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Anime : Durarara!

Pareja : Shizuo x Izaya

Rango: M

Disclaimer: Este anime ni los personajes me pertenecen. Todos son propiedad de Ryohgo Narita


Las gotas resbalaban y mojaban el piso debajo de él. Debía quitarse la ropa, pero se sentía extrañamente cohibido. Decidió esperar a que su ahora novio le trajese un par de toallas y así poder secarse, pero una serie de estornudos le hizo dudar de su decisión.

Te dije que te quitaras la ropa y pasaras al baño. Estoy preparando una tina con agua caliente.
— Tenía frío—mintió.
¿En serio? Bueno, quítate la ropa para que puedas pasar al baño.
— No es necesario que te quedes mirando, puedes ir caminando al baño. Yo te alcanzaré-
— ¿Por qué no quieres que mire tu cuerpo? ¿Te lastimaste en algún lugar? Déjame ver.
— No, estoy bien Shizu-chan—rió, nervioso.

Shizuo se quedó en silencio, mirándolo. Sabía que Izaya ocultaba algo por lo que no se quedaría sin saber que era.

Denúdate.
—Te dije que estoy bien, ¿no puedes entender-
—Izaya, por favor—pidió el rubio de la forma más amable que podía.

E Izaya obedeció. No quería que Shizuo lo viera desnudo, por lo menos no así. Lástima que el mayor seguiría insistiendo si no lo hacía. Con la mayor lentitud que pudo comenzó a quitarse sus ropas mojadas. Primero su chaqueta negra, seguida de su camisa roja y por último su pegajoso pantalón. Todo ante la atenta y horrorizada mirada de Shizuo.

Le quitó rápidamente las toallas y se cubrió con ellas su cuerpo. Una alrededor de su cadera y la otra sobre sus hombros para cubrir su torso.

¡Listo! Iré a darme una ducha—dispuesto a alejarse pero una mano alrededor de su muñeca le hizo detenerse
— ¿Yo te hice eso?
—No es tan grave, Shizu-chan. Además, no me duele. Olvidémoslo, ¿de acuerdo?

— ¿Olvidarlo? ¡Joder, Izaya! ¡Tienes el cuerpo lleno de moretones y mordidas! ¿Cómo diablos quieres que no me importe eso? ¡Soy un maldito monstruo! Te he lastimado tanto, yo...

—Shizuo, no fue tu intención hacerme esto. Simplemente hay que dejarlo atrás. Vamos a bañarnos juntos y luego ver una película. ¿Qué te parece? No quiero que te preocupes de cosas innecesarias.

El rubio se quedó quieto, con la mirada gacha y una horrible sensación de culpa. Había lastimado a la persona que más quería de la peor forma y no podría perdonárselo, era en definitiva un monstruo.

Adelántate, iré a buscar algo de ropa para ti.

Soltó la muñeca del menor y se dirigió hacia su habitación en busca de algo que prestarle a su pareja, y también para así poder pensar en lo que había hecho a Izaya.

Las imágenes de aquel cuerpo delgado y pálido lleno de heridas, contusiones y piel de color morado-verdoso invadían su mente. La voz de Izaya rogándole que se detenga, el terror en sus súplicas, sus vanos intentos de alejarlo, sus gritos de dolor mientras le lastimaba. Shizuo no sabía que pensar de sí mismo, no pensó que podría lastimar de forma tan horrible a aquella persona que ahora quería.
El miedo comenzó a invadir todo su ser. La constante idea de que volvería a lastimar al moreno, de volver a escuchar sus gritos de terror, de que con una simple caricia pudiera herirlo o que tal vez en una de esas acaloradas peleas de pareja pudiera romperle alguna parte de su cuerpo.

No puedo. No... no quiero lastimarlo. ¡Joder!

Se levantó de la cama en donde habían comenzado sus diatribas y se acercó a su armario, cogió un par de sudaderas, pantalones y boxer; y se dirigió hacia el baño. Cuando llegó el frágil y amoratado cuerpo de su novio cubierto con una simple toalla le dio la bienvenida.

Te demoraste mucho. Ya terminé de bañarme, deberías ducharte ahora tú. ¿Me das algo de ropa?

Shizuo le ofreció lo que escogió para él y le indicó donde quedaba su habitación. Izaya se dirigió allí a la espera de que el más alto terminara de ducharse y fuera a su encuentro para poder realizar así algunas actividades de pareja.

Pasaron alrededor de media hora hasta que Shizuo entró en su habitación, encontrándose con un pelinegro acurrucado tiernamente en su cama. Se sentó a un lado de él y con una de sus manos acarició esos cabellos negros suaves y húmedos.

Te demoraste demasiado—gimió el menor.

—Lo lamento. ¿Estás cansado?

—Uhm. Tengo un poco de sueño, no creo poder aguantar una película.

—No hay problema. Descansa, mañana podremos salir si quieres; o ver una película en la sala. Mis padres no llegarán sino hasta el lunes por la tarde. Tenemos la casa para nosotros.

— ¿Así que por eso me trajiste? ¿Querías aprovecharte de mí, Shizu-chan? No pensaba eso de ti—rió.

No haré nada que no quieras. No tienes porque preocu-

—Tsk. ¿Qué te pasa? ¿Dónde se fue el Shizu-chan que amaba mi cuerpo? — habló con molestia acomodándose en una posición sentada y haciendo un mohín.

—No estás en condiciones adecuadas para realizar ese tipo de... actividades.

Izaya se burló ante lo avergonzado que lucía Shizuo al hablar sobre sexo.

— ¿Así que es por las contusiones? Te dije que no era necesario preocuparse, ¿por qué complicadas todo?

— Estás herido por mi culpa. ¿Has visto todo lo que dejé en tu cuerpo? Podría hacer algo peor, y no quiero lastimarte.

—No lo harás. Confío en ti.

—Pero yo no confío en mí—abrazó el pequeño cuerpo frente a él.

El moreno se separó y miró fijamente a los ojos del rubio.

¿Confías en mí?

—Izaya...

— ¿Lo haces? —pidió el menor nuevamente.

—Lo hago. Confío en ti profundamente.

—Entonces confía en mí cuando te digo que sé que no volverás a lastimarme.

Shizuo se quedó mirando sorprendido a Izaya. Perplejo ante su proposición. Le encantaban las tonterías que Izaya decía algunas veces.

—Está bien, confiaré en ti.

Y lo besó, como muestra de lo mucho que lo amaba. Shizuo confiaría en Izaya, confiaría en las palabras del menor y confiaría en sí mismo.

No volvería a lastimar a aquel individuo.

—Bueno, ahora que hemos arreglado este asunto, ¿podemos ir a dormir?

Shizuo rió y se acostó al lado del menor. Con sus brazos rodeó aquella delgada cintura y lo acercó lo más que pudo a su cuerpo aspirando aquel delicioso olor que emanaba el pelinegro.
Izaya mientras, sentía el latido de Shizuo sobre su espalda. Era un ritmo tranquilo y constante que no hizo más que relajarlo y llevarlo al mundo de los sueños de forma rápida.


La mañana llegó rápida, junto con el molesto dolor en el estómago que te avisaba que había llegado la hora de comer. Shizuo despertó, tratando de no molestar al moreno quien aún disfrutaba de unos minutos más de sueño. Se levantó lentamente de la cama y se dirigió al baño a tomar una rápida ducha. Cuando terminó - con solo una toalla atada a su cintura para cubrirlo-, se encontró con el oji-carmín sentado en la cama y mirándolo de una forma muy tierna.

¿Qué hora es? —preguntó para luego soltar un silencioso bostezo.

—Son las 9 de la mañana. Prepararé el desayuno así que ve a ducharte.

Shizuo se dirigió hacia su armario y sacó algo de ropa para él, y otro conjunto para Izaya. Cuando Izaya se levantó, olvidó sujetar el pantalón que tenía puesto, por lo que este resbaló de sus piernas y cayó hasta el suelo. Shizuo giró para entregarle la ropa, pero al verlo en esa condición no pudo evitar sonrojarse. Ambos, Shizuo e Izaya, se encontraban paralizados ante ese pequeño incidente.

Después de un par de segundos Shizuo reaccionó soltando una sonora carcajada que no hizo más que molestar y avergonzar aún más a Izaya.

— ¿Por qué no me dijiste que mi pantalón se te caía? Eres realmente tan delgado—acercándose y rodeando la cintura del menor—, ese era el más pequeño que tenía.
—Bueno, lo olvidé. Además no hay problema, usaré tu bóxer. Me queda muy bien—sonrió coquetamente.

—Claro, claro. Ve a ducharte de una vez.

Shizuo lo retiró antes de caer en las redes del menor

—Vale. Por cierto, no vi a Kasuka-kun ayer. ¿Dónde está?

—Está en una de esos campamentos de actuación. Será solo el fin de semana, y mis padres lo irán a recoger el lunes. Todos llegaran aquí por la tarde.

—Oh, ya veo. Bien, iré a ducharme.

Y se fue. Shizuo terminó de cambiarse y se dirigió a la cocina a preparar el desayuno. Cocinaría algo ligero y luego saldría a pasear, o tal vez mirar una película en casa si a Izaya se le antojaba.
Luego de freír un par de huevos y preparar algo de leche y café, Izaya apareció.

—Uhm. Huele delicioso—se burló.

—Tsk. Tan solo come y engorda de una vez.

—Ouch. Que cruel Shizu-chan. ¿No te parezco atractivo con este cuerpo?

—Pues no. Estás tan flacucho, que me es imposible excitarme cuando te veo—atacó.

— ¿En serio?

Izaya se levantó de la silla donde estaba, y se dirigió hacia donde Shizuo, quien estaba frente a él tomando su vaso de leche.
Le quitó el vaso y lo colocó en la mesa, para proceder a sentarse en el regazo del rubio.

— ¿Realmente no te excito? —preguntó haciendo un tierno mohín.

— ¿Por qué no lo averiguas? —sonrió. E Izaya le devolvió la sonrisa.

Con un pequeño movimiento circular de su trasero, y con unos rápidos besos sobre los labios de Shizuo, Izaya puso en marcha su plan.


Uhm

Un gemido ronco resonó en aquella calurosa habitación. Dos jóvenes completamente excitados se encontraban-uno sobre el otro-, recostados en una enorme cama.

—No puedo creer que me hayas convencido para hacer esto. Mis padres me matarán si llegan a saberlo.

—No tienen por qué saberlo. Limpiaremos todas las pruebas—sonrió coqueto—, además, ¿hacerlo en la cama de tus padres no te excita? Es tan emocionante.

—Tsk. ¡Es claro que no me excita! Lo único que me convenció fue tu cuerpo desnudo sobre mi polla. Rayos, el solo pensarlo logra que me ponga duro.

Izaya rió.

—No creo que puedas estar más duro. Por cierto, ¡lo admitiste! Mi cuerpo flacucho te excita.

—Uhm. Creo que eso ya lo sabías-Ugh-

El menor había descendido lentamente una de sus manos y ahora se encontraba acariciando el falo del rubio.

—Sí. La única razón para hacer esto en realidad fue por el sexo. Me encanta hacerlo contigo.

Otro gemido.

Esta vez por parte de Izaya debido a que su ahora amante acariciaba y apretaba sus redondas y suaves nalgas.

Shizuo no quería admitirlo, pero en realidad estaba nervioso. Cuando Izaya comenzó a frotarse contra su miembro hace varios minutos en la cocina, pensó que no llegarían tan lejos. Pero los besos deliciosos que le brindaba el menor, y la forma en la que su culo se frotaba y brincaba sobre su entrepierna lo volvían loco.

No se percató del momento en el que colocó a Izaya sobre la mesa y lo despojo de la enorme camisa que llevaba puesta para así poder repartir suaves y cariñosos besos sobre su pecho, o como el moreno gemía y acariciaba sus cabellos incentivando a que nunca se detuviera.

Shizuo no supo cuando pasó, pero en un instante se encontraba besando a Izaya apasionadamente luego de una sesión de intensas caricias, y en otro ya se encontraba en la cama de sus padres con Izaya sentado sobre su estómago mientras besaba su cuello y le dejaba pequeñas marcas de mordiscos que no hacían más que volverlo loco.

—Será mejor apurarnos, o el desayuno se enfriará—aconsejó Shizuo. Cosa que no hizo más que ocasionar una pequeña risa en Izaya.

—Shizu-chan, estamos a punto de tener sexo, ¿y en lo único que piensas es en que el desayuno se va a enfriar? Eres realmente impredecible—sonrió—, y me encanta.

Shizuo mostro una sonrisa ante ese comentario. Le encantaba cuando Izaya se comportaba cariñoso y amable, ya que era una faceta oculta que solo le mostraba a él, y eso le hacía sentir que era especial para el moreno.
Decidió girar los papeles y colocar a Izaya sobre la cama, para así poder estar sobre el delgado cuerpo del menor y poder repartir besos por su cuello, hombro y pecho. Le encantaba besar a Izaya, y le encantaba saborear su suave y blanca piel.

Shizuo…—gimió el menor al sentir la húmeda lengua de el rubio rozar sus pezones.
Era una sensación que a Izaya le gustaba. Que Shizuo mimara sus botones rosas y que dejará pequeñas marcas por todo su cuerpo. Era la forma en que el rubio lo reclamaba como suyo, y le fascinaba. El mayor se dirigió a los labios de Izaya y comenzó a besarlo. Fue un beso que comenzó fogoso y pasional, mostrando cuánto ambos se deseaban. Shizuo sabía que no podía seguir esperando más, por muy apurado que sonase, pero tener a Izaya frotándose contra su miembro hasta ponerlo totalmente erecto lo había dejado muy excitado.

—Vuelvo en un segundo, bebé.

Shizuo se levantó, completamente desnudo y se dirigió a su habitación. Camino lo más rápido que pudo y abrió uno de los cajones de su armario, sacando de uno de ellos un pequeño bote de lubricante. Luego de encontrarlo regresó de manera rápida al cuarto de sus padres. Una vez cerca de la cama le indicó a Izaya separar sus piernas, para así poder prepararlo correctamente. El menor obedeció.

Shizuo comenzó a ingresar sus dedos lentamente, uno por uno, preparando al pelinegro. Izaya no hacía más que relajar su interior, tratando de facilitar el trabajo de su novio. Una vez acostumbrado a la intrusión, la molestia de Izaya comenzó a volverse placentera, logrando que este tratara de incrementar el ritmo del movimiento de los dedos de Shizuo.

El rubio al percatarse de esto, se acomodó mejor sobre el menor, entre sus piernas, y posicionó su miembro en la entrada de Izaya. Comenzó a ingresar lentamente, tratando de no incomodar al menor, pero su tamaño no le facilitaba el trabajo. Izaya comenzaba a tensarse haciendo así la penetración más difícil.

—Relájate, bebé.

Izaya solo asintió lentamente, mientras respiraba para calmarse. Ser invadido por algo tan grande no era muy cómodo, pero sabía que con el pasar de los segundos todo valdría la pena.

Shizuo logró introducir su miembro completamente en el interior de Izaya, suspirando y jadeando al sentir como aquellas suaves y calientes paredes se apretaban a su alrededor. No le importaba el tiempo que le tomase a su novio acostumbrarse a su tamaño, tenía más que claro que no se movería hasta que el menor se lo indicase. Realmente quería embestirlo, salir y entrar de esa apretada cavidad, pero el miedo de lastimar a su pareja le daba la fortaleza para aguantar.

Shizu-chan, puedes moverte—susurró Izaya, su voz mezclada con placer y dolor.

El mayor comenzó un lento vaivén. Salía y entraba suavemente, tratando de acostumbrar al pelinegro a las embestidas. Cuando Izaya comenzó a mover sus caderas, tratando de aumentar la profundidad, Shizuo comenzó con un ritmo un poco más salvaje y fuerte. El sonido de los gemidos de Izaya no hacían más que incentivarlo, pero cuando el menor dio aquel grito de puro placer, fue cuando hizo las embestidas más frenéticas y profundas presionando en aquel punto que extasiaba a Izaya. El sonido de la cama chocar contra la pared era algo realmente erótico y que ninguno de los dos olvidaría, ambos se encontraban completamente sumidos en placer que olvidaron completamente el desayuno.

El pelinegro gemía, mientras Shizuo besaba y dejaba marcas por todo su pecho, hombros y cuello. Gritos y gritos de placer que inundaban aquella acalorada habitación.
Cuando Izaya comenzó a sentir aquel cosquilleo en su vientre, fue cuando supo que estaba cerca de acabar.

Shizuo... ¡Joder! ¡Ah! Estoy cerca...

—Está bien bebé, vamos, córrete conmigo.

El rubio aumento la velocidad de las embestidas, sintiendo como Izaya apretaba cada vez más su pene. Unas cuantas estocadas más e Izaya eyaculó fuertemente manchando el pecho de su novio. Shizuo mientras, al sentir aquella presión en su falo, y ese calor abrazador rodeándolo comenzó a embestir desenfrenadamente un poco más, para luego sentir como aquella exquisita sensación le recorría mientras llenaba el interior de su pareja.

Ambos se encontraban agitados, recostados uno al lado del otro mientras se miraban fijamente y se sonreían tímidamente.

—Me encanta hacer el amor contigo, Shizuo.

—A mi también me fascina tenerte entre mis brazos, bebé. Eres realmente hermoso.

—Eres todo un galán, Shizu-chan—se burló el menor.

Shizuo rió ante las ocurrencias de Izaya.

—Vamos a bañarnos, debes estar muy hambriento.

—Claro.

Dicho esto Shizuo cogió a Izaya entre sus brazos y juntos se dirigieron hacia el baño. Tomaron un refrescante baño con agua caliente, que no hizo más que relajarlos y dejar a un adormecido Izaya. Shizuo salió primero, rodeando su cintura con una de las toallas del armario, y luego procedió a vaciar la bañera para poder envolver a Izaya en una de las toallas y llevarlo a su habitación. Ambos terminaron de vestirse y luego Shizuo dejó descansando a Izaya en su cama mientras él se encaminaba a la cocina para calentar el olvidado desayuno.

Regreso a su habitación un par de minutos después con una bandeja que contenía el desayuno de ambos, la dejo en la mesita al lado de su cama y comenzó a despertar a Izaya.

—Izaya, levántate—zarandeó el delgado cuerpo de su novio—. Ya es hora de desayunar.

Izaya se levantó, poco a poco, y se colocó en una posición sentada. Shizuo le ofreció el plato con huevos, algo de pan y tocino que había preparado. El menor comenzó a comer, siendo acompañado por el rubio a su lado. Una vez terminado, Shizuo acomodó a Izaya nuevamente en la cama y lo dejó dormir. El mayor ahora debía encargarse de problemas mayores, como limpiar cualquier prueba que haga sospechar a sus progenitores de que terminó teniendo sexo con su novio en aquella matrimonial cama.

Shizuo suspiró y se dirigió al cuarto de sus padres en busca de las mantas que debían ser lavadas.


La cálida caricia del viento y el sonido de unos niños gritando alegremente fueron la razón de que se despertara. Se levantó lentamente y se sentó al borde de la cama buscando con su mirada la presencia de su novio. Al no encontrarlo decidió levantarse y salir en su búsqueda, pero un dolor punzante en su espalda baja le hizo gemir de dolor y dejarlo de rodillas en el suelo.

—Maldición... —susurró mientras intentaba levantarse nuevamente.

Aquel dolor punzante volvió a atacarlo, pero decidió ignorarlo y salir en busca de su novio. Caminó por todo el pasillo hasta llegar a la escalera que daba paso a la primera planta. Se dispuso a buscarlo primero en la cocina-pensando que estaría preparando el almuerzo-, pero un sonido al otro lado del pasillo le hizo volver sus pasos. Caminó a paso lento y calmado hacia el final del pasadizo y lo vio acomodando las sábanas anteriormente sucias, pero que ahora emanaban un dulce olor a lavanda, sobre la enorme cama matrimonial de sus suegros.

— ¿Ya terminaste de limpiar todo? —preguntó Izaya.

Shizuo giró su mirada hacia él, asintiendo mientras se miraban. Se levantó de la cama y soltó un largo suspiro.

—Ya terminé de borrar todas las pruebas que pudieran delatarme—sonrió—, ¿te sientes bien?

Izaya le dedicó una mirada de tu-que-crees, y luego movió su cabeza de un lado a otro.

—Me duele la espalda un poco. Y siento muy pesado mi cuerpo. Quizás solo sea cansancio, en unos minutos estaré mejor. ¿Quieres ir a ver una película? —intentó cambiar de tema para no preocupar mucho al más alto, pero no funcionó.

—Te daré un analgésico, ¿bien? Luego cocinaré un poco de ramen y por último veremos la película en el sillón. No creo que aguantes toda una tarde caminando.

Izaya agradeció que Shizuo no se pusiera tan paranoico y asintió. Podría sobrevivir con eso. Se giró y se dirigió al primer piso seguido del rubio.

Como el mayor dijo, cocinó ramen y almorzaron en una charla amena. Izaya disfrutaba mucho de su relación. Tener a Shizuo mirándolo de esa forma tan amorosa le enloquecía el corazón.

Una vez terminado el almuerzo se dirigieron al sillón y se acomodaron en una posición que no molestara mucho a Izaya. El pequeño pelinegro se encontraba recostado sobre el pecho de su novio, con ambos brazos rodeándole la cintura y sintiendo aquel latido constante que lo tranquilizaba. Ambos miraban relajadamente la película, una de terror psicológico, que aunque no pareciera asustaba a Izaya; pero el informante no se dejaba intimidar, no quería ser la "típica novia que se asusta de una estúpida película de terror y espera un abrazo tranquilizador de su protector novio". No, él también era un chico, por consiguiente debía aguantar el miedo por muy aterrorizado que estuviese.

Una escena de absoluto suspenso le dejó sin aliento. Era hombre, ¡claro que lo era!, pero cualquiera se asustaría ante una escena como esa. Sin poder evitarlo giró rápidamente su rostro y lo ocultó en el pecho de Shizuo, quien le acariciaba suavemente la espalda.

¿Quieres que cambie de película?

—No..., solo me sorprendí, es todo.

Y siguió mirando.

Esa fue la peor noche de películas de Izaya, pero nunca lo admitiría. Se encontraba demasiado avergonzado de que después de esa película de suspenso haya tenido que ver dos de animación para poder olvidar el miedo. Agradecía que Shizuo no le haya preguntado mucho, o si es que se haya dado cuenta no lo haya mencionado. Se giró lentamente y depositó un suave beso en los labios del más alto. Shizuo lo miró confundido, pero luego sonrió. Ambos siguieron mirando la película y luego se fueron a dormir completamente agotados.


Volví. Sé que me demoré mucho, pero paso algo terrible. Mi laptop se malogró y me quedé sin maquina a la que poder entrar para publicar. Es por eso que me demoraré en actualizar, porque no tengo desde donde entrar. Los capítulos están en mi móvil, y he ido avanzando nuevas historias. (Si gustan denle una leída a mi nuevo fanfic que publiqué, se los agradecería) Me gustaría saber que les pareció el capitulo, porque en lo personal creo que Izaya me salio muy rosa(?) Y no solo para saber que tal quedó el capitulo, sino para saber que aún siguen aquí y no han dejado esta historia debido a mis no tan continuas actualizaciones. Realmente lo lamento! =( Espero leerlas. Cuidense mucho.