Estaba caminando hacia la enfermería cuando lo vio .Frente a él, su rubio "amigo" charlando animadamente con una castaña. Conocía las intenciones de esa chica, era algo obvio. Sus tan amados humanos eran tan predecibles… aunque bueno, ahora odiaba a esa chica.

Lucía muy nerviosa mientras jugueteaba con los dedos de sus manos, podía decir con seguridad lo que ella tenía en mente –confesar sus sentimientos –. ¿Quién diría que alguna chica se enamoraría del monstruoso rubio? Bueno, tenía que admitir que el rubio era muy atractivo, pero eso no podía ser ya que el pelinegro se había encargado de que cada persona en el instituto le temiera. ¿Cómo era posible que esa simple chica se enamorara de él? Izaya debía de molestar más a Shizuo y sacarlo de sus casillas más joven pelinegro esperaba ansiosamente que la escena que observaba terminara en desgracia. El chico en cuestión –Shizuo– no podía aceptar los sentimientos de una desconocida, le conocía y por eso sabía que no podía entrar en una relación por temor a lastimar a esa joven "delicada". Por lo menos esperaba que el rubio actuara conforme a sus planes esta vez, pero no; como siempre, hacía todo lo contrario a lo que esperaba. Izaya estaba furioso, muy molesto, pero más que nada… tenía el corazón roto.

¿Por la chica? Já. Claro que no… el moreno estaba enamorado del Heiwajima mayor. Desde el día en que su amigo Shinra intento presentárselo. Estaba muy nervioso –aunque no lo parecía–, había visto al rubio algunas veces mientras caminaba por la escuela y durante los recesos y cayó flechado ante su atrayente presencia y su descomunal fuerza; por eso, debido al temor de que su rostro mostrara en ese momento debilidad, adoptó una mirada siniestra y una actitud molesta. También era una forma de ocultar su miedo, no quería arruinarlo… lástima que el otro no logro darse cuenta y simplemente le dijo que no le agradaba –todo se arruino en ese instante-. El corazón de Izaya se rompió, aunque en ese momento no lo demostró. Decidió maquinar otra forma de llamar su atención, no se rendiría tan fácilmente. Si le desagradaba… entonces haría que lo odiara hasta ser la única persona en su mente. Pensaría en el pelinegro durante el desayuno, en la escuela, mientras camina a su casa, antes de acostarse y en sus sueños. No importa si lo único que hay en su mente son imágenes donde lastima al moreno, lo importante es que pensaría en él todo el día; eso le hacía muy feliz. Es por esta razón que ambos se hicieron enemigos jurados. El liberaría al monstruo que yacía en el interior del rubio, haría que todos le temieran y que nadie se le acercara, así lo tendría solo para él. No lo compartiría con nadie, no permitiría que ninguna chica lo engatuse. Nadie, absolutamente nadie. Pero como siempre, el rubio no cumplía con sus expectativas de nuevo.

El moreno observaba como le arrebataban a su primer amor. No lo soportaba, no aguantaría una segunda vez el mismo dolor. Decidió marcharse dejando atrás una escena que no hacía más que provocarle un intenso nudo en la garganta y unas enormes ganas de llorar. No quería verlo, su Shizuo siendo besado por una chica. De seguro que ya había aceptado lo sentimientos de la castaña. Ahora intercambiarían número de teléfonos, se citarían el fin de semana para alguna cita o ir al cine… sus humanos eran tan predecibles, aunque bueno, esta sería la primera vez que Shizuo haría algo que esperaba Izaya, lástima que mientras lo hacía también le destrozaba.


Shizuo se encontraba camino a su salón de clases luego de haber sido citado por una chica que conoció días antes. Fue un encuentro con muchas sorpresas, primero, la chica se le había declarado; y segundo, lo había besado. No podía dejar de pensar en la escena cuando fue interrumpido por su amigo de anteojos.

Shizuo, ¿Has visto a Izaya? –preguntó con un tono preocupado el castaño.

–¿Por qué demonios debo saber dónde está la pulga, Shinra? –contestó molesto.

–Bueno, no es que sepas, creí que te lo habías encontrado en el camino y habían empezado a pelear como siempre.

–No lo he visto. –dijo algo aliviado mientras recordaba el beso de la joven.

¿Aliviado? ¿Por qué se sentía aliviado de que la pulga no lo había visto besar a la chica? No lo entendía y eso le molestaba. –De seguro es porque si se entera no dejará de molestarme con eso –pensó como excusa.

–Ya veo. –con un tono más preocupado.

–¿Sucede algo Shinra? –cuestionó Shizuo al ver a su amigo así.

–Ahh… Veras, Izaya tenía una fiebre muy alta, es por eso que lo mande a la enfermería. Hace unos minutos fui a ver como se encontraba pero cuando entre la enfermera me dijo que nadie había ocupado la habitación en todo el día.

–De seguro la pulga se fue a su casa, no te preocupes.

–No lo creo, su maleta aún sigue en el salón. Me preocupa que se haya desorientado debido a la fiebre y este desmayado en algún lugar de la escuela. Es peligroso para su salud estar tirado en el suelo, y en estos momentos está lloviendo. ¿Qué tal si se desmayó fuera de la escuela? ¡Podría contraer una neumonía y morir, Shizuo! ¡Por favor ayúdame a buscarlo! – rogó el castaño. –¡Izaya está muy enfermo, no creo que haga algo que te moleste! ¡Por favor!

–Vale , cálmate. Tu revisa este edificio, yo revisare el edificio de al lado y el almacén del área de deportes, ¿de acuerdo? –contestó mientras trataba de pensar en una razón para ayudar a la "pulga".

–¡Muchas gracias Shizuo! –respondió el otro mientras salía a revisar los otros salones.


Shizuo se encontraba caminoal otro edificio, pero pensó que sería mejor si revisaba el almacén, ya que era un lugar más pequeño y no se demoraría tanto. Cuando llegó, se percato de que el lugar estaba frío y oscuro, por lo que pensó que no era posible que Izaya se escondiese en un lugar como este por lo que decidió salir, pero se detuvo cuando escucho un sollozo al fondo del salón. El rubio camino lentamente y en completo silencio hacia el otro extremo del aula siguiendo el sonido. Cuando llegó al origen del ruido, se quedó estupefacto ante la escena que veía.

Izaya se encontraba recostado sobre las colchonetas de gimnasia y por los sonidos que emitía se podría decir que lloraba. ¡Quién lo diría!, ¿Orihara Izaya llorando? La persona que viese una escena como esa podría decir con tal seguridad que se trataba de una ilusión. Pero Shizuo no era una persona, él era un "monstruo".

Se acercó lentamente hacia Izaya, tratando de hacer el menor ruido posible; cuando se ubicó al lado del moreno le toco suavemente el hombro para llamar su atención pero solo logro un sobresalto y un rostro de terror por parte del otro.

Sh-Shizu-chan… ¿Qué –trato de hablar el pelinegro entre sollozos pero fue cortado repentinamente.

–¿Qué demonios haces aquí Izaya? Shinra esta muy preocupado por ti, levantaté de una vez y ve a la enfermería –gritó.

–Yo…

–Maldición pulga –susurro Shizuo agarrando al pelinegro del brazo y tratando de levantarlo, pero este se libró del agarre bruscamente sorprendiendo mucho al rubio.

–¡No me toques! –gritó el moreno acurrucándose nuevamente en el colchón.

Shizuo oyo como el pelinegro volvía a sollozar, estaba en shock debido a las acciones del otro. Creía que Izaya le diría alguna de sus molestas frases, pero no hizo más que tratar de alejarse de él. Estaba confundido.

–Ey, Izaya, ¿Estás bien? –tratando de averiguar que sucedía.

–Eso es algo que no te importa. –contestó el otro fríamente.

–Maldición pulga, ¿Qué diablos te sucede? Usualmente me dices alguna estupidez molesta pero ahora no haces más que evitar hablarme. Si no me dices que pasa te golpearé sin importar que estés enfermo. –amenazó.

Has lo que quieras.

Esa fue la gota que derramo el vaso, Shizuo se colocó sobre el moreno quedando ambos cara a cara sobre el colchón. Estaba furioso y con unas terribles ganas de romperle el cuello pero todo eso se olvidó cuando vio el rostro del de ojos carmín. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos llenos de lágrimas. El rubio pensó que al otro le había pasado algo malo y empezó a preocuparse inconscientemente.

–Izaya, ¿estás bien? –tratando de secar las lágrimas que corrían por las mejillas del otro, pero esto solo provoco que otra serie de lágrimas bajara.

Shizuo empezó a desesperarse aún más. No sabía qué hacer, nunca antes había consolado a nadie en su vida y estaba realmente preocupado por la situación del pelinegro. Recordó la vez que Kasuka se levantó una noche llorando debido a una pesadilla. Su madre le había abrazado y susurrándole frases tranquilizadoras al oído logro que el pequeño se calmara. El rubio pensó que eso tal vez serviría, por lo que se recostó al lado del más bajo y rodeándolo con sus brazos lo acerco a su cuerpo en un abrazo suave. Izaya se sorprendió ante la acción del otro pero no se resistio. Siempre quizo ser abrazado por Shizuo, había añorado eso desde que se enamoro del rubio… hasta que lo vio besar a esa chica. Más lágrimas comenzaron a invadir los ojos del moreno. Shizuo al percatarse de esto acerco más al menor y le susurro palabras alentadoras al oído. –No llores Izaya, todo está bien.- Pero era mentira y solo Izaya lo sabía. Nada estaría bien nunca más. Intento pensar en algo para alejar al rubio ya que no debía mostrarse débil ante él, pero la fiebre y la necesidad de tenerlo cerca no le ayudaban. Decidió ignorar todo y sucumbir ante la comodidad de los brazos de su enemigo.

Pasaron quince minutos en los que Shizuo logró calmar al pelinegro. Izaya ahora se encontraba tranquilo entre los brazos de su amor imposible.

–¿Te encuentras mejor? –cuestiono el mayor.

–Uhm…

–Contéstame –gruño molesto.

–Si –contesto el otro, provocando inconscientemente más ira en el rubio.

–Tsk. ¿Por qué mierda llorabas? –algo preocupado.

Ante esta pregunta Izaya se quedo callado. No tenía el valor para afrontar al rubio. –Quizas será mejor si solo me burlo de él y me olvido por siempre de estos estúpidos sentimientos –trato de convencerse, pero no lo logro –será mejor si acabo con esto de una buena vez, no creo sea posible arruinar aun más esta relación de odio –se animó a sí mismo. Y así, después de unos minutos de silencio, por fin contesto.

–Y-yo… ¡Mierda, hace mucho frío! –grito cuando una rafaga de viento lleno repentinamente el almacen.

–Tienes razón,será mejor ir a la enfermería. –levantándose.

–¡No! –se exaltó el moreno –Necesito hablar contigo…

–Hablaremos en la enfermería. Apresúrate pulga. –tratando de levantar al menor.

–No quiero. –decidido –No hasta que hayamos terminado de hablar.

–Joder pulga. –sentándose sobre el colchón.

Izaya observo los movimientos de Shizuo. –Me gustaría que me abrazara de nuevo –pensó inconscientemente. Un ligero viento invadio el interior del almacén provocando un leve estremecimiento por parte del moreno, Shizuo, al percatarse de esto decidió cederle su chaqueta al otro para que su condicíon no empeorara.

–Toma, –extendiendo su brazo –será mejor que te mantengas abrigado si no quieres empeorar.

Izaya parpadeó confirmando que lo que veía no era una ilusión de su fiebre. Shizuo nunca había sido amigable con el pelinegro, por lo que este realmente estaba sorprendido antes repentinas acciones tan amables. Decidio abusar un poco de la situación –Estoy enfermo, así que no creo que sea capaz de golpearme como afirma a cada momento –pensó mientras se deslizaba sobre el regazo del rubio.

– ¿Qué demonios? –gritó el rubio –¿Qué mierda haces Izaya?

–¿Uhm? –fingió inocencia –solo quería un poco del calor de Shizu-chan –sonrío.

Shizuo no podía evitar sentirse incomodo ante repentina acción del pelinegro. Izaya estaba sentado sobre los muslos del rubio, con una pierna en cada lado. El moreno quería rodear los hombros del rubio con sus brazos, pero pensó que eso sería abusar de su condición, por lo que solo recostó su cuerpo sobre el pecho del mayor. Se sentía tan cálido y relajante mientras escuchaba los latidos acelerados del corazón del "monstruo".

–Izaya, levántate. Esta posición es incomoda. –habló el rubio.

–Tengo frío Shizu-chan. Si quieres que la charla termine lo más rápido posible te recomiendo que te mantengas callado. –levantó el rostro logrando mirar fijamente a los ojos caramelo del otro. –¿De acuerdo?

–Tsk. Sólo apresúrate y termina esto de una vez.

Izaya acomodo la chaqueta de Shizuo sobre su espalda y se acurruco aún más en el pecho del mayor, esperando que el calor que emanaba el otro le reconfortara lo suficiente para poder pensar con claridad. Así después de varios minutos de respirar el aroma del rubio y ordenar sus ideas por fin habló.

–Yo los ví Shizuo. –susurro.

– ¿Nos viste? ¿D-de qué hablas pulga? –tratando de ocultar su nerviosismo.

–¡Los ví! ¡A ti y a esa chica! ¿Qué tienes que decir ante eso? –desesperado – ¡Responde!

Shizuo se estremecio ante la reacción de Izaya. Estaba confundido. Esperaba poder salir rápido de esta conversación, lástima que esto solo era el inicio de una de sus más brutales discuciones.