Capítulo 2

Aunque estaba prohibido fumar, la mujer tomó un cigarrillo encendido entre los dedos, y se dispuso a contemplar el paisaje que tenía ante sus ojos: una pared rellena con decenas de fotografías sobre asesinatos y otras masacres.

Estaban en debido orden cronológico, para dilucidar algún patrón específico. Habían tomas de iglesias antiguas en los pueblos afuerinos, viejas aldeas en donde al menos un tercio de la población había desaparecido, casas abandonadas, símbolos extraños pintados con sangre en las paredes, y otras en donde aparecían pedazos de cuerpos humanos destrozados.

La primera vez que vio ese tipo de fotos, el estómago le dio vueltas. A pesar de estar perfectamente familiarizada con su trabajo, jamás había visto tanta saña antes. ¡Por dios, solo eran niños! Y sus cuerpecitos fueron masacrados al interior de un orfanato. Ese fue el día clave en su trabajo, llevaba solo una semana en Inglaterra y la prueba de fuego apareció. Si ella no hubiera conservado el profesionalismo que solía tener en todos sus casos, ese hubiera sido el primero y el último de sus trabajos.

Y ahora estaba aquí, su semblante perfectamente estoico ante la situación que intentaba desentrañar. Esa fue una actitud que siempre impresionó a sus colegas y superiores, Amelie jamás mostró turbación alguna ante los casos, y nada iba a interponerse en que no realizara un buen trabajo. La chica era lista.

Cuando llegó a la oficina, vestida con su pantalón oscuro y su blusa blanca, y una larguísima cabellera rubia corriendo por su espalda provocó miradas curiosas, risitas y cuchicheos entre el personal. Eran pocas las chicas que trabajan en eso, y la mayoría de ellas eran ya cuarentonas, metidas con sus narices en el laboratorio. El departamento de criminalística era entonces un lugar para los hombres. Y el hecho de que apareciera una belleza joven, con una melena digna de modelo de revista les causó gracia.

Claro que esa primera impresión tardaría poco en ir desapareciendo por completo. A pesar de ser latina, no tenía los rasgos propios, y se notaba lejos que era de sangre inglesa. Era hermosa, sí, pero también era seria como ninguna, y sus ojos azules –escondidos tras los cristales- destellaban una determinación única. Amelie Waters era una mujer inteligente y segura, no una simple jovencita bonita tratando de jugar a ser ruda.

He hizo su trabajo como ninguno.

Ahora, mientras revisaba las fotos y liaba su cigarrillo apoyada contra el escritorio en su oficina, repasó los hechos en su memoria. Aquellos no eran ataques usuales, parecían hechos por grupos pequeños pero peligrosos, quizás hasta por una sola persona, pero el sadismo impresos en ellos era lo que le llamaba la atención. No solo asesinaban, sino que destrozaban los cuerpos de sus víctimas, ensañándose con ellas. Y no existía una razón aparente para hacerlo. Además, otra de las cosas preocupantes, era la relativa cercanía que los ataques estaban teniendo. Lo había notado desde un principio: primero en los pueblos lejanos, en aldeas solitarias, más luego el radio fue cerrándose alrededor de ciudades algo más grandes, y así hasta llegar a los suburbios de Londres.

Pero también había otra cosa que le llamaba la atención, en varios de los casos sobre los que le había tocado trabajar, pasaban cosas "extrañas". No lograban terminarlos puesto que sus superiores terminaban diciendo que el caso había pasado a manos de otros. ¿Quiénes eran esos otros? Algo no estaba cuadrando allí. Estrechó los ojos a una foto en particular, la más reciente: manchas de sangre por todas las paredes, y en medio de los escombros de una mesa, la figura de una mujer ensangrentada y, a pocos metros de ella, el que había sido su esposo. Ambos tenían el cuello rasgado.

Un golpe vino a sacarla de su concentración, cuando una cabeza castaña asomó por la puerta entreabierta y le sonrió.

—¿Muy ocupada Waters?

Miró a su compañero, que tenía cara de traer alguna noticia, se sacó el cigarrillo de la boca, y lo aplastó en el cenicero de su escritorio.

—Thomas –su voz era seria, pero con un matiz de confianza que solo tenía con algunos– ¿Necesitas decirme algo?

Él hombre lo tomó como una invitación, y entró en la oficina cerrando la puerta tras de sí. Llevaba una carpeta entre las manos. Se acercó a su compañera y luego miró el humo moribundo del cigarrillo en el receptáculo de cristal, hizo una mueca cómica.

—Sabes que no se puede fumar en aquí, si el jefe te descubre, vas a tener problemas…

La frase solo hizo reír a la chica, quien se encogió de hombros.

—Es dentro de mi oficina, no tiene porqué molestarle a nadie. Además, no es como si el jefe se vaya a enterar, ¿Verdad?

—Eres incorregible.

Nuevas risas. Luego se fijó en la carpeta de papeles, y se puso seria. Al parecer, Thomas lo notó, porque levantó la mano y movió la carpeta ante sus ojos.

—De esto es precisamente de lo que quería hablarte.

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—¿Desde cuándo está pasando esto?

—Unas semanas. La policía local pensó que se trataban de asesinatos comunes, pero la situación empeoró y nos contactaron.

Amelie hojeó los archivos sentada en el asiento del copiloto. Se trataba de un caso a las afueras de la ciudad, los patrones se repetían: casas viejas y abandonadas, personas desaparecidas y encontradas muertas. Pero ahora el asesino parecía haber subido su nivel, en un galpón se habían encontrado varios cuerpos mutilados horriblemente, y fue recién allí cuando el departamento de policía los llamó a ellos por sospechar de un asesino en serie. Y los enviaron a ellos dos.

La Van se detuvo frente a un recinto cercado por automóviles policiales y unos cuántos oficiales que platicaban aquí y allá, arrimados a los capots. La rubia tomó la carpeta en sus manos y se bajó, seguida por su compañero. Un señor grande y moreno se acercó a ellos cuando lo vio llegar. Miró con un poco de desconfianza a la chica, y optó por dirigirse al hombre a su lado.

—¿Quiénes son ustedes?

—Departamento de criminalística de Londres. Soy David Thomas y mi compañera, Amelie Waters. Vinimos a investigar el caso.

Entonces la chica rubia habló.

—¿De cuántos cuerpos se trata? ¿Han dado con algún sospechoso?

El moreno casi dio un respingo. Esa chica era de la oficina de criminalística, pero apenas se veía pasada de los 20 años.

—Son 6, y por el momento no hay ningún sospechoso, estamos interrogando a los dos hombres que encontraron la casa.

Amelie asintió con la cabeza, y se dispuso a caminar.

—Ahora si nos permite, quiero ver de cerca los hechos.

Thomas la siguió de cerca, sonriendo cuando vio la cara de perplejidad del jefe de la policía ante su compañera. Siempre pasaba lo mismo, había sido la misma cara que pusieran sus colegas de Departamento cuando ella llegó a trabajar con ellos. Y era casi la misma que puso él cuando el Jefe le había presentado a su nueva compañera. Pero se había llevado una grata sorpresa. Waters era –como él solía admitir en las reuniones informales con los colegas– excepcional para el trabajo. Y aunque la chica le llevaba 5 años menos, era poseedora de un talento natural para el puesto, convirtiéndose en la compañera idónea. Por no hablar que aunque era seria y formal la mayor parte del tiempo, no dejaba de ser una chica atractiva.

Alta, de porte elegante y seguro, su cabello brillante y esas piernas tan largas embutidas en la tela oscura. Sí, él la había mirado a hurtadillas muchas veces, así como hacían ahora los oficiales que los miraban caminar hacia el galpón.

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La escena se presentó tan cruda como habían supuesto. Los cuerpos –o lo que quedaba de ellos– estaban esparcidos entre las tablas, otros colgaban atados del techo. Sus ropas estaban desgarradas y totalmente cubiertos de sangre. Luego de un primer vistazo rápido, Thomas sacó su cámara y se puso a fotografiar el desastre. Por su parte, Amelie se acercó a los cadáveres para inspeccionarlos de más cerca. Parecían haber sido torturados, y asesinados de forma violenta. Estaba ocupada en la inspección de un hombre maduro colgando de una viga atado por un pie. Parecía haber sido puesto así a propósito, para que la sangre le bajara a la cabeza, pero esta no estaba hinchada ni nada, como suele pasar en tales casos -es más-, hasta parecía haber perdido toda su sangre a través de una herida alrededor del cuello. Allí estaban una vez más esas heridas que viera en la mayor parte de sus casos. El cuello de las víctimas estaba casi desgarrado en su totalidad, destruyendo la garganta como si se tratase del ataque de un animal feroz. Solo que los animales no atan a las personas.

Le hizo señas a su compañero para que hiciera una toma directa de la herida, y en ese instante aparecieron en la puerta el jefe de policía y dos oficiales más. Se veían algo incómodos. El jefe habló dirigiéndose a ellos:

—Lo siento señores, pero se me ha pedido despejar el área.

Thomas dejó su cámara, y Amelie se dio vuelta a encararlo.

—¿Y eso por qué?

El hombre parecía un poco nervioso.

—Órdenes de arriba, señorita. El caso ha pasado a manos de otra Organización.

—¿Otra Organización?

—Así es. Ellos se harán cargo ahora según las ordenes oficiales. Es por eso que tanto nosotros como ustedes debemos salir de aquí.

Amelie protestó, pero David dijo que lo mejor era salir y hablar el tema afuera.

—¿Te das cuenta? Otra vez lo mismo. Siempre que nos encontramos con un caso semejante, se lo dan a otros. Y ni siquiera sabemos quiénes son esos otros –la rubia protestó mientras iba saliendo por la puerta lateral del recinto. David intentó calmarla.

—Seguro ya se resolverá esto. Quizás se trata de otra rama criminalística que está más preparada.

Eso fue un error. La chica se levantó enojada.

—Pero nosotros estábamos trabajando en esto. Y hasta el día de hoy, que yo sepa, hemos hecho un excelente trabajo. Odio que nos dejen fuera sin decirnos claramente por quién nos reemplazan.

Como se les había pedido despejar el área, las camionetas y automóviles se movieron un poco más lejos, dando mayor espacio libre a la periferia del galpón. Amelie se rehusó a irse sin antes ver quiénes eran aquellos encargados.

Pasaron algunos minutos cuando apareció una furgoneta con algunos hombres armados en ella. ¿Soldados? Estos se bajaron y se encaminaron bajo el mando de otro hombre más alto, con sombrero y una pesada chaqueta verde militar. Una muchachita rubia iba a su lado.

Amelie estaba segura de que los había visto antes, aunque no recordaba dónde. Pero ella no olvidaría unos rasgos así, ¿Quién más solía llevar el cabello tan largo y trenzado, tratándose de un hombre?

El grupo entró, y ellos tuvieron que abandonar el lugar según las órdenes. De camino al Departamento, no pudo dejar de comentar el hecho de que efectivamente se trataba de soldados, hombres bien armados que se internaron en el caso. ¿De qué se trataba todo aquello? Algo muy extraño estaba pasando, y ella iba a averiguarlo, fuese lo que fuese.

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Londres, una semana más tarde de los últimos sucesos.

Esta vez no iba a suceder lo mismo. No lo iba a permitir por nada.

Se trataba de un suceso aún más macabro que el anterior, y en un lugar más alejado. Un enorme edificio se alzaba prácticamente en medio de la nada, debido a que el lugar se hallaba deshabitado desde hace años. Los rumores decían que allí se encontraban los cuerpos de varias personas desaparecidas en los alrededores. También podía tratarse de una especie de secuestro, a cuyos rehenes habían masacrado en su totalidad.

La noticia le había llegado de vuelo, y aunque se dejó dicho de antemano que el caso ya lo manejaba otra Organización, ella no pudo evitar dirigirse allá, para aclarar de una vez ciertos cabos sueltos. Quizás pudiera hablar con el encargado de esa dichosa Organización.

El sector se encontraba acordonado en su totalidad, rondas de policías cuidaban la entrada. Obviamente no la dejaron entrar, a pesar de haberse identificado con el Departamento de criminalística. Tendría que encontrar otra alternativa.

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El joven no parecía muy experto, era el hombre ideal. Se acercó a él y le dijo en tono firme, mostrando su placa.

—Waters, del departamento de criminalística. Tengo órdenes de ir a tomar algunas fotos del sector mientras llegue el resto de la Organización.

El rubio la miró con cierta desconfianza, a lo que la chica respondió enarcando una ceja.

—¿Alguna duda? Si quieres, puedes ir a preguntárselo directamente al Jefe, aunque te advierto que no está de muy buen humor con todo esto. Aquí tienes, puedes llamarlo –y le extendió su propio teléfono.

Ante el hecho, el inexperto jovenzuelo negó con la cabeza. No quería meterse en problemas, además esa mujer sonaba muy resuelta, y llevaba una identificación. Así que la dejó pasar. Amelie se sonrió para sí misma mientras se internó en el sector, alejándose del muchacho. Iluso.

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Robert Wallace, el actual líder de la Organización, estaba en una salida de negocios y trámites políticos fuera del país. El mando había quedado en manos de Walter por el momento. Y fue ahí cuando llegó la información de que estaban sucediendo cosas extrañas a las afueras de la ciudad, un posible ataque de vampiros. Tendrían que enviar a los soldados al sector.

Luego de llamar a algunos contactos, el mayordomo había logrado que la policía no interviniera, dejando el caso para ellos. Y como lo más probable es que se tratara de un vampiro que aún rondaba por el lugar, decidió enviar primero a Alucard, ya más tarde irían los Gansos a ocuparse de la limpieza del lugar.

El vampiro se presentó ante su antiguo compañero cuando este lo convocó. Y cuando se le hizo partícipe del motivo de su llamada, sonrió gratamente ante la idea de matar a otro de esos ilusos que iban por allí creyéndose verdaderos vampiros. Criaturas tontas.

—¿Cuándo quieres que salga, shinigami?

—Ahora mismo. Luego enviaremos a los Gansos a limpiar las evidencias. Lo más probable es que haya ghouls y uno o más vampiros. Ya sabes que hacer Alucard y, por favor, evita causar destrozos innecesarios.

Alucard se rió:

—Te has puesto aburrido con los años, Ángel –y se dispuso a salir de la sala, cuando la voz de Walter lo detuvo ante la puerta.

—Alucard, respecto al otro tema. ¿Cómo vas con esa búsqueda?

Él sabía expresamente a qué se refería el hombre cuando hablaba de la "búsqueda". Por supuesto que hacía referencia a la heredera desaparecida. Y, a decir verdad, estaba seguro que solo lo hacía como protocolo. Walter no creía que esa chica viviera, y aunque él también tenía sus dudas, no podía dejar de considerar excitante la posibilidad de que verdaderamente existiera. Aun así, no había dado con nada que le brindase una pista, o mejor dicho, no se había preocupado mucho por hacerlo.

Se encogió de hombros.

—Quién sabe. Quizás el día menos pensado dé con tu heredera y la traiga a casa…o puede que no –no pudo evitar agregar lo último, para ver la cara de disgusto de su compañero, antes de evaporarse en dirección al lugar indicado por el shinigami.

...


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Nota Autora: terminé modificando por completo este capítulo, cambiándolo por el 3.

Respecto a algunas dudas: Arthur murió en paz porque supo que su hija seguía viva, y eso era lo que realmente le importaba. Había pensado en matarlo sin que la viera, pero me pareció muy cruel.

Con Alucard, él se debatirá entre la oportunidad de verse libre de los Hellsing, o de seguir a una nueva Ama mucho mas "interesante"...

Y por supuesto que no podemos dejar fuera de la ecuación a los Wallace...todo eso y más en el próximo capítulo^^