último capítulo :D gracias a todos los que siguieron esta historia y gracias por comentar, disculpen la demora pero es que a diferencia de otras veces, no me tardé por falta de ideas, sino por exceso de ellas, no sabía como juntar todas estas sin que parecieran amontonadas a lo bruto, (y hasta eso creo que hay partes en las que una situación no parece tener mucha relación con otra).

En fin dejaré todas las aclaraciones al final del capítulo :v, así que los dejo para que lean.


¿Crees en el Destino?

Integra continuó en dirección ascendente ganándose la amistad de la reina y la admiración de los demás miembros de la nobleza, incluso de aquellos que veían su trabajo como poca cosa. Por su parte, Jonathan Harker, abrumado por el ascenso imparable de su esposa, se sintió opacado, cayendo vertiginosamente; su bufete se fue quedando atrás, la competencia era fuerte y el bufete Hawkins & Harker, que anteriormente era el mejor de Londres, se quedó eclipsado por los nuevos bufetes de jóvenes emprendedores abogados.

Sus mejores abogados, al ver que el barco se hundía, huyeron como ratas hacia nuevos y prometedores empleos. Su bufete se quedó en la ruina al grado que tuvo que cerrarlo, así que ahora estaba desempleado dependiendo económicamente de su mujer. Esto y su situación marital hicieron que terminara perdiéndose en el alcohol. Integra le pidió el divorcio a pesar del escándalo pero no quería que su hijo creciera con un hombre como él, Jonathan se negó a dárselo; entonces Integra, que no quería seguir perdiendo el tiempo con la misma discusión, le exigió que se encerrara en su despacho cada vez que deseara tomar y si quería ver al niño tenía que estar sobrio sin oler a alcohol.

Naturalmente todo el tiempo estaba encerrado en su despacho, perdiéndose en el alcohol y perdiéndose de la primera palabra de su hijo, sus primeros pasos, su risa, su llanto, etc. Entre mi ama y la señora Andrew educaron al niño y su primera palabra fue "mamá". A veces cuando nadie me veía me acercaba al niño y le repetía la palabra "papá", y al poco tiempo me llamó papá cada vez que me veía y me extendía los brazos, se me hacía divertido pero a Integra le parecía hiriente pues ella creía que el niño crecía con la idea equivocada de que su padre era otro mientras que el verdadero se ahogaba de borracho, le dolía su hijo. Conforme fue creciendo, su mamá le explicó que su padre era el señor que aparecía en la fotografía junto a ella.

Cuando el niño cumplió dos años, mi ama, la señora Andrew y yo fuimos a celebrar el cumpleaños del niño a la feria donde habría una exhibición de cinematógrafo, al principio no quería ir pero cuando me enteré que verían una película me decidí a acompañarlos; siempre me han gustado esos inventos ingeniosos del hombre. La película era "El Viaje a la Luna", una película muy interesante y fascinante, eso me recordó una conversación que tuve con Integra cuando la conocí hacía ya muchos años.

—¿Ama te acuerdas que cuando nos conocimos me dijiste que tal vez el hombre podría ir a la luna?—. Le pregunté cuando terminó la función.

—Sí, lo recuerdo, por eso te pedí que nos acompañaras.

Sonreí. —Gracias ama. Bueno al menos en el cine ya llegaron los humanos a la luna, ¿crees que lleguen realmente a ella?

—No lo sé, espero que sí, tal vez tú vivas para verlo.

—Tú también podrías vivir para verlo si me lo pidieras.

—Cambiemos de tema.

Decidí hacerle caso y cambiar de tema, no quería arruinar su buen humor, no por ahora. —¿Crees que haya seres vivos en la luna o en algún otro planeta?

—Es posible el universo es inmenso, pero si llegaran a la tierra al menos sabremos que debemos matarlos con un bastón—. Sonrió haciendo alusión a la película.

—O con microbios—. Agregué.

—Exacto—. Se rió. Seguimos disfrutando de las atracciones de la feria y ella y yo continuamos con nuestra interesantísima plática sobre seres del espacio y sobre cómo sería el universo. Fue una tarde muy agradable, hacía mucho que no platicaba así con mi ama, de hecho desde que descubrió que era un vampiro no volvimos a hablarnos de esa manera tan casual.


Mi ama siempre le contaba cuentos a su hijo todas las noches, le contaba cuentos infantiles o de vampiros pero de estos últimos siempre le explicaba la diferencia de los vampiros reales y los vampiros de los cuentos. Sin embargo los favoritos de Johnny eran los del rey Arturo, era su héroe. Cuando su mamá le dijo que formaba parte de la Organización de los Caballeros de la Mesa Redonda, el niño pensó que su madre era una caballera al servicio del rey Arturo que valientemente combatía a los vampiros; sentía una gran admiración por su madre, aunque su madre le explicó después que la organización en la que estaba no era la misma que la del rey Arturo.

En ocasiones llegaban reportes de misiones cuando le leía un cuento a su hijo y tenía que dejarlo con la señora Andrew. —Tengo que salir a una misión Johnny, vuelve a la cama—. Le decía mi ama a su hijo.

—Quiero ir contigo.

—No hijo, ve a dormir, ya llegará tu tiempo cuando seas mayor.


A los cinco años del niño, fueron al circo con mi ama y la señora Andrew para celebrar su cumpleaños. Yo preferí quedarme en mi ataúd y seguir durmiendo, hasta que fui despertado por el ruido peculiar que hace una pistola al dispararse, el sonido provenía del primer piso, del despacho de Harker. —Ya era hora—. Pensé. Los sirvientes escucharon el ruido y se asustaron, el mayordomo tenía un juego de llaves y cuando abrió la puerta se quedó impactado, una de las mucamas se desmayó.

Cuando los tres llegaron felices y sonrientes del paseo, el mayordomo se acercó a Integra y le dijo que tenía que hablar en privado con ella. —Señora Andrew, ¿podría llevarse a Johnny a su cuarto y prepararlo para la comida?—. Le pidió mi ama.

—Por supuesto señora, vamos Johnny—. Él tomo su mano y subieron las escaleras.

—Señora ha ocurrido una desgracia—. Le empezó a decir el mayordomo. —El señor ha… el señor ha muerto, se ha disparado en la cabeza. Ya llamé a la policía y está en la morgue, debe ir a reclamar el cuerpo.

Integra se sentó en las gradas de la escalera, no podía permanecer de pie. Se encargó de todos los preparativos del sepelio, le contó lo que había pasado a la señora Andrew y le pidió que se quedara con Johnny, más tarde iría ella a decirle. Después de arreglar todo, bajó al sótano, ya era de noche y yo estaba bebiendo sangre sentado en el sofá, Integra entró y se sentó a un lado de mí, muy cerca de mí.

—Supongo que ya sabes que Jonathan se suicidó.

—Sí, escuché cuando disparó el arma.

—¿Cómo se lo digo a Johnny?

—¿Quieres que te diga como debes decírselo?

—Supuse que tendrías alguna idea, eres la única persona que conozco que tiene experiencia en la muerte, no sé, creí que me podrías dar una idea.

—Lamento desilusionarte pero no tengo idea, supongo que debes hablarle con franqueza, explicarle qué es la muerte, sin contarle esas tonterías de angelitos del paraíso. No hay una manera linda de decir esas cosas, siempre será una mala noticia y siempre dolerá. Pero tú tienes algo a tu favor: el niño a penas si sabía de su existencia, incluso había dejado de preguntarte por él, supongo que no debería dolerle una persona que nunca conoció y que si llegó conocerlo fue porque tú le dijiste que su padre era el sujeto de la fotografía. Quizás sea más fácil de lo que crees.

—A veces eres cruelmente sincero.

—Pero dime algo, ¿tú estás bien?

—No sé, hace mucho que dejé de querer a Jonathan al grado de preguntarme si alguna vez lo quise. Él era un idiota y me sacaba de quicio, pero ahora me siento un poco culpable.

—No tienes porque sentirte culpable, cada quien es responsable de sus acciones; fue su decisión matarse así como fue su decisión llevar una vida de mierda.

—No me siento culpable por su suicidio, me siento culpable porque… porque no me duele, lo vi en la morgue con la cabeza destrozada y no sentí nada… ¿lástima tal vez? No, ni eso. De hecho yo… yo... ya quería que se muriera—. Rompió en llanto cubriéndose la cara con sus manos. Esa fue la primera vez que la vi llorar. La abracé fuertemente; ya sabía eso, yo la conocía mejor que nadie, Harker se había vuelto un estorbo para ella y un mal innecesario para su hijo, le pidió el divorcio repetidas veces pero él se rehusaba, estaba harta de él y le deseaba la muerte todo el tiempo.

—No es malo desear la muerte, especialmente cuando se trata de alguien del que te quieres librar, no era un buen esposo ni un buen padre; era un perdedor que nunca pudo soportar que brillases cada vez con mayor intensidad, él lo tuvo todo para ser feliz, empezando por ti, y no lo aprovechó, su orgullo estúpido le hacía aborrecerte, él también te deseó la muerte ¿sabes? Lo sé porque leí su mente—. Eso era verdad hasta cierto punto porque se arrepentía de inmediato y tomaba para borrar esas ideas, en el fondo la seguía queriendo y no podía soportar la vida sin ella por eso se negaba al divorcio, pero no consideré necesario que supiera todo eso.

—¿Me odiaba?

—Sí—. En cierta manera eso era verdad también.

—Ya me lo suponía—. Se limpió las lágrimas, se puso de pie y salió de la habitación. Fue a ver a su hijo, ya se había dormido, se lo diría mañana, pero de todos modos quiso dormir a su lado. Después del desayuno le explicó lo que había pasado, le dijo que murió por un paro cardiaco, le dijo que no sufrió, que se quedó dormido y su corazón dejó de funcionar, se enteraría de la verdad muchos años después por otras personas malintencionadas.

Johnny no reaccionó mucho, no sabía cómo sentirse, siempre sintió curiosidad por saber cómo era su padre e incluso llegó a tocar la puerta de su despacho pero nadie respondió; no sabía cuál era la diferencia de que viviera y permaneciera encerrado en su despacho a que esté muerto si de todas formas no lo veía nunca. No lloró, ni cuando se lo dijeron ni en el funeral. Amigos de ella asistieron al funeral pero no los de él, la reina le mandó sus condolencias y Hans y Alexander estuvieron cerca de ella. En realidad muchos hombres empezaron a acercarse a ella: la bella lady Integra Hellsing había enviudado y pasado un año de luto reglamentario, los pretendientes no se hicieron esperar. Algo sumamente irritante pero por fortuna mi ama estaba demasiado ocupada con su trabajo e hijo, en ese orden, como para empezar un tedioso amorío con alguien.


Hubo una época bastante aburrida en la que no había misiones en absoluto, fue en 1908, incluso molestaba a mi ama con comentarios de doble sentido más de lo usual para matar el aburrimiento. Pero en ese tiempo ya existía el automóvil y mi ama se compró uno. Bendito invento de los humanos, como ya he dicho siempre he alabado su ingenio y su capacidad tanto creativa como destructiva. Integra contrató a un instructor para que le enseñara a manejar y yo le insistí que me enseñara a mi también, argumentándole que cuando ella fuera a las reuniones o misiones necesitaría de un chofer que la lleve como la líder que es y qué mejor chofer que yo.

Así pues aprendimos los dos al mismo tiempo, y el maestro primero nos enseñó las partes del auto, para que servían y su mecanismo. Era asombroso, después de unas semanas nos puso a conducir por el jardín, primero fue el turno de Integra. —Muy bien lady Hellsing, ahora pise el acelerador con mucho cuidado—. Al parecer mi ama no entendió bien las palabras "con mucho cuidado" pues pisó el acelerador a fondo y avanzó un tramó pero de inmediato retiró el pie. El auto se movió hacia delante y frenó tan bruscamente que los tres que íbamos en el auto nos impulsamos hacia adelante. El instructor se golpeó la cara con el tablero, y mi ama se hubiera roto el tabique de la nariz al chocar contra el volante si no fuera porque yo, que estaba en el asiento del pasajero, rápidamente estiré la mano para detener su cara.


El automóvil era un invento tan asombroso y peligroso que no dejaba de maravillarme, incluso más que la bombilla eléctrica que, cuando Integra instaló focos en toda la mansión, yo no dejaba de encender y apagar la luz viendo como prendía casi instantáneamente esa bombilla de manera más rápida y duradera que una vela. Cuando volvieron las misiones, llegábamos puntuales gracias a ese maravilloso invento, yo tenía la fortuna de ser el chofer de mi ama. Y cuando no había misiones y estaba desocupada, mi ama daba un paseo con su hijo, a veces yo insistía en acompañarlos sólo para ser el conductor. Durante el periodo de la Primera Guerra Mundial, el automóvil nos sirvió de mucho pues las misiones se habían incrementado al grado de volverse casi diarias.

Una vez atacó un grupo de tres vampiros, pero eso no fue lo difícil, sino que a sus víctimas las habían convertido en ghouls. Eso se lograba cuando los vampiros no le dan a beber suficiente de su propia sangre a sus víctimas y quedan inconclusos, como cadáveres vivientes que no terminan de morir. Estos nuevos vampiros no tenían ningún respeto por la humanidad, en mis tiempos los vampiros teníamos la decencia de matar o vampirizar a los humanos completamente, no los dejábamos a medias, además teníamos un cierto respeto por la victima como el respeto que los humanos muestran al bendecir la comida que van a ingerir.

Muchos humanos fueron atacados por los ghouls y las pérdidas humanas se incrementaron como nunca. Mientras eliminaba a los ghouls para evitar que se siguieran multiplicando, me encontré con uno cuya cara conocía muy bien, a pesar de que ahora era mayor de edad y de que parecía putrefacto por la transformación, pero ese pelo rubio y sus facciones eran inconfundibles. —¿Schödringer?—. Llamé preocupado, pero no contestó naturalmente.

Mi ama me escuchó llamarlo. —No creo que sea él—. Lo observó tratando de encontrar el parecido. —Pero de todos modos tienes que matarlo.

—Estoy seguro que es él.

—Alucard es por su bien—. Lo sabía, pero aun así me dolió arrancarle la cabeza.

Maté a esos infelices sin piedad y los hice sufrir, me hubiera gustado matarlos más lentamente para prolongar su sufrimiento pero mi ama me apresuró porque no se daba abasto matando a los ghouls con su espada, ya que se hacían cada vez más. Revisé las ropas que estaban entre un montón de cenizas que sabía pertenecientes a Schödringer. Entre estas estaba el reloj que le había dado en caso de que necesitara dinero, al parecer había decidido conservarlo, no había duda de que era él. Pobre chico, que manera más horrible de morir; yo esperaba que estuviera bien trabajando para aquella familia rica. Entonces no dejé de preguntarme qué había sido de él, ¿había vivido bien?, ¿había pasado hambre?

Llegamos a la mansión, yo estaba tan perdido en mis pensamientos que ni siquiera tuve ánimos para molestar a mi ama con cualquier tontería; todo el viaje de regreso a casa me la pasé en silencio algo muy extraño en mí, pero mi ama no pareció importarle y cuando llegamos se fue a su oficina, yo me encerré en mi ataúd, no quería saber de nada. Unas horas después bajó Integra al sótano, abrió mi ataúd y se arrodilló a un lado para hablar conmigo.

—Acabo de hablar con Hans, le pedí de favor que se encargara de recoger los restos de Schödringer, le haremos un funeral y estará en el panteón familiar para que no esté solo.

—¿A qué hora?

—A las diez.

—Ahí estaré—. Integra se incorporó y dio unos pasos hacia la puerta. —Espera, no te vayas—. Me salí del ataúd. —Quédate conmigo.

Se sentó en el sillón. —Te agradaba mucho ese chico ¿verdad? Me contó, hace mucho, que le regalaste un suéter y que eras muy bueno con él.

Sonreí al recordarlo. —Te diré algo, él era mi mandadero, le encargaba vigilarte y le pedía que escuchara tus conversaciones, por él me enteraba de todos tus planes, incluso lo llevé a vivir a mi casa para no tener que buscarlo en la calle. Me era muy útil, así que le compraba cosas

—Ya me imaginaba que trabajaba para ti—. Sonrió.

—Fue el mejor de mis empleados y eso que no le pagaba tan bien como a los demás, era muy puntual para mandarte los recados. Era un chico muy simpático, muy astuto y algo ambicioso. Le agradabas mucho también, la última vez que nos vimos me dijo que no quería que te pasara nada malo—. Integra puso su mano en mi hombro. Suspiré. —Gracias por encargarte de él.

—No tienes que agradecer, él también me agradaba. Sabes, esa vez que te envié el recado con él no me cobró nada, ¿puedes creerlo?

—Vaya eso si que es raro—. Ambos empezamos a recordar aquellos tiempos que parecían tan lejanos y tan cercanos a la vez. La verdad es que éramos buenos enemigos, siempre había algo de cortesía entre nosotros, también había respeto y admiración. Fueron tiempos muy divertidos, aunque estos tiempos entre amo y sirviente tampoco carecían de diversión, sobre todo cuando fastidiaba a mi ama. Integra volvió a ponerse de pie y yo tomé su mano para retenerla. —Quédate conmigo, por favor.

—Alucard…

—Por favor, estamos solos, tu hijo está en el internado y todos los sirvientes ya están durmiendo, al menos por esta noche—. Eso era verdad, el pequeño Johnny, no tan pequeño de hecho pues ya tenía 14 años, estaba en el colegio para caballeros que era de tiempo completo.

—No Alucard—. Zafó su mano y salió de la habitación con paso apresurado.

Yo no pensaba quedarme así, y fui a su cuarto; me oculté en las sombras y esperé a que se acostara en su cama para hacer acto de presencia, y me metí debajo de las sábanas. —Alucard maldición lárgate de aquí—. Me gritó mi ama, se sentó en la cama y prendió la lámpara de la mesita de noche.

—Creí que como no querías pasar lo noche conmigo tal vez yo podía pasar la noche contigo—. Recosté mi cabeza en sus piernas.

—¡Mierda déjame!—. Me empujaba.

Yo me aferré a ella y hundí la cara entre sus piernas. Integra se sonrojó. —No quiero estar solo.

—No me interesa lo que quieras, ¡lárgate!—. Eso me dolió. Me fui como perro regañado con la cola entre las patas.


En el funeral de Schödringer, sólo estuvimos ella y yo. Parecíamos sus padres, en la lápida decía: "Aquí yace Schödringer, gran amigo de Integra y Alucard", así de simple, sin apellidos, títulos o demás palabras rimbombantes. No dejé de pensar en él y en "el hubiera" cuando llegamos a casa: me lo hubiera llevado a Rumania, hubiera estado mejor con nosotros, no lo hubiera dejado solo, ¿y si volvieron a atacarlo y nadie lo ayudó?, ¿y si pasó hambre?, ¿cómo fue su encuentro con esos vampiros?, ¿sufrió mucho?

Me metí en mi ataúd y lloré sintiéndome culpable por no protegerlo más, porque de alguna manera me sentía identificado con el chico. Integra bajó a verme. —Alucard deja de llorar, estoy segura que tú hiciste más por él que cualquier otro ser humano que tuvo la fortuna de conocerlo—. Con su mano limpió mis lágrimas. —No creí que te doliera tanto el chico, ¿Por qué te afecta tanto?

Le conté, ella ya sabía algo de la historia de mi vida humana por los libros, pero no sabía los detalles escabrosos que no se relataban, los horrores que viví y que formaron mi afición al empalamiento. Yo me sentí desamparado, sólo esperando a que la muerte llegara, al igual que el pequeño Schödringer. —Sea como sea que haya sido su vida y su muerte ya ha acabado,ya no volverá a sentir el sufrimiento y las angustias que alguna vez vivió, ya está mejor.

—Quédate conmigo—. Volví a insistir, sólo que esta vez si me decía que no cerraría la tapa de mi ataúd.

—Muévete—. Me acomodé de lado dejando un espacio y ella se metió en mi ataúd. Había leído su mente anoche, sabía que se sentía culpable por correrme de su lado cuando yo más la necesitaba; era por culpa más que por afecto hacia mí por lo que decidió quedarse conmigo, aunque quizás también haya sentido curiosidad por saber como era estar dentro de un ataúd. De cualquier forma su compañía era bien recibida y me había alegrado de inmediato; pasó la noche conmigo, pero solamente durmiendo a mi lado, para mí desgracia.


Después de ese ataque de ghouls, Integra decidió contratar a más personal para que mataran a los zombies; mi ama se había enterado de que prácticamente desde que se creó la organización muchos cazadores se quedaron sin trabajo, así que optó por contratarlos. Puso a prueba a los candidatos y entre ella y yo elegíamos a los mejores. Ellos estaban encantados de trabajar con mi ama pues su fama se había extendido por todas partes. Los menos aptos para la tarea de eliminación de ghouls servían para limpiar la zona y eliminar todo rastro de evidencia que delatara la existencia de los vampiros. Tanto la organización Hellsing como su misión era un secreto que sólo algunos nobles de más alto rango conocían. Así pues, gracias a eso las misiones con ghouls fueron más sencillas y se redujeron las pérdidas humanas considerablemente. Entonces la organización pasó de contar con sólo dos miembros a tener veinte integrantes.

Al finalizar la guerra, John, como le decía ahora su madre porque ya tenía dieciocho años, decidió estudiar medicina igual que su madre, venía sólo de visita cuando tenía vacaciones; durante ese momento Integra le enseñaba todo lo relativo a la Organización Hellsing, le contó cómo me capturó y lo instruyó para que me controlará.

—En todas las misiones se hace un reporte de daños y victimas, este reporte se le entrega al líder de la Mesa Redonda que a su vez se lo entrega a su majestad—. Le explicaba Integra. También le enseñó cómo disparar y para su cumpleaños le regaló una pistola.

Él le prestaba total atención a su madre, interesado en todo lo que le decía; más que madre e hijo parecían maestra y alumno. La admiración que John sentía por su madre seguía casi intacta incluso a pesar de los muchos rumores que había tenido que soportar: todos eran sobre el hecho de que ella y yo saliéramos juntos todo el tiempo, incluso cuando su padre vivía. Integra le explicó que se debía a que la mayoría de los nobles y gente de clase alta, desconocían que Alucard era un vampiro y no sabían nada sobre las misiones, juntas o reuniones a las que debían de ir ambos. Sin embargo siempre tuvo la espinita de la duda en su mente, no lo admitiría delante de mi ama y ni siquiera para sí mismo pero sentía esa pequeña duda y se fue alejando de mí.

Su madre era toda su adoración, no podía enojarse con ella, pero conmigo fue diferente, antes me tenía cierta confianza pues a veces jugaba conmigo cuando era niño pidiéndome que hiciera algún truco como mover algo con la mente, adivinar su pensamiento o convertirme en murciélago o perro; pero después, se volvió más distante y sólo me hablaba por simple cortesía. Honestamente no me afectó en absoluto, lo veía como mi futuro amo y le tenía respeto y un poco de aprecio porque lo vi crecer, pero no lo admiraba como a mi ama, no me provocaba devoción, ni nada que se le parezca.


Ya era 1920 e Integra tenía 45 años, su hijo ya había concluido sus estudios y él dirigía la organización de vez en cuando, sólo cuando su madre estaba enferma para hacerlo; ya tenía esposa, se había casado hace un mes con Anabel Darling, una chica muy guapa y agradable pero era bastante ordinaria a mi parecer, a Integra le agradaba mucho, quizás porque le recordaba a su amiga Seras con su carácter jovial.

La señora Andrew había fallecido hace mucho y también fue enterrada en el panteón de los Hellsing pues desconocían sus familiares. La salud de mi ama cada vez era peor y había veces que pasaba enferma toda una semana. El doctor decía que se debía a un problema con el corazón y le provocaba que se cansara demasiado, le recomendó que guardara reposo y que hiciera el menor esfuerzo posible; al parecer mi ama no entendió bien la palabra "menor" porque hacía todo lo contrario. Yo la cuidaba todo el tiempo, aunque ella me regañaba diciendo que quería estar sola o que no necesitaba mi ayuda, no me importaba, era mi amada ama y quería que estuviera a mi lado el mayor tiempo posible.

Esta mañana Integra había amanecido más enferma que de costumbre y no había salido de su habitación para nada, John todavía seguía de luna de miel con su esposa. Al anochecer fui a visitar a mi ama. —No has comido nada—. Le reclamé cuando aparecí en su habitación, tenía la charola con la comida intacta, ya estaba fría. —¿Quieres que mande a que te preparen algo? ¿Un té?

—No gracias Alucard, no tengo hambre. Alucard, creo que ya me voy.

—¿Qué? ¿A dónde?—. No entendí al principio a qué se refería y después no quise entender.

Ella sólo se rió. —Me voy a morir, ya llegó mi hora.

—Vamos ama, has estado más gravemente enferma y siempre te alivias, hoy no va a ser diferente, tú estarás bien para mañana, siempre es así contigo.

—Está vez es diferente, lo siento, creí que uno no podía presentir cuando llegaba su muerte pero me equivoqué, puedo verlo claramente; me alegro de que John esté feliz con Anabel en su luna de miel, no me gustaría que sufriera viéndome morir. Además quería estar sola con mis pensamientos pero llegaste.

—Y no me iré ni aunque me lo ordenes.

—Me lo suponía, estoy muy cansada para alegar contigo así que no te diré nada.

—Podría ayudarte, podría evitar que esto pase.

—No digas tonterías Alucard, ¿qué clase de ejemplo sería para mi hijo?

—No quiero que me dejes.

—Lo siento mucho.

La abracé, recargué mi cara en su pecho, no quería hacerme a la idea de perderla, no quería cambiar de amo. Levanté la cara y le di un suave beso en los labios. Mi ama iba a decir algo pero yo puse un dedo en sus labios. —No me regañes, no me reprimas, no me calles, no ahora—. Le volví a dar otro beso. —Quédate conmigo.

—Alucard eres un tipo bastante extraño ¿lo sabías? La persona que te quitó tu libertad va a morir, deberías estar feliz.

—Tal vez, pero será que me has esclavizado tan bien que me hiciste amar mis grilletes, quizás me dio el síndrome de Estocolmo, por eso siempre te he servido y te serviré con devoción, y por ti, sólo por ti, serviré de igual manera a tu hijo y a su hijo después de él.

—Lo dicho, eres muy extraño—. Sonrió.

—Ya te he dicho en repetidas ocasiones lo que siento y que tú eres tan mía como yo soy tan tuyo, no deberías de sorprenderte—. Ella suspiró con resignación rodando los ojos incrédula de mis sentires. —Y aunque hagas esas caras, eso es lo que siento realmente. Integra Hellsing te juro que no te dejaré descansar en paz.

—Alucard eres incorregible.

A pesar de temer la respuesta, me animé formularle una pregunta, después de todo esta sería la última conversación que tengamos, por desgracia. —Integra ¿alguna vez has llegado a pensar que me quieres o que tienes algún afecto por mí?

Se quedó callada un momento, planteándose a sí misma la pregunta, analizando su respuesta. —No lo sé Alucard, y lo digo en serio, me he preguntado en muchas ocasiones si alguna vez he amado a Jonathan realmente porque a veces creo que no soy capaz de sentir tal cosa. Eres mi confidente, no lo puedo negar, me conoces mejor que nadie, tenemos secretos compartidos, tu presencia ha cambiado mi vida por completo desde que te conocí, no puedo decir que no significas nada para mí porque estaría mintiendo; fuiste el ser que más odié en el mundo y después fuiste mi arma, mi aliado, un aliado obligado claro está, pero al fin aliado. Pero de eso ha sentir amor o cariño, lo dudo mucho. Sin embargo puedo decir que Johnny y tú son las personas más importantes en mi vida, en ese orden.

Ya me esperaba esa respuesta, siempre lo he sabido, aunque dijo que soy importante en su vida y no me esperaba eso. —Gracias por tu sinceridad—. Le di un beso en la frente. —Tal vez te parezca extraño pero creo que también debería agradecerte por esclavizarme. Hace mucho, cuando me golpeaste con una pala, me dijiste que no era nada, que mi existencia era vacía y que tú me darías un propósito. En ese momento me molesté, pero es verdad nunca he tenido un propósito desde que me volví un vampiro; he vagado por cientos de años como un caminante errante sin rumbo. Pero ahora tengo la misión de obedecer a mi amo, mato vampiros para salvar a los humanos, es una noble misión, y por tanto es algo que nunca hubiera hecho por mi cuenta.

—No deberías agradecerme a mí en todo caso, sino a la reina, yo quería matarte ¿recuerdas?, aunque lo cierto es que ninguno de los dos cumplió con su objetivo de aquel entonces. Tú querías vampirizarme y ser mi amo, al final resultó al revés; yo quería matarte pero la reina me obligó a esclavizarte y me convencí a mi misma que quería hacerlo para no sentir que fracasaba, y te vencí, sin embargo me condené a tenerte a mi lado cuando realmente quería liberarme de ti.

Me reí, que gracioso sonaba ahora, tan irónico. —Se podría decir que los dos perdimos y ganamos al mismo tiempo, uno no sabría si maldecir o bendecir su suerte o su desgracia. Tal vez estamos condenados a estar juntos.

—Tal vez, pero esa condena se termina hoy, para bien o para mal.

—¿Me extrañarás?

—Supongo que sí, si tengo conciencia en el cielo o dónde sea que vaya a parar mi alma si es que tengo.

—Claro que tienes un alma e irás al cielo, te lo mereces. Yo mientras tanto te extrañaré horrores y rogaré por que exista la reencarnación y regreses en ti misma.

Integra suspiró cansada. —Cuida mucho de Johnny—. Oh no, se está despidiendo, su fin se acerca, y empiezo a sentir miedo, aprieto fuerte su mano. —Dile que siempre lo he amado, y que lo cuidaré desde dónde sea que esté. Dile que confío en él, que estoy segura que será un excelente líder—. Se acomodó en su almohada. —Alucard, tengo sueño—. Cerró los ojos.

—No, no cierres los ojos—. Empecé a moverla. —No debes dormir, despierta.

—Déjame en paz.

—No, no lo haré—. Mi voz estaba quebrada, pronto rompería en llanto. Recargué mi cabeza en su pecho, pude sentir como su corazón desaceleraba su ritmo.

—Alucard no llores por favor—. Me hablaba con los ojos cerrados y puso su mano sobre mi cabeza. —No me gusta verte así… me parte el corazón—. Exhaló pesadamente. Después su mano se deslizó de mi cabeza, sin fuerza; la moví y la llamé para despertarla pero no respondió, su corazón ya no latía. La abracé, tratando de retenerla a mi lado.

John recibió la llamada del doctor, le dijo que su madre falleció en la madrugada, y de inmediato tomó el tren, había ido a Francia a su luna de miel. Estuvo presente para el funeral, al igual que Hans, Alexander y otros nobles. Yo también estuve ahí, apartado de la muchedumbre, recargado en un árbol, sentí un vuelco en mi muerto corazón cuando vi el ataúd descender en ese agujero en la tierra. Mi amada ama ya no estaba y nunca la volveré a ver. No lloré si no hasta que estuve en mi ataúd encerrado, del cual no salí sino hasta la noche del día siguiente y eso porque hubo una misión y mi nuevo amo me llamaba.


¿Qué pasó con los demás? Bueno pues Seras y Pip se enteraron del funeral de mi ama por medio de una carta que le envió Alexander, ellos morirían a los 80 años, se durmieron juntos y ya no despertaron al día siguiente. Habían tenido tres hijas, Seras le envió una foto a Integra de la adorable familia cuando estaba embarazada de la tercera, en la foto estaban: ella con su crecida panza de cinco meses, Pip a su lado, la mayor de las hijas de ocho años de edad y la de en medio de cuatro. Mi ama le respondió enviándole la foto donde estaba ella con Johnny de cinco años y a su lado la señora Andrew, yo había tomado la foto sólo porque quería utilizar ese aparato llamado "cámara fotográfica". Para cuando la feliz pareja había fallecido sus tres hijas ya estaban casadas.

Alexander nunca se casó aunque se decía que tuvo muchas amantes, todas ellas rubias de pelo largo; murió a los 50 por una enfermedad, según dicen, de trasmisión sexual. Hans se mudó a Alemania y ya no volví a saber de él.


Estuve deprimido por más de un mes pero no lo demostraba, todas las madrugadas lloraba, pues soñaba con mi ama. Tal vez suene irónico pero debido a la depresión me volví innecesariamente sádico en mis matanzas, hacía sufrir a los malditos infelices de los vampiros con los que me tocaba pelear. Matarlos no era suficiente y les provocaba las muertes más horrendas que jamás lo hubiera podido imaginar el peor sádico del mundo. Los cazadores humanos que se encargaban de los ghouls me veían con horror y me temían, antes no lo hacían porque Integra me tenía bajo control e impedía que hiciera un festín con mis victimas. Jonathan Hellsing, sin embargo, no tenía más control sobre mí que el ya previamente establecido, así que no pudo impedir mis masacres. Aumenté innecesariamente el número de mis almas, obteniendo 200 almas más sólo durante el tiempo de liderazgo de John.

En 1922 tuvo un hijo con su bella esposa Anabel, le puso Arthur por el rey Arturo, su héroe de la infancia. Al parecer los Hellsing estaban salados con sus relaciones maritales, pues pronto, lo que parecía ser un feliz matrimonio, se volvió una tortura para ambos en poco tiempo. El problema era que John la amaba pero nunca supo como demostrarlo, él estaba muy sumido en su trabajo y nunca le puso mucha atención ni a su esposa ni a su hijo. Compensaba su ausencia dándoles dinero para que malgastaran en cosas banales como ropa y joyas en el caso de su esposa y juguetes en el caso de Arthur.

Cada vez que ella le exigía atención terminaban discutiendo. Él tenía muchas presiones pues todo el mundo insistía en compararlo con su heroica madre y por eso tenía que esforzase el doble. Al final desquitaba su coraje con el personal de servicio, con los cazadores o conmigo en última instancia pues no me dirigía la palabra más que para lo necesario.

Entonces para cumplir sus misiones de manera más eficiente, a John se le ocurrió una manera de matarlos más rápido: fabricar balas de plata y bendecirlas. Las balas de plata eran para los hombres lobo pero de todos modos lo intentó.

—Alucard ven, quiero hacer un experimento contigo—. Me llevó al jardín y me disparó con una bala normal en el pecho. —¿Te duele?

—No—.Me regeneré rápidamente, esa bala no me había causado ningún problema.

Puso la bala de plata en el tambor del revólver —Muy bien, ahora extiende tu brazo—. Me disparó en la mano por si a caso no me pudiera regenerar.

—Aaagh—. Esa si me había dolido y tomé mi mano con la otra. Mi ama Integra había incrementado hace mucho mi habilidad de regeneración, así que pude volver a reconstruir mi mamo pero con algo de trabajo.

—Excelente, muy bien Alucard ahora usarás una pistola con balas de plata bendita para matar a los gouhls y vampiros de bajo nivel, supongo que para ellos será letal.

John mandó a crear una pistola especial para mí con balas de plata bendita, estas pistolas eran más pesadas y grandes para soportar el peso de la plata y la intensidad del disparo. Para los cazadores humanos mandó a construir rifles especiales, pues una pistola de mano sería pesada para ellos, en cambio un rifle lo podrían soportar con ambas manos. Desde entonces cada vez que quería desahogar su estrés me usaba como tiro al blanco con la excusa de probar las armas.

No me importaba en lo más mínimo que John me disparara no me dolía o no tanto, y no me quejaba. No lo hubiera odiado como lo odié sino hubiera hecho algo que lo hizo merecedor de todo mi rencor.

En una ocasión fui a visitar la tumba de mi ama, había terminado mi misión muy temprano y quise dar una visita nocturna por el panteón. Ay Integra, te extrañaba tanto que quería gritar y matar a alguien. Quise visitar también a mi pequeño amigo, aprovechando que estaba ahí. Fui al lugar donde recordaba que estaba Schödringer pero no vi su lápida, sólo estaba la de la señora Andrew. ¿Dónde estaba entonces?

Al día siguiente le pregunté a mi amo y me respondió: —No conozco a ese sujeto, mi madre nunca me habló de él, así que no sé que hacía en el panteón familiar para empezar.

—¿Y por eso lo quitaste de allí?—. Lo cuestioné molesto. —¿Dónde lo dejaste ahora?

—Dónde están los seres sin familiar, en la fosa común.

Si no hubiera sido mi amo lo hubiera empalado y le hubiera rajado el estómago para que se desparramaran sus viseras en el suelo. Lo odié. Después me enteré que lo había removido de su sitio porque en la lápida decía que era amigo mío y de su madre; era alguien que nos unía y siempre había sentido recelos por aquellos rumores. No obstante, no tenía derecho a hacer eso, él descansaba en paz allí en compañía de Integra, después de todo lo mal que lo había pasado en vida tenía un lugar donde descansar en paz al fin, un lugar donde podría visitarlo y llevarle flores; pero ahora estaba entre vagos y maleantes, igual que en vida. Lo odié tanto que decidí vengarme de él utilizando a alguien completamente inocente: Anabel.

Ella se sentía muy sola, se sentía sin amor y me aproveche de eso; así que cuando él no estaba me acostaba con ella, sí lo sé, era muy cínico de mi parte. Estaba desesperada por afecto, y me aceptó sin cuestionarse mis intenciones, ella sabía que yo era un vampiro y ni así me tuvo desconfianza. —¿Me quieres?—. Me preguntaba la pobre mujer cuando terminábamos.

—Ya cállate y vístete, tu marido no tardará en venir, no quieres que te vea así ¿verdad?—. Siempre hacía lo que yo quería, me recordó a mis novias, la traté como a ellas y la despreciaba igual que a ellas. Anabel no era muy astuta así que no sabía mentir muy bien y su marido no tardó en sospechar que tenía una aventura con alguien, ¿con quién? Nunca lo supo a ciencia cierta, pero tenía sus sospechosos: un noble que a menudo la invitaba a bailar en las fiestas, el apuesto jardinero que siempre hablaba con ella de plantas (ella era una aficionada de la jardinería y se la pasaba la mayor parte del día plantando o podando flores y arbustos), y en tercer lugar… ¡yo!

Por si acaso despidió al jardinero, dejó de llevar a su mujer a las fiestas alegando que se sentía indispuesta cada vez que le preguntaban por ella y a mí me encerró. Integra había creado un hechizo para dormirme durante un tiempo indefinido en caso de ya no requerir de mis servicios pero nunca lo utilizó naturalmente; no obstante se lo había enseñado a su hijo y decidió que ya no había más misiones que yo pudiera cumplir pues los vampiros eran de tan bajo nivel que los humanos podrían combatirlos sin problemas y me confinó en mi ataúd.

Anabel pensó que jamás volvería a despertar, se sintió abandonada y decidió suicidarse colgándose del techo de su habitación, de eso me enteraría años después.


Desperté en 1944, cuando Arthur cumplió 22 años, su padre ya se había muerto, y tenía un medio hermano de 12 años. John se había vuelto a casar con la hermana del dueño de una fábrica de armas que le proveía los rifles, pistolas y municiones que requería. Se casó con ella por interés sólo por negocio para conseguir armas a buen precio. Por otra parte, el hermano de ella quería que se casara antes de que muriesen sus ancianos padres para que no cobrara la herencia; la pobre Grace estaba a cargo de su hermano porque sus padres no podían cuidarla, entonces la obligó a casarse a la tierna edad de 19 años con un hombre de 30.

Según me enteré él nunca pudo superar la muerte de Anabel y siempre en sueño pronunciaba su nombre, eso le causó una gran amargura a Grace que se volvió cada vez más frívola y no dudaba en malgastar el dinero de su esposo. Entonces, una vez que iba saliendo de una joyería un ladrón quiso arrebatarle sus compras y en ese forcejeo la mató. Richard, de escasos cuatro años, se quedó completamente solo, puesto que si John nunca tuvo tiempo suficiente para cuidar a Arthur, menos lo tuvo con el segundo.

Arthur era todo lo contrario de su padre y de su abuela, que habían sido responsables y consagrados a su trabajo. No, el nieto de Integra resultó ser un vago que se iba de juerga con sus amigos a malgastarse su dinero en mujeres y alcohol. Arthur cumplía sus misiones de manera eficiente, eliminando al enemigo con cierta presteza, no era para nada incompetente pero se le reprochaba su falta de seriedad y de decencia. Todo el mundo lo comparaba con su padre y con su abuela, de la que oía hablar maravillas desde que era un niño, pero a él dichas comparaciones le importaban un comino.

—Arthur que sorpresa, la última vez que te vi tenía años, y ahora ya eres el líder de Hellsing—. Le dije cuando me despertó.

—Sí, así es, hacía mucho que no nos veíamos. En fin, te desperté porque estamos en guerra, el enemigo es otra vez Alemania, ven vamos a mi oficina y te explicaré todo.

Resultó ser que el enemigo tenía un ejército muy peculiar: eran ghouls creados de manera artificial, sin necesidad de la mordida de un vampiro y estaban programados para cumplir una orden precisa. Y yo que creía que sólo los vampiros no tenían respeto por la humanidad, pues los humanos resultaron peores. Arthur consideró que esa misión era muy superior para las tropas humanas y me despertó de mi letargo.

—Viajaremos a Varsovia, ahí está la base de los enemigos—. Me informó Arthur después de ponerme al tanto de la situación actual. —Ahora ven, te presentaré a tu compañero para esta misión. Entre él y tú se encargaran de destruir a los enemigos.

—No necesito un compañero—. Protesté.

—Claro que sí, él es un experto, no por nada le dicen "el ángel de la muerte"—. Bueno eso sonaba un poco interesante, tal vez sería un soldado experto o un asesino a sueldo, al menos sería lo suficientemente útil para no morir en la primer batalla.

Fuimos a la biblioteca y ahí encontramos a un niño con uniforme de mayordomo sacudiendo los libreros. —Alucard, él es Walter C. Dornez tu compañero de armas, Walter él es Alucard el vampiro del que te hablé.

El chico me miró con curiosidad. —Y bien, ¿dónde está mi supuesto compañero?—. Pregunté esperando que no se tratara de él.

—¡Oye!—. Rezongó el chico ofendido.

—Lo tienes enfrente—. Explicó Arthur. —Tienes que agacharte un poco más para verlo porque es una pulga—. El chico se molestó y le lanzó un libro a la cara. —¡Ouch! Es la verdad Walter, eres un enano.

—Si no fueras mi amo ya te hubiera partido por la mitad—. Alegó Walter.

—Espera un momento, ¿estás diciendo que ese mocoso es el supuesto ángel de la muerte?—. Le pregunté a Arthur sin dejar de apuntar con el dedo al chico en cuestión.

—Sí, así es, Walter demuéstrale.

—Vaya, pensé que nunca lo dirías—. Sacó de sus bolsillos unos guantes negros sin dedos y se los colocó, luego movió las manos.

Bufé molesto. —¿Qué es lo que se supone que me va a demostrar este mocoso?—. Me empezaba a exasperar, entonces el chico apretó los puños y pareció jalar algo en el aire como una cuerda invisible; segundos después estaba descuartizado: mi cabeza estaba partida por la mitad a lo ancho de mi cara, mi torso, mis brazos y piernas estaban desprendidos y partidos por la mitad también. Creo que realmente lo hice enojar. Me regeneré riéndome a carcajadas, no me esperaba eso, no lo vi venir, el chico resultó ser mejor de lo que pensaba.

El chico me miraba extrañado viendo como me regeneraba, pero luego adoptó una actitud ufana sabiendo que me había dado una lección. —Espero que con eso te hayas convencido vampiro.

—Está bien, me convenciste chico.

—No me llames chico, dime Walter o si lo prefieres puedes decirme "shinigami".

—Relájate niño no seas tan pedante, que si de lecciones se trata yo te podría dar una que nunca olvidarás.

—Bueno ya basta ustedes dos—. Nos reprimió Arthur. —Alisten sus cosas que partirán de inmediato. Ah por cierto Walter, si viene Anastasia hazla pasar a mi cuarto—. El muchacho rodó los ojos con fastidio.

Antes de partir mi amo nos explicó, el plan de ataque que debíamos seguir, tendríamos que investigar donde se encontraba la base del enemigo y destruir todo; me agradaba la parte de destruir cosas pero había una parte del plan que no me gustaba en absoluto.

—No, de ninguna manera, no pienso hacerlo.

—Si no lo haces te volveré a confinar en tu ataúd.

—Hazlo—. Me encogí de hombros. —No es mi guerra.

—Déjalo Arthur, no lo necesito—. Se entrometió Walter en la discusión. —Yo solo puedo vencer al enemigo—. Solté una risa incrédula. —Además seguramente se niega a hacerlo porque no puede, es obvio.

—Si crees que con eso vas a provocarme para que realice esa ridícula transformación estás muy equivocado—. Le respondí al pedante mayordomo.

—Está bien, está bien—. Empezó a decir Arthur. —Tú quieres algo a cambio ¿no? De acuerdo, si lo haces dejaré que te acuestes con Anastasia y su bonita amiga Ruth.

—Puff yo podría conseguir eso por mi cuenta con absoluta facilidad y sin pagarles nada, a diferencia de ti que tienes que vaciar tus bolsillos.

Walter bufó hastiado. —Par de pervertidos—. Murmuró.

—Bueno ya estuvo bien, soy tu amo y te ordeno que te transformes en chica.

En contra de mi voluntad tuve que acceder, me transformé en una chica de la misma edad que Walter, tenía el cabello largo, negro y vestía traje blanco con un sombrero ruso. La excusa de Arthur es que las niñas daban la apariencia de ternura e inocencia y nadie podría sospechar de mí con esa forma mientras investigábamos.


Partimos a Varsovia en un avión de contrabando de E.U.A. de ahí nuestra misión fue rastrear dónde se dada el mayor número de ataques de vampiros; me bebí la sangre de uno de mis enemigos y así pudimos conocer la ubicación de la base y el nombre del líder. Al parecer ellos querían que los encontráramos pues cuando llegamos no parecieron extrañados, sino todo lo contrario. Entre Walter y yo volamos en pedazos toda la base de investigaciones y maté al líder, el mayor Max Montana. El doctor creador de estas abominaciones huyó a quien sabe dónde, al parecer a alguna región de América Latina, según unas investigaciones parciales. Se nos ordenó no seguirlo por asuntos de política exterior y volver a Inglaterra pues la misión ya estaba concluida, no teníamos nada más que hacer.

En 1945 terminó la guerra con la rendición de Alemania, sus fuerzas se habían diezmado. Sin embargo, al parecer los seres humanos no pueden vivir sin guerras y dos años después empezó la llamada Guerra Fría.

Durante ese tiempo se inventaron grandes cosas: la bomba atómica y la serie de devastadoras y mejoradas bombas que surgieron después, la televisión y posteriormente la televisión a color, el primer satélite enviado al espacio y después lo más asombroso que jamás haya existido: el cohete espacial. En 1961 un ruso fue el primer ser humano en viajar al espacio. Arthur, Walter y yo seguíamos la noticia con emoción, pues aunque se tratara del país enemigo no dejaba de ser asombroso.

Ocho años después, Walter, sir Hugh Islands, el líder en ese entonces de la Mesa Redonda y mejor amigo de mi amo, Arthur y yo, estábamos reunidos en la sala de mi amo viendo el televisor con sumo interés; estábamos presenciando el primer viaje a la luna hecho por un cohete estadounidense llamado Apolo 11. Vimos por televisión como el cohete despegaba dejando una gran estela de fuego. Y en las noticias pudimos saber que la nave aterrizó con éxito en la luna, yo no podría estar más emocionado, y recordaba a mi ama. —Al fin llegaron a la luna Integra, ojalá lo pudieras ver—. Pensaba.

"Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad", había dicho el astronauta.

—Menos mal que la nave no aterrizó en el ojo de la luna—. Bromee. Arthur y Walter me miraron extrañados sin entender a lo que me refería. Bufé exasperado. —Ustedes los jóvenes no podrían entenderlo—. No iba a molestarme en explicar mi comentario.

—Está haciendo un eufemismo a la película "el viaje a la luna" una película de cine mudo en la que la nave de los científicos aterriza en el ojo de la luna—. Explicó el culto Islands, que sabía mucho másde cultura general que Arthur.

—Aaah—. Exclamaron los dos entendiendo al fin. —Pero tengo una duda—. Dijo Arthur. —¿Qué significa eufemismo?

—¡Ay Arthur!—. Se molestó Islands.


Tiempo después, Arthur decidió que ya no necesitaba de mis servicios, y me encerró en mi ataúd, su padre le había dicho que yo era un ser sumamente peligroso y que sólo debía utilizarme cuando era necesario; el peligro de la guerra ya había pasado y había una completa ausencia de ataques vampíricos. La guerra actual sólo era entre humanos y yo ahí no tenía nada que hacer. Aunque en realidad Arthur quería viajar por la India y por África y demás lugares exóticos que pudieran satisfacer su naturaleza aventurera; entonces pensó que no podría llevarme a todas partes y se deshizo de mí, sin embargo se llevó a Walter consigo, lo había contratado temporalmente durante la Segunda Guerra pero al parecer se hicieron amigos y decidió conservarlo como su mayordomo y agente especial.

Desperté nuevamente en 1989, 20 años después, pero esta vez no era por una situación de guerra, de hecho me habían despertado por mero accidente; mi nueva ama venía huyendo de su tío Richard que quería matarla para quedarse con la Organización Hellsing. Me despertó la sangre que brotó de su brazo cuando le dispararon a ella.

Probé su deliciosa sangre lamiendo el piso, tenía un sabor que me parecía muy familiar, un sabor inconfundible. Cuando terminé de lamer el suelo levanté la vista y los vi a todos asustados: Richard con sus secuaces habían bajado sus armas pues estaban atónitos; a un lado de mí, estaba mi ama que me miraba también asustada con los azules ojos abiertos a su máxima capacidad.

Yo también la miré conmocionado, mi nueva ama tenía los ojos azules, pelo rubio largo y se llamaba Integra, era idéntica a su bisabuela. Era ella, su sangre tenía el mismo sabor, no había duda, nunca podría olvidar ese delicioso sabor. ¿Había regresado por mí? ¿Para mí? No lo sé, sólo sé que la tenía de regreso y haría todo por mantenerla a mi lado por siempre como debí hacerlo desde un principio.

FIN


WAAAH! que emocionante es escribir la palabra FIN :3 bueno ahora van las aclaraciones:

1.- la película que vieron Integra y ALucard se llama viaje a la luna, es de 1920, en dicha película el científico más viejo empieza a golpear a los seres de la luna con su bastón cuando estos los atacan y explotan en una nube de humo.

2.- lo que dice Alucard después: "o con microbios" hace referencia a la novela la guerra de los mundos una novela de 1898.

3.- El síndrome de Estocolmo se trata de que una persona que es capturada contra su voluntad desarrolla sentimientos de afecto hacia su captor.

4.- Ese primer encuentro entre Arthur y Alucard y Alucard y Walter me costó mucho trabajo no sabía bien como plantearlo, mi primera idea era que Alucard lo conocieran así como conoció a Schöfringer, pero pensé que con esto el cap. quedaría innecesariamente largo.

5.- luego la transformación de ALucard, ¿qué motivo podría haber para tal cosa? sólo se me ocurrió ese y mira que pensé con ganas.

6.- El título es por la frase que le dice Dracula a Jonathan en la peli: ¿Crees en el destino? que los poderes del tiempo pueden alterarse por un sólo propósito, que el hombre más feliz sobre la tierra es aquel que encuentra el amor verdadero. (Adoro a Gary Oldman :3) Bueno en la peli Mina es Elizabetha por eso el conde quería ir a Londres, así que en este fic quise que Integra regresara años después como la hija de Arthur. Espero que no les parezca muy absurdo ese final porque a veces me lo llegó a parecer XD

En fin, nuevamente gracias a todos los que se pasaron por aquí a leer esta historia, gracias por sus comentarios y por seguir este fic :3 *-*

Muchas, muchas gracias a:

La Lechuga Loca

R. Malina Westerna

Chiara Polairix Edelstein

Palomixta

Kokoa Kirkland

Lince 12

Lenore 018

Shidori

Ana-Integra Hellsing

Dulce Tiramisu

Karennaz26

Zak

Asdf Aimee

Vilma

Vanilla Flower

Romiross

Asdf

Ane

Kyuubi No Akitami

Luna Gabrielle

Shizekerstein 23

Animemaniaca 97

Venus in arms

Mayra Niimura