N/A: Estoy intentando actualizar todos mis fics ahora, por lo que este no se salva (?). En fin, es triste porque yo quería seguir escribiendo pero mi mamá me dijo que me vaya a dormir. Ojalá que les sirva al menos para esperar al fin de semana, que será cuando tenga tiempo libre para escribir.


Continué mirándolos, tomando nota de sus rostros tan diferentes y tan similares a la vez, los cuales eran de una belleza inhumana. Eran esos rostros que nunca podrías haber esperado ver fuera de los anuncios retocados en computadora en las calles de una ciudad o en las películas, donde cargaban a los actores con kilos y kilos de maquillaje. Incluso tal vez podrías esperar verlos en algún cuadro hecho por un artista antiguo, con el semblante perfecto de un ángel. Resultaba difícil decidir quién era más bello, tal vez la chica rubia perfecta o el de cabello ondulado.

Otra cosa que logré captar en el acto, era la manera en que parecían desviar la mirada los unos de los otros y de todo el alumnado en general, centrándose en puntos vacíos en la habitación. El de ojos verdes se levantó con la bandeja sin haberla tocado siquiera, caminando con pasos que, a su manera, resultaban sorpresivamente elegantes. Asombrado por su andar, no pude despegar la vista hasta que vació su bandeja y se deslizó por la puerta trasera a una velocidad que me pareció un poco más acelerada de lo que esperaba. Miré rápidamente al resto de los que quedaban en la mesa, que permanecían sentados e inmóviles.

— ¿Quiénes son esos? —pregunté. Yuuki se volteó nuevamente hacia a mí, fijando su vista en la misma dirección que yo.

Repentinamente, mientras ella se acomodaba mejor en su asiento, el de cabello oscuro se giró para mirar a mi compañera. Sólo fue una fracción de segundo en que fijó en ella, para luego posar sus ojos oscuros sobre mí.

Él desvió la mirada más rápidamente que yo, que luchaba por no dejar el calor consumir mis mejillas a causa de la vergüenza. Su rostro no poseía ningún interés, ninguna pizca de mayor atención a lo que hacíamos, de hecho, parecía más como cuando anuncian tu nombre en una calle concurrida y levantas tu rostro para buscar a la persona que lo dijo, una respuesta totalmente involuntaria. Yuuki soltó una risilla tonta, notablemente avergonzada. Al igual que yo.

Esos son los hijos adoptivos del doctor Kuran y su esposa, aunque no todos comparten el mismo apellido. —confesó ella, volviendo a centrar su mirada en ellos. Yo por mi parte continué observando la mesa — El que acaba de marcharse es Takuma Ichijou, y el otro rubio, el de ojos azules, es Hanabusa Aidou. El más alto es Akatsuki Kain y la chica de cabello claro es Ruka Souen. Ellos dos y Aidou son primos, o algo así.

Yo sólo asentía, aunque curiosamente mi cerebro parecía estar memorizando mejor sus nombres que los del resto de mis compañeros.

— La chica de cabello corto es Seiren, nadie sabe mucho sobre ella, porque creo que aparte de Ruka no habla demasiado con nadie. —por el tono de voz que utilizó, supe que Yuuki había intentado más de alguna vez hablar con ella, sin mucho éxito — Y bueno, los únicos que adoptaron el apellido del doctor fueron Senri y Kaname, los dos morenos de allá.

Miré de soslayo al chico con apariencia principesca, quién observaba con expresión aburrida su bandeja, desmigajando una rosquilla con sus largo y níveos dedos. Su boca se movía demasiado rápido, tanto que parecía una simple vibración, sin abrir sin labios perfectos. Los cinco restantes parecían seguir sumidos en algo más, pero tuve la extraña sensación que se hablaban entre ellos.

Si lo pensaba bien, todos sus nombres me sonaban anticuados, o al menos poco comunes. De esos que mis abuelos y los padres de ellos podrían haber ocupado. Tal vez el único que se salvaba era Takuma, pero tampoco era un nombre tan común. Quizás estaban de moda por aquí, pensé; pero inmediatamente recordé que tanto Sayori como Yuuki y Rima eran bastante normales.

Si recordaba bien, incluso había otra chica llamada Yuuki en otra de mis clases.

— No lucen muy… comunes —fue lo único que se me ocurrió sin tener que sonar como la típica chica que ve chicos guapos. Por el momento sólo me parecían terriblemente diferentes.

Yuuki rió con fuerza, llamando la atención de todos en nuestra mesa. Rima, quien se mantenía ocupada con algo que parecía más interesante que nosotros, por fin habló.

— Es que no lo son. No me interesa lo que hagan, pero tratar de ignorar cada rumor aquí es como vivir al lado de un estadio e intentar hacer como que no escuchas a la banda de turno. —una pequeña sonrisa se formó en mis labios. Probablemente nos llevaríamos bien.

— ¿Y? ¿Cuáles son esos rumores? —preguntó Ichiru, yo le di una patada bajo la mesa— ¡Hey!

— Están juntos, me refiero a las dos chicas, Kain y Hanabusa y al chico que se fue, Takuma, con Senri. —respondió Yori, dando por terminada la charla que llevaba hasta hace un momento con María— Y viven juntos. A mí no me parece algo extraño, pero la mayoría de la gente suele malinterpretar las cosas.

Asentí, dando un trago a la bebida que tenía sobre la bandeja. María apoyó su mentón en su mano derecha mientras que la otra jugueteaba distraídamente con su pelo.

— Van a oír muchas cosas sobre ellos, pero sólo crean esto —dijo ella, ganándonos la atención de ambos. Rima volvió a su "estado" anterior—: el doctor Kuran y su esposa no deben tener más de treinta años por lo tanto absolutamente todos son adoptados. Los único emparentados a ellos son Senri y Kaname, que son algo así como sobrinos en no sé cuantos grados y Ruka, Hanabusa y Kain son primos, ellos creo que están de acogida. Lo digo por van a escuchar muchas más cosas que probablemente no son verdad.

— ¿No lucen demasiado mayores para estar de acogida? —pregunté. Ichiru me devolvió la patada por debajo de la mesa— ¡¿Y porqué fue eso?!

— ¡Y el cotilla aquí soy yo! —masculló. Yo simplemente le enseñé la lengua en un gesto infantil.

Por un momento, todos en la mesa nos quedaron mirando de hito en hito, sin haber entendido qué había pasado hasta que Yuuki rompió a reír nuevamente.

— ¡Bueno! Para seguir, Zero, esos tres viven con ellos desde los ocho años o algo así.

— Sí que se necesita ser generoso para hacer algo así. —comenté.

— Y tener mucho dinero. —dijo Rima. La quedé mirando por unos segundos, esperando otro comentario que nunca llegó.

Ella sí que era extraña.

— Creo que hay una explicación para eso, y es que la señora Kuran no puede tener hijos. —afirmó Yuuki, y por su expresión realmente pude ver que lo lamentaba. ¿Por qué? Ni idea— Es una lástima, porque ella es realmente bella, al igual que el doctor.

Mientras manteníamos la conversación, seguía lanzando miradas en su dirección, sintiéndome más y más intimidado cada segundo que los miraba, pero a la vez mi interés crecía cada vez más. Me sentía algo hipócrita por no querer llamar la atención hasta hace un momento y ahora investigaba cada detalle que podía de ellos. No me importaba demasiado en realidad.

— Creo que nunca les habíamos visto por aquí antes… no son de Forks, ¿verdad? —preguntó nuevamente Ichiru, y casi reí al ver como retraía cobardemente sus piernas bajo la mesa. Casi.

Lo único que logré escuchar fue a alguien respondiendo que provenían de alguna parte de Alaska y que habían llegado hace dos años, lo cual me hacía sentir algo mejor al saber que no se encontraban en mejor posición que nosotros. Sentí alivio al saber que a pesar de nuestra condición de gemelos –y albinos, para rematar- no llamaba la atención a su lado y compasión, porque a pesar de su belleza no eran admitidos. Uno de los dos morenos se giró en nuestra dirección, chocándose brevemente con las tímidas miradas que lanzaba en su dirección, y esta vez pude ver una clara curiosidad. Nuevamente desvié la vista, ya sea por la creciente vergüenza o por la decepcionada expectación que bailaba en sus ojos.

Oí la risa poco disimulada de Yuuki, que se encontraba ahora casi reposando sobre la mesa.

— Ése es Kaname. Parece que llamas la atención. —objetó lo último en un tono de obvia ironía.

Poco me importó el mensaje escondido en sus palabras, porque seguí mirándole de tanto en tanto hasta que noté cómo fruncía el ceño, en algo que parecía exasperación. Recordé entonces lo incómodo que se sentía cuando te miraban incesantemente y desvié la mirada nuevamente.

Esta vez fue María la que habló.

— Es curioso, porque a pesar de ser bastante guapo, nunca se le ha visto salir con nadie. Muchas dicen que nadie es lo suficientemente buena, pero seguro es por despecho. —murmuró tranquilamente— Varias de mis amigas se han quejado al menos una vez de él.

Ichiru se inclinó un poco más hacia mí para susurrarme algo en el oído. Yo accedí, acercándome disimuladamente hacia él.

— Ésta es tu oportunidad Zero, ¡demuéstrale tu encanto gay!

Sentí como mis mejillas se calentaban repentinamente bajo mi piel. Esta vez Ichiru tuvo que tragarse las lágrimas por la patada que recibió.

— ¡Ichiru!

Rima nos lanzó una mirada divertida y tuve la extraña sensación de que sabía lo que Ichiru había dicho. María posó inconscientemente sus manos delgadas sobre el brazo de Ichiru, quitándolas de inmediato al percatarse de ello.

— ¿Chi-chicos? —balbuceó ella, escondiendo las manos tras su espalda. Le sonreí a inocente a Ichiru.

— No pasa nada.

Al menos no soy el único que se sonroja aquí también.

De forma automática, me giré para mirarlo nuevamente y en los pocos segundos que le vi, me pareció ver la piel de sus mejillas estiradas, como si estuviese sonriendo también.

Todos los que quedaban en la mesa se retiraron al mismo tiempo, caminando de forma tan llamativa como el rubio, Takuma, lo había hecho. Me sorprendió incluso que el más grande de ellos parecía moverse elegante sin desentonar con su figura. No pude evitar mirarles hasta que el último de ellos cruzó la puerta, y por alguna razón, me sentí algo decepcionado cuando el que respondía al nombre de Kaname no miró en nuestra dirección otra vez.

Tanto Ichiru como yo nos quedamos hasta el final del período, como no habríamos hecho nunca de haber estados solos. Por lo general, yo insistía en no llegar tarde e Ichiru se veía obligado a comer rápido y seguir porque no quería estar solo. Rima caminó silenciosamente a nuestro lado hasta que Ichiru se separó de nosotros para ir a su clase. Recordé a Ichiru diciendo que Biología se encontraba en el edificio cuatro, pero de todas formas seguí a Rima aunque sabía el camino.

Nada más entrar a la sala, ella se dirigió a una de las tantas mesas a un costado y de no ser por la mochila a su costado, me habría ido a sentar a su lado. Busqué por algún puesto vacío, encontrándome con que todos estaban ocupados menos uno. Reconocí a Kaname Kuran sentado en el asiento contiguo al que sería el mío, e inmediatamente comencé a pensar en alguna excusa por haberle estado mirando prácticamente todo el almuerzo. Sacudí la cabeza, borrando esos pensamientos estúpidos, después de todo no había sido el único en hacerlo.

Me volví hacia el mesón del profesor, buscando entre mis cosas el papel que necesitaba firmar y nuevamente le miré, pero no pareció tomarle tanta importancia porque siguió mirando por la ventana. Justo cuando crucé el pequeño pasillo que separaba ambas filas de mesas, se enderezó sobre su puesto, dirigiendo rápidamente su mirada hacia mí. Fue tan inesperado que no vi el bolso tirado en el suelo y tropecé de forma vergonzosa, ganándome risitas de los que se encontraban cerca. No creía haberme sonrojado más en toda mi vida.

Intenté ignorar la expresión airada, casi hostil que dirigía en mi dirección mientras el profesor firmaba mi comprobante y me hacía un par de preguntas.

Los ojos de Kaname estaban negros. Como si no hubiese vida en ellos.

Finalmente me entregaron el comprobante de vuelta y los libros que necesitaba y el señor Banner me dijo que no perdiera tiempo en presentaciones, que ya tendría la ocasión de presentarme a quienes quisiera. Supe que nos llevaríamos bien apenas me dejó ir a mi asiento. Obviamente me envió al único asiento disponible, y aunque quería mirar a todos lados menos a mi compañero de puesto, alcé la vista lo más orgulloso que pude. No me iba a acobardar como una chiquilla por alguien a quién no conocía.

Deposité los libros sobre el mesón y me centré únicamente en ordenar mis cosas, aunque noté como alejaba de manera no muy sutil su asiento hasta el otro borde de la mesa, alejándose lo más que le permitía el estrecho espacio. Encima, se sentó al otro borde de la silla, arrugando la nariz como si estuviese oliendo algo que no le agradaba. Intenté convencerme de que no era yo, porque me había puesto mi champú favorito e Ichiru me obligó a usar uno de los tantos perfumes que había traído. De todas formas acomodé los mechones largos de mi cabello de forma en que no le podía ver, ni él a mí, creando así una especie de cortina entre ambos.

Apenas el profesor comenzó a hablar sobre la anatomía celular, me centré todo lo que pude en su discurso sobre la materia, a pesar de que la sabía prácticamente de memoria pero igualmente tomé todos los apuntes necesarios y traté, de todas las formas posibles, ignorar a la persona a mi costado. Aunque lo último no salió muy bien.

De vez en cuando, miraba por entre mi cabello al chico de ojos raros, observando que en ningún momento relajó su postura o dirigió una mirada hacia mí siquiera. Su mano izquierda permanecía empuñada sobre su rodilla, con la manga recogida hasta el codo, enseñando un antebrazo bastante marcado y musculoso. Al parecer no era de contextura tan liviana al lado del más musculoso de sus hermanos.

Después de un rato, tenía la desesperante sensación de que el tiempo no pasaba y que la clase no se acabaría nunca. No sabía si era debido a que ya sabía toda la materia de memoria o porque esperaba el momento en que soltase finalmente su firme puño. No lo hizo. Siguió en la misma posición, y de no estar seguro de que sin aire no se encontraría consciente a estas alturas, parecía no estar respirando. Me pregunté si se encontraba bien, tal vez le estaba dando un ataque de algo y no lo sabía. O tal vez le desagradaba, lo cual me pareció tonto después de pensarlo, porque no tenía nada que ver conmigo. No me conocía ni yo a él.

Igualmente le miré y me arrepentí instantáneamente. Sus ojos negros me miraban tan fijamente que de nuevo, sentí mis mejillas sonrojarse contra mi voluntad. Su mirada estaba llena de repugnancia, como si fuera lo más molesto del mundo, lo cual obviamente me hizo enfadar.

Creía que era imposible odiar a alguien a quién conoces apenas hace un momento, pero comenzaba a dudarlo.

Cuando sonó el timbre, Kaname Kuran tomó rápidamente todas sus cosas y se fue, como si estuviese huyendo de algo que lo perseguía. El señor Banner le llamó, pero no volvió y terminó por rendirse. Yo, por mi parte, estaba furioso.

¡Era totalmente irracional! No había razón para actuar así, y mucho menos si no me conocía de nada. Guardé mis cosas con la mayor calma posible, intentando calmar mi enfado sin terminar rompiendo algo. Estaba comenzando a arrepentirme de haber sentido compasión hacia él por encontrarse en una situación peor que yo, porque tal vez él mismo había evitado ser aceptado. Quizás era él quién no aceptaba a nadie. Respiré varias veces hasta tranquilizarme y dirigirme a la salida.

— Creí que no saldrías nunca de esa sala.

Levanté la vista del suelo, encontrándome con mi hermano esperándome en la puerta. Cruzaba sus brazos sobre el pecho, sonriendo ladino. Tuve la sensación de que llevaba ya un par de minutos esperándome en la misma posición. Me reparé para la ola de preguntas que sabía que vendría.

— La profesora nos dejó salir antes y no tenía nada más que hacer, así que esperé por ti.

— ¿El punto es…?

— Ahora compartes puesto con el chico de las miradas.

El juguetón de su voz me hizo sonreír, pero tenía que romper sus tristes expectativas.

— Desearía que no fuese así. —respondí, e Ichiru inmediatamente frunció el ceño.

— ¿Por qué? Si te ha hecho algo juro que-

Suspiré, apoyando mi frente contra uno de sus hombros en cuanto le abracé. Ichiru permaneció quieto durante un segundo, antes de abrazarme de vuelta. No me importaron las miradas extrañadas que recibíamos por parte de los demás, después de todo estábamos acostumbrados. Permanecimos así unos momentos, hasta que logré calmarme completamente.

— No ha hecho nada. —apunté. Ichiru me miró sin creerme, pero no mentía. El chico sólo me había ignorado, lo cual me hacía preguntarme por qué se sentía tan mal.

—… Y yo aquí con esperanzas de que consiguieras novio. En serio, Zero, ¿cómo es que no has salido con nadie nunca? —habló tan alto que tuve que cubrirle la boca con ambas manos, asegurándome de que nadie había escuchado lo que había dicho.

— Tal vez porque no me ha gustado nadie y porque nadie me ha dicho nada, ¿no crees?

Ichiru se apartó de mí, nuevamente con esa sonrisa que estaba comenzando a odiar. Sabía lo que significaba.

— No me creo lo último. Aún recuerdo ese de primer año que solía esperar hasta que tú salieras de clases para irse todos los días.

— Al final resultó que eras tú el que le gustabas.

— ¿Y qué hay del que se sentaba detrás de ti y no paraba de enviarte notitas?

— Era una chica.

— Da igual. Todavía está el que te seguía de instituto en instituto allá en Phoenix. Estoy seguro de que habría venido aquí de haber podido.

… Había dado en el clavo. Me encogí de hombros, intentando restarle importancia al asunto.

— ¿Ves? No me puedes decir que nunca le has gustado a nadie —afirmó él. Yo simplemente le ignoré y tomé el mapa otra vez, comenzando a caminar hacia el gimnasio.

Ichiru se demoró en recordar que teníamos clases juntos, por lo que al hacerlo inmediatamente corrió detrás de mí.

— ¡Zero, espérame!


N/A : Lo siento por lo vago y corto, no he podido seguir escribiendo más D:

Muchas gracias por leer! Hasta pronto (espero) :)