Hola, aquí les traigo el siguiente capítulo. ¡AL FIN! Es que tuve mucho trabajo, pero bueno aquí se los dejo.

Ahora tendrán más interacción Wesker y Jill... jajaa... :D

Gracias por los reviews muchas gracias :D ¡Se les quiere!

¡SALUDOS!


Capítulo trece: Ser amado una vez

Desperté. Tenía un fuerte dolor de cabeza y me sentía mal. Yo quería vomitar, pero me aguanté no iba a ensuciar con el pestilente olor en mí habitación. Por lo tanto miré hacia un lado y me sorprendí mucho al ver a Jill a un lado mío con una pequeña comisura de sus labios había una sonrisa. Ella tenía atrapada mi mano con la suya era tan delicada, frágil y hermosa. ¿Por qué me la toma? No recuerdo nada de lo que paso ayer acaso tuvimos un encuentro carnal, pero si esta vestida lo descartaríamos por lo tanto, me habría gustado tenerla en la noche ¡Lástima que no pasó! Aunque no sería mala idea aprovecharme, manipular.

Intenté divagar por mis pensamientos para averiguar que sucedió. No logré hacerlo. Solté mi mano para levantarme de la cama, pero me topé con un par de personas dormidas en el diván que se encontraba junto a mi lugar de descanso. Eran Ángela y Magdalena.

Vi que Magdalena se iba a caer porque su cabeza estaba en la orilla del mueble, así que la moví para que quedara en una posición más cómoda se iba a torcer. Sin embargo no me importa. Nadie, ni si quiera mis hijas como mi cautiva.

Fui al baño anexo de mi habitación a darme un baño, deje correr el agua para que saliera el agua caliente, ya que estuvo a la temperatura que me gusta, me dedique a ducharme mientras trataba de recordar cosas de mi pasado. Algo me hizo sentir esa sensación que me ha atormentado toda mi vida: la soledad.

«―Jill, no me dejes― recordé―. Sabes que te…

¿Acaso pasó eso? O me lo estoy imaginando, tengo lagunas de recuerdos, a lo mejor si me lo imaginé, será mejor que salga de aquí antes que pase algo extraño de nuevo. Iré a llevar a mi prisionera a su habitación no me gustaría que despertará. Además que se acostumbre a entrar a mi habitación.

Voltee a ver a Jill, pensé que iba a huir cuando me puse en ese estado extraño, pero no lo hizo ¿por qué? Aunque sigo sin recordar que sucedió, pero creo que al pasar el día lo recuerde y pueda saber a qué se debía esa sonrisa que tenía cuando me levanté.

«―No te dejaré, Wesker―volví a recordar o imaginar―. Lo prometo…»

La tomé en mis brazos para llevarla a su habitación era tan ligera. Ella dormía plácidamente, creo que se debió dormir al cuidarme toda la noche aunque me siento confuso, no puedo creer que no se haya escapado.

Los recuerdos empezaron a fluir por mi mente como una cinta cinematográfica de esas películas antiguas en las cuales se muestra lo sucedido anteriormente.

«Lo único que recuerdo que estaba en el laboratorio experimentando con el Uróboros, cuando se le inyectó al sujeto salió de control, es cuando empecé a sentir síntomas extraños, si me había inyectado el suero antes…»

De ahí no recuerdo nada, tendré que hablar con Excella sobre ese asunto después, primero tengo que llevar a mi cautiva a su lugar. La regañaré por entrar a mi habitación igual que mis hijas. Ellas saben perfectamente que tienen prohibido entrar, pero ya da igual.

Llegamos a la habitación de Valentine. La coloque en su cama después opte por taparla hasta el cuello, me le quedé observándola ¿estarán despertando esos sentimientos que más temo? O es que le tengo lastima por que la usaré para mi proyecto, pero no por ahora…

―¿Papi? ―escuché a la pequeña Magdalena en la entrada de la habitación. Me miraba con una sonrisa.

―¿Qué quieres? ―pregunté con frialdad.

―Sólo… bueno… ¿Podemos hacer un muñeco?

Suspiré y me retire del lugar ignorando a la mocosa, me tiene hasta el copete, cree que voy hacer un muñeco de nieve, ni que fuera un niño. Además no tengo tiempo para cosas insignificantes como hacer un muñeco.


Al medio día fui al cuarto de Jill se estaba cepillando el pelo, pero no se había percatado porque cuando me dijo: "pase" debió haber pensado que era Ángela.

―Ángela, ¿cómo…?

―No soy mi hija ―dije con una sonrisa. La verdad me encanta verla con cara de sorprendida. Además, también de enojada, ella iba abrir la boca, pero la interrumpí―: No me digas nada…

Seguía mirándome con odio. Sonreí para hacerla molestar más. Hasta que por fin explotó lanzándome el cepillo. Yo con facilidad lo esquive y la tomé del cuello. Ella comenzó decirme groserías:

― ¡Suéltame bastardo!

―No, recuerdas que eres mi esclava. Sabes perfectamente que eres mía ahora…

―¡Por qué eres así!― gritó golpeando mi brazo― ¿Dónde está el capitán a quién yo respetaba?

La estaba apretando más, pero algo me detuvo, fue lo que había preguntado o porque no quería matar a mi conejillo de indias. Por lo que poco a poco la solté del cuello. Sentía algo confuso dentro de mí "corazón" ¿tengo corazón? Sólo es un órgano más que los demás. Valentine cayó en sus rodillas respirando con dificultad. Le sonreí con superioridad. Ella como siempre intentando no llorar ante mí, por eso me atrae por se hace la fuerte en todo. Me le acerque de nuevo para levantar su mentón para que me viera. Sus ojos estaban llenos de odio, rencor etc. Estos humanos predecibles mostrando esos hábitos de inferioridad.

―Tu eres mía.

―Jamás. Te odio me das asco, tu caminar, tu sonrisa, los labios y todo de ti, Wesker.

―Eso crees. Yo también te odio, pero creo si mi intuición no me engaña tu sientes algo por mí, querida Jill ―ladee mi cabeza sonriéndole.

―Jamás, no me gustas ―se tomó sus manos en la cabeza―. Yo…

―Eso lo veremos…

La solté, y salí cerrando de un portazo. Era desesperante, pero tengo que lograrlo antes de que pase algo extraño, es hora de retomar mi juego.

Me recargué en la puerta todavía no puedo comprender porque siento este sentimiento, y también porque me puse en esa situación.

Llegue a mi cuarto dónde ya no vi a nadie, creo que se fueron a preparar el desayuno. Será mejor que baje a hablar con ellas. Sin embargo una de mis hijas es la indicada para engañar a Chris Redfield, ella tendrá que hacer algo muy… delicado.


Cuando baje estaban ahí en su lugar de siempre, la pequeña coloreando con sus crayones de muchos colores, creo que debe estar dibujando otro estúpido dibujo de "nosotros". Y la mayor debe estar cocinando el desayuno que por cierto nunca tomó porque no tengo necesidad, ya que tengo súper fuerza, mi metabolismo es… Grande.

Bajé. Ellas me miraron con una sonrisa, pero como siempre evité su contacto visual, es decir, me porté frío como siempre. Eso me gusta, claro. Así les provocó miedo a ellas.

Ángela al verme se puso nerviosa porque se debe imaginar a lo que vengo a preguntar, entonces ella susurró:

―Albert…

―¿Qué pasó anoche?

Ella bajó la vista para no mirarme a los ojos. Ángela tenía miedo ¿Pasó algo mientras estaba en cama? Volteó a verme de nuevo con mucho miedo.

―Anoche, yo no…

―No mientas ―interrumpí mirándola severamente, eso la asusta, y comenzó a temblar―. Habla ahora…

―Pues… ―Ella vaciló un poco. Odio cuando hace eso. Me desespera que no me hablé con la verdad―Llegaste mal… y… a Jill… ―Arquee la ceja para obligarla hablar, me fastidia tanto que siempre tenga que hacer rodeo, es ir al grano―le dijiste que la "amabas"

No puede ser, me sentía furioso en ese instante como le dije eso a Valentine, ¿Por qué le dije que la amaba? Eso no es verdad debí estar muy mal para decir esas barbaridades, pero algo salió y aprovecharé para enamorarla; después jugar con ella.

―¿!Enserio!? ―exclamó la pequeña con una sonrisa, y exclamó― ¡Ya tengo mamá!

― ¡Cállate! ―grité con furia para callarla― ¡No digas estupideces!

La pequeña se puso triste, y comencé a caminar hacia Ángela porque quería que me apoyara en mi proyecto. Ella me iba recriminar por lo que le dije a Magdalena, pero la tomé del brazo y me la lleve lejos del alcance de la pequeña; estábamos en mi despacho. Le expliqué que iba a consistir ella empezó a decir un montón de peros entonces le dije:

― ¡Nada de peros! ―bramé levantándome de mi asiento. ―Es una orden.

―Sí, Albert. Lo haré ―me respondió con mucha tristeza. Le puse una mano en su mentón y la obligué a mirarme a los ojos.

―Una cosa más, Chris no debe saber que Jill está viva entendiste. ―La miré, y le empezaron a salir lágrimas ¿Por qué siempre mostrando sentimientos? Los humanos no pueden aprender que el sentimentalismo es malo―. Tu hermana lo pagará, lo sabes muy bien.

Ella sólo dio media vuelta y salió por la puerta. Ahora mi plan estará triunfando Ángela enamorará a Chris para que olvide a mi trofeo: Jill.


Ser feliz, con alguien más. Eso es realmente estúpido, no sé porque ese sentimiento. Ese que todos hablan en cada lugar que voy, y me dije a mi mismo: «Yo no entraré a ese juego, estúpido»


«Me siento extraño al convivir con mis compañeros de S.T.A.R.S. en la playa ver a todos con traje de baño, más ver a Barry con ese estomago abultado parecía morsa con bigote, ¿Por qué me deje convencer? La única que lo hizo fue: Jill. Nada que ver con los demás a pesar que ella era la única mujer junto a Chambers, que por cierto ¿En dónde está la joven? A sí ya la vi jugando con Redfield Vóleibol y los chicos.

La luz solar me golpeaba la cara así que me mantuve en la sombrilla. No me quería requemar el rostro, pero me protegí con el bloqueador solar que había sacado de mi mochila. No sé, pero algo de servir porque no quiero quemar mi hermosa piel.

Me quite los lentes de sol para poder ponerme bloqueador en el rostro, ya como mencioné no quiero quemaduras.

―Capitán, tiene unos ojos muy bellos―me sonrió Jill, llegando en ese instante adonde yo estaba. Me coloqué los lentes de nuevo para ocultar mis ojos. Ella con esa mirada azul y con ese largo cabello castaño se veía bien. ― ¿Por qué los oculta?

―Los ojos ―le dije a Jill al estar observándome. Yo miré a los ojos de ella con incredulidad―. Los ocultó porque…

―No te esfuerces, Capitán ―repuso con alegría. Esa sonrisa me gusta, pero que estoy diciendo, estoy cediendo a sentimientos estúpidos ―Además, se ve bien sin ellos… »


Recordé esa vez en la playa. Ella me miraba con alegría al verme sin lentes, pero le advertí que no dijera nada o la despedía. Por lo tanto ella me guardo el secreto del color de mis ojos, que ahora desaparecieron por completo a unos rubíes brillantes que todo mundo teme. Además es la segunda vez que me los veía, la verdad prefería que mantuviera la boca cerrada o morirá.


Al fin entré a la sala. Estaba en el lugar Jill, sentada en la sala mirando hacia otro lado, creo que estaba soñando despierta como siempre o recordando cosas estúpidas que pasó con Chris o dar una ojeada a una ruta de escape. Sabe que no huirá. Al pensar en Chris eso me hizo sentir realmente extrañó, no estoy celoso, claro. Tengo esa sensación extraña esa de humanos. Además quien quiere a una mortal que es novia de tu peor enemigo.

Me acerqué, entonces la miré viendo un punto específico de la sala, especialmente en la puerta. Seguro quiere ir afuera, pero eso está prohibido por mí, por lo tanto las reglas no cambian. Como quiero conquistarla para jugar con ella tengo que… ser ¿amable? ¡No, puedo! Ella me odia, pero mi plan tiene que funcionar.

―Soñando despierta, señorita Valentine? ―inquirí sentándome en el sillón de enfrente. Ella se sobresaltó y me miró feo.

―¿Qué Quieres? ―me preguntó enojada. Sigue molesta conmigo después de que me soltó todo esos insultos en sus habitación― ¿Vienes a humillarme otra vez?

―No, no quiero ―susurré haciendo una sonrisa, que para ella fue maliciosa. Me cuesta mucho trabajo hacer una sonrisa cálida. ¡Humanos son tan predecibles!

Ella se levantó para irse de ahí, porque no me creyó nada, así que la tomé del brazo. La pude alcanzar gracias por mi súper velocidad.

―Espera… ―dije sin soltarla. La verdad tengo que fingir muy bien, si quiero manipularla. ―Espera… quiero decirte… algo…

Jill me observó con seriedad. Esa mirada tan gris que me hace sentir… bien. No sé qué está sucediendo, pero tengo que empezar a manipularla para hacerla mía. Pensaré algo cursi para ver cómo reacciona.

―Los ojos que tienes están bonitos –susurré fingiendo para que ella se sonrojará un poco―. Enserio están lindos.

Me doy asco la verdad. Yo el gran Albert Wesker diciendo estas cursilerías hacía una humana e inferior a mí.

Ella se había sonrojado en ese instante. Valentine Jaló su mano para dejarla a un lado de su hermoso cuerpo. Acaso la inquieté un poco, eso sería fabuloso porque se está poniendo nerviosa con sentir mi tacto hace unos momentos.

―Gracias, por el cumplido ―comentó mirando hacia abajo. Estaba temblando.

Qué difícil es esto la verdad, nunca había dicho este tipo de cosas, pero mi plan debe funcionar si quiero destruir a Redfield y a su estúpida organización llamada BSAA. Así poder tener la saturación global.

― ¿Quieres comer conmigo?

Tengo que comer algo con ella, no necesito el alimento, pero tengo que fingir muy bien. La falta de alimento no me afecta. Soy fuerte, soy un Dios que jamás será vencido…

― ¿Van a comer?

Ángela estaba en la cocina con cara sorprendida. Ella me veía de manera extraña como asustada y confundida. Jamás, como porque no me da hambre. Además como lo había mencionado no lo necesito.

―Sí, sorpréndeme ―Ángela me miraba con reojo. Después sonrió―. En un momento les sirvo. ―Volteo a ver a su hermana que estaba en la mesa. ¿Me quieres ayudar? Pequeñita… te haré flan.

― ¡Sí! ―Salió corriendo hacia la cocina.

Al decir eso desaparecieron en la cocina. Magdalena le gustaba mucho el flan más como le preparaba su hermana mayor que por cierto tuve el placer de comerlo a escondidas de ellas, estaba delicioso, parece manjar para los Dioses, pero ellas jamás lo sabrán.

Voltee a ver a Jill ella seguía mirando hacia abajo. Me desespera que no me mirara a los ojos así que opte por tomarla de la barbilla para hacerla mirarme. Su mirada era muy triste

― ¿Qué te sucede?

―Sólo estoy confundida. ―me miró con extrañeza―. Gracias… Albert.

Ángela entró otra vez a la sala para decirnos que ya estaba el desayuno listo que ya podíamos sentarnos en la mesa. Me levanté y le di la mano a Jill para que se pusiera de pie.

Caminamos hacia la mesa que era larga como la de una casa medieval era rústica de madera con sillas del mismo material. Jalé la silla para que se siente Jill en el otro extremo de la mesa mientras que yo me sentaba en el otro.

―Aquí tienes tu omelet con queso, Jill.

Le sirvió un gran omelet del tamaño de los platos de la vajilla de porcelana que adquirí mucho tiempo atrás. Nunca la había usado, pero ahora lo usará mi cautiva o mejor dicho vulgarmente mi prisionera.

―Yo sé que tu… ―dejó el plato con fruta con Yogurt―. No estoy muy segura, pero te gusta el Yogurt.

―Gracias Ángela. ―dije con amabilidad. ¡Qué difícil es ser amable!

Ellas se fueron a la cocina, creo que me quieren dar privacidad con Jill así que se retiraron a comer allá.

―¡No, puedo creerlo!― dijo la rubia con entusiasmo―. ¡Esta enorme! No creo que me la pueda terminar…

―Claro que sí ―respondí desde el otro lado de la mesa―. Te lo tienes que acabar…

―Que insinúas, ¿Qué soy tragona? ―inquirió ella con una ceja levantada.

―Será mejor que comamos, ¿no?

―Quiero decirte algo… gracias por el cumplido… no lo…

―De nada, y ya come, ¿sí?

Ella sólo me sonrió con esas sonrisas que le dedicaba a Chris, que durante tanto tiempo esperé con ansias, ahora esta convencida que no le haré daño. Además estar durante 4 meses aquí peleándose conmigo creo que le debe estar dando el síndrome de Estocolmo, me aprovecharé.

Comenzó a comer, y yo también lo hice. La verdad eso de comer no se me da, pero lo hago por mi juego.

Lo logré estará ahora a mis pies. No debo cantar victoria todavía falta un poco de tiempo para enamorarla. ¡Que comiencen los juegos de amor!

Continuará…


Hola estoy feliz porque continúe la historia... la verdad no tengo mucho tiempo, pero espero que les gusté.

Gracias a todos por los reviews.

Especialmente a mis fieles acompañantes, pero hoy no contestaré los reviews... :D

No estoy de humor... porque... es una larga historia... jejeje

saludos.