Arthur paseaba embobado por los pasillos del Hetalia Gakuen con su uniforme de jefe del consejo estudiantil con sus libros y su mochila, además de su almuerzo. Se chocó sin querer con Yao, Elizaveta, Ludwig y Antonio en diferentes ocasiones y es que no tenía ni idea de por dónde iba ya que estaba pensando solo en una cosa, o mejor dicho, en una persona: Alfred.

Alfred era el capitán del equipo de futbol americano. Era de piel ligeramente bronceada, ojos azules como el cuelo y pelo rubio trigo. Era además alto y musculoso. El sueño de cualquier chica y... bueno, de Arthur también. No podía dejar de pensar en ese chico, y parece ser que sus mayores deseos se hicieron realidad al encontrarse al final del pasillo con él.

Estaba hablando con sus mejores amigos, Gilbert y Mathias. Parecían discutir algo con un papel y fue entonces cuando miraron hacia Arthur, este, nervioso, no pudo evitar sonrojarse y dirigirse a su taquilla, a guardar unas cosas. Alfred y le estaba mirando y parecía que iba a ir a hablarle de algo, no sabía de qué, pero de algo.

Bueno, lo que más deseaba Arthur era que en un jardín de rosas Alfred apareciera sobre un unicornio y le pidiera salir. Sí, era extremadamente cursi, pero era su mayor deseo y dado que era extremadamente fantasioso y eso era algo que no salía de su mente no tenía nada de lo que avergonzarse. Pero algo era cierto, y es que jamás se fijaría en él, ya no solo porque era bajito, que también, sino porque era un chico, y no uno muy popular, de hecho, ser el presidente era algo que solía etiquetarse de chivato o pelota cuando en realidad lo único que buscaba era organizar las cosas e intentar ser popular.

Mientras estaba inmerso en sus pensamientos una voz le asaltó por detrás, era Alfred. Oh Dios, era Alfred, era él. Cogió en ese momento su libro de Historia, si, tenía Historia… ¿No?

-Ey, Arthur…

-Di-dime… -respondió sonrojado.

-Tenemos química, ¿Eh? –dijo apoyando su hombro en la taquilla y sonriendo.

¿Química? Oh Dios, eso significaba que le estaba tirando los tejos, le piropeaba, la adulaba, quería una cita… ¡Fijo que quería una cita! Un momento, le gusta. Arthur le gustaba. ¡No habría empezado otra conversación con esas palabras en caso de no haber pedido una maldita cita! Le estaba diciendo que tenían química, que eran compatibles, que estaban hechos el uno para el otro.

-¿T-tú crees? –dijo tembloroso el de ojos verdes. Alfred, su gran Alfred y él iban a salir, el pasillo del colegio no era su jardín de rosas y Alfred no venia montado en un unicornio, pero daba igual porque lo que de verdad importaba si que estaba ahí, se imaginaba cabalgando hasta la puesta de Sol para ser besado en lo alto de una colina para recortar sus siluetas en el Sol que desaparecía hasta que un jarro de agua fría le cayó en la cabeza al escuchar las siguientes palabras de Alfred.

-Sí, claro, mira el horario -dijo sonriendo inocentemente.

-¡Pedazo de idiota! -gritó tsunderemente Arthur estampándole el libro de Historia en la cabeza marchándose enfurecido y casi echando humo mientras murmuraba algo que parecían insultos.


Pequeño fic que he escrito en prácticamente 10 minutos… no tengo mucho decir la verdad, solo que al pobre Arthur se le han deshecho las ilusiones rápidamente xD Es que hay que tener cuidado con los piropos y como interpretarlos~ Soy la unica que se imagina a Artie rojo de la rabia gritandole al pobre? jijiji