con ella vigilando su sueño, pondremos cadenas de ajos y cruces en su ventanal.

—¿Estás segura? Alexander ¿tú no dices nada?

—Yo le creo a Integra, ella además de doctora sabe de ocultismo, yo tenía mis dudas en cuanto le vi la marca, por eso la llamé, para estar seguros.

—¿Qué? ¿Tú también?

—Señor Holmwood, Nosotros nos quedaremos haciendo guardia, para que sea testigo usted mismo de lo que acecha en la noche.

—Está bien, pero si no hay nada extraño tendremos que dejar esa teoría y buscar una causa más... terrenal para el padecimiento de Seras.

—Hecho—. Respondió Integra segura.

::::::::

Al caer la noche los tres guardias estaban afuera haciendo la ronda, le habían dicho a Pip que el vampiro podría convertirse en niebla o en murciélago para pasar desapercibido y que si veía una niebla con movimiento propio les avisara a los otros dos, si en cambio era un murciélago debían disparar a matar. El cuarto de Seras había sido previamente arreglado con cadenas de ajos y cruces en las ventanas, puertas y sobre la cabecera de la cama; una mucama descansaría en el sillón que está enfrente de la cama, pero por ahora se encontraba leyendo un libro, le habían advertido que no se asustara si escuchaba un disparo.

El problema era ahora que se escuchaban disparos a cada rato, los tres guardias le disparaban a cuanto murciélago veían, dejando el patio lleno de murciélagos muertos, era una matanza pues con tantos árboles que había en el jardín de la mansión salían a montones y los tres no se daban abasto con tantos murciélagos revoloteando en grupo o en solitario. Integra hizo con el pie a un lado a uno de estos murciélagos para poder apoyar bien los pies y tener mejor puntería a la hora de dispararle a uno. Se volvió a escuchar otro disparo seguido de un chillido agudo similar al de una rata, cayó al suelo muerto. —No es este. Siguió caminando por el jardín.

—Odiaría ser el jardinero—. Dijo Alexander acercándose a ella.

—Sí, yo también, deberíamos echarle una mano mañana—. Movió otro con el pie para pasar. —Esto es demasiado.

—Sí, empiezo a sentirme mal por ellos, deberíamos dejarlo.

—No, él vendrá, sé que lo hará... pero tienes razón yo también empiezo a sentirme mal; muy bien, cambio de planes: mataremos sólo a los murciélagos que se dirijan a la habitación de Seras, creo que con eso debería bastar.

—Se lo diré a Pip, pero ¿cómo es que estas tan segura de que vendrá?

Suspiró. —Está bien, te lo diré pero es un secreto médico, de doctor a doctor, así que no puedes decirle nada a Pip. Seras es sonámbula, lo es desde que éramos niñas, y me enteré por su madre que vagó sonámbula hasta el muelle y desde entonces tiene esas marcas; Seras sólo lo recuerda como un sueño y no está segura de lo que pasó, pero dice que recuerda en sueños a un sujeto bien parecido acercándose a su cuello. Ese sujeto la ha visitado dos noches más a su casa, más específicamente, en su dormitorio. Creo que este sujeto busca algo más que sangre por eso creo que vendrá.

—Estás diciendo que Seras...

—No, yo sólo creo que él se aprovecha de la condición inestable de su mente para lograr lo que quiere, ella es su víctima, pero de todos modos no le digas nada a Pip, no quisiera comprometerla.

—Te entiendo, está bien, por mí no sabrá nada.

Pasaron tres horas más, tenían mucho frío y sueño, estaban haciendo guardia desde las diez de la noche y ya serán cerca de las 2:00 am. Integra estaba a punto de ordenar la retirada, también ella estaba cansada. Empezó a creer que tal vez el vampiro se había confundido en uno de los grupos de vampiros que pasaron volando y ya había entrado a la habitación, después manipularía a las dos mujeres para dormirlas; pero no quiso decirle a nadie por si estaba equivocada y al abandonar el puesto el vampiro entraba, se escondía esperando a que volvieran a salir a hacer la guardia y luego subía al cuarto de Seras. O también cabía la posibilidad de que la situación y el sueño la estuvieran volviendo paranoica.

Pensó que estaba siendo egoísta, pues estaba tan interesada por demostrar que tenía razón que no le importaba desvelar a los otros y a ella misma, sabía que ninguno de los dos caballeros dejaría el puesto o sugeriría la retirada por el cansancio pues podrían parecer débiles o bebés llorones y eso no es de caballeros.

Entonces vio que había algo cerca del alfeizar de la ventana, era un bulto negro, se ajustó más los lentes, el bulto negro se alejó volando un poco a una distancia de un metro y se quedó allí aleteando sin moverse de lugar por un momento y después de unos minutos voló de vuelta hacia la ventana.

Integra le disparó en un ala. —¡Miren ese!—. Los dos hombres se giraron a ver al murciélago justo cuando ella le disparó. El murciélago en lugar de caer herido como los demás siguió volando con dificultad pero esta vez viró hacia donde estaban ellos.

Integra cargó otra vez su escopeta y apuntó esta vez a la cabeza, se vio como el pequeño animal hizo su cabecita hacia atrás de tal forma que todo su cuerpo dio una vuelta, luego se alejó volando en sentido contrario huyendo de esos cazadores. —¿Lo vieron? ¿Lo vieron?—. Gritaba eufórica Integra, sabía que tenía la razón, dudó un momento de ella misma pero en el fondo sabía que tenía razón.

—Ese... ese debió de haber caído muerto como los demás—. Pip estaba sorprendido.

—Pero ese no es como los demás, él no puede morir con estas armas comunes porque ya está muerto. Bueno el peligro ya pasó por hoy, no tarda en amanecer así que dudo que vuelva a tacar, vamos adentro para que les explique más detalles sobre vampiros.

Pip ya no tuvo dudas y Alexander terminó por convencerse, la noche había sido larga pero no en vano; ellos estuvieron de acuerdo en volver a entrar a la mansión. Desde entonces seguirían a la dama a cualquier cosa que ella mande porque ella tenía razón, ella es la única que sabe con lo que están lidiando y como acabarlo.


—¡¿Pero quién diablos es ella?!—. Se preguntaba el conde; estaba de regreso en su casa, en su ataúd sanando sus heridas, tuvo que volar sin cabeza durante todo el trayecto hasta llegar a su hogar, luego se convirtió en una masa amorfa de color negro mientras recuperaba su forma humana y su cabeza. Él podía regenerar el brazo y la cabeza donde aquella mujer le había disparado, era algo sencillo, pero eso no es lo que le molestaba: ¡por su culpa no había bebido nada!

No sólo era eso, al parecer ya sabían de él, porque al querer entrar a la habitación de Seras no pudo hacerlo pues había cruces y coronas de ajo en todas partes. Esas cosas no le hacían ningún mal, pero al tener un sentido del olfato tan agudo no soportaba los aromas fuertes como del ajo o la cebolla, era molesto. Se alejó un poco para escapar del olor, incluso desde afuera le llegaba la pestilencia, manipuló la mente de la mucama que dormía en una mecedora para que quitara todas esas porquerías, esperó a que terminara y justo cuando iba a intentar entrar una bala le dio en el ala.

Escuchó la voz de una mujer que indicaba que miraran hacia él y le disparó en la cabeza otra vez. —¡Perra! De seguro ella fue la de la idea de los ajos—. Antes de que le dieran el segundo disparo había visto a dos hombres detrás de ella: a uno lo conocía bien, era el prometido de Seras, lo supo cuando bebió su sangre. Al otro lo conocía porque técnicamente era su vecino, era el director de un manicomio que estaba cerca de su residencia, Seward, recordó que ese era su apellido. Pero a la mujer de excelente puntería, para su desgracia, no la conocía. Una mujer alta, rubia de cabello largo y ojos de un azul muy intenso, con lentes que opacaban su bella mirada, la cual era desafiante. ¿Quién sería esa mujer?

Se quedó pensando en eso pues estaba casi seguro de haberla visto antes, ¿pero dónde? Había conocido a muchas mujeres pero estaba seguro de que ninguna era como ella, la recordaría perfectamente de lo contrario. Entonces una idea le vino a la cabeza. —La foto de Harker—. Se esfumó de su ataúd para aparecer en su despacho, esculcó en los cajones hasta que por fin dio con la foto y otros papeles.

Después de que Harker fuera seducido por sus novias y estas empezaron a morder de su cuello y ambos brazos, él tomó su cartera y sacó la foto, miró a la bella mujer que figuraba en la imagen y le dijo: —Tienes una bonita mujer esperándote en casa y tú le eres infiel, no mereces tenerla—. Se quedó con la foto ante las protestas de Harker, que exigía que lo soltaran y forcejeaba con las tres vampiresas, aunque era inútil pues tenían una fuerza descomunal.

Al reverso de la foto rezaba: "para mi querido Jonathan". Hizo una mueca, luego releyó una carta que Harker había intentado enviar sobornando, con un anillo de plata, a uno de los gitanos que servían a él; el gitano se quedó con el anillo pero le entregó la carta a su amo. Nadie perdería la vida por un mísero anillo de plata. Al principio pensó en destruirla pero tras leerla se la quedó junto con la foto.

Era una carta pidiendo ayuda a una mujer llamada Integra, decía que había sido secuestrado por vampiros. Cuando la leyó por primera vez rompió en una carcajada sonora. En primer lugar: ¿un hombre pidiendo ayuda a una mujer? Que patético. En segundo lugar: ¿acaso esperaba que ella viniera armada con estacas para acabarlos a todos? Aún más patético.

Pero ahora que la volvía a leer se dio cuenta de que tal vez no era tan ridículo. La mujer sabía que un vampiro atacaba a Seras y arregló el cuarto con ajos y cruces, luego hizo una matazón de murciélagos para poder dar con él (había visto el montón de cadáveres a los pies de los tres cazadores) y para colmo había sido una misión cumplida. Ella sabía lo que hacía. Por eso Harker le pidió ayuda a ella y le especificó que eran vampiros.

¿Habría más cazadores de vampiros como ella? Estaba claro que los otros dos que estaban con la mujer no lo eran, porque sus caras eran asombro y miedo cuando vieron la escena mientras que la de ella era desafiante y segura. Una mujer liderando y salvando hombres, sin duda era un país muy moderno. Volvió a leer la carta, la dirección estaba a nombre de la Doctora Integra van Hellsing.

—Será un placer conocerte Integra.


Bueno eso es todo por ahora, espero que les haya gustado la historia, como siempre espero ansiosamente sus comentarios y sus sugerencias :3, Nos vemos en el próximo capítulo.