Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Agosto de 1998

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Enfermería

─Han pasado 3 meses, Poppy, ¡3 meses y Severus no reacciona! ─comentaba Minerva McGonagall con la medimaga del colegio.

─Y no es para menos, Minerva. El ataque de esa horrible serpiente era para que no sobreviviera. Si Fawkes no hubiese llegado a tiempo, en estos momentos él no estaría aquí ─decía Madame Pomfrey mientras ordenaba las nuevas pociones en los estantes.

─Es cierto. Tuvo mucha suerte ─expresó pensativa la nueva Directora de Hogwarts.

─Minerva, ¿Es cierto que una vez que Severus se recupere, probablemente lo envíen a Azkaban?

La profesora asintió con pesar─. Aun cuando Harry se ha encargado de limpiar la reputación de Severus, el ministro no está dispuesto a dejarlo libre. Tú has visto lo inflexible que es con todo lo referente a los mortífagos. Esta situación nos tiene preocupados ─explicó mientras tomaba asiento al lado de la camilla del pocionista.

─Sería una injusticia que lo condenaran después de todo lo que se ha sacrificado por nuestra causa.

─Mientras el ministro piense que no merece una oportunidad, no será nada fácil lograr su eximición. Además… ─McGonagall se detuvo al escucha un pequeño gruñido del ex-mortífago─. Poppy, ven rápido, ¡Severus está despertando!


Severus parpadeó un par de veces intentando abrir los ojos. Le dolía todo el cuerpo, se sentía agarrotado y un dolor punzante en las zonas de cuello, hombro y brazo derecho. Parecía como si todos los gigantes hubiesen tenido la dicha de pasar por encima de él. Se escuchaba a lo lejos un peculiar sonido, al parecer alguien le estaba hablando. Poco a poco la voz tomó más nitidez y reconoció que era la voz de una mujer que le llamaba Profesor.

Sus ojos al fin quisieron cooperar, y al abrirlos lentamente la voz tomó forma y se apareció ante él una mujer mayor con traje de medimaga que le miraba preocupada.

─Profesor Snape, ¿Sabe quién soy?

Abrió los ojos por completo, y después de analizar en donde estaba, habló en tono áspero.

─Por supuesto... que se quién eres, Poppy ─respondió como si fuera lo más obvio del mundo.

Intentó incorporarse un poco, pero el dolor que sintió fue atroz e hizo que quedara aturdido.

─Tranquilo Severus, todavía estas débil. Necesitas descansar después de tanto tiempo en coma ─explicó la medimaga mientras lo ayudaba a acomodarse nuevamente en la camilla.

─ ¿En.… coma? ─aquella respuesta lo había descolocado─. ¿Cuánto Tiempo...?

─Tres meses, Severus. Has tenido suerte, Fawkes llegó a tiempo para curarte y aparecerse contigo hasta aquí. ─le explicó la profesora─. No te preocupes, ya todo terminó. Estás a salvo.

─Tres... Meses ─repitió Severus antes de caer exhausto por el esfuerzo.


Grimmauld Place, nro. 12

─No puedo creer lo que nos estás contando, Harry. ¿El ministro quería enviar al Profesor Snape directo a Azkaban? ¡Pero si el mundo mágico sabe que es un héroe! ─exclamó Hermione Granger mientras tomaba asiento en uno de los sillones.

─No debería de sorprendernos. Todos saben el odio que tiene Ayrton Windsor a todo lo referente a los mortífagos desde la muerte de su esposa ─comentó Ron Weasley mostrando el titular de El Profeta: "Diez mortífagos fueron encerrados en Azkaban de por vida tras corto juicio"─. Solo a Lucius Malfoy lo encerraron por un año, y eso fue porque era amigo del ministro. ¿Y cómo cambió de opinión con respecto a Snape?

─No fue nada fácil ─decía el ojiverde mientras se servía un vaso de hidromiel─. Después de una larga conversación y de un necesario chantaje, accedió a regañadientes ─explicó para luego tomarse su bebida en un solo trago.

─Quien lo diría, Harry Potter es ahora maestro del chantaje ─se burló el pelirrojo, el aludido le respondió alzando su vaso, y con un divertido "salud" se tomó su segundo trago. Weasley solo sonrió mientras negaba con la cabeza─. ¿Y para cuándo será el juicio?

─Todavía no hay una fecha establecida. Todo depende de la recuperación de Snape.

De pronto, varios golpes en la ventana llamaron la atención de los chicos. Harry, al acercarse, vio que los golpes eran producidos por dos lechuzas con correspondencia. Al ver la primera, tenía el sello del ministerio.

─ ¿Ocurre algo, Harry? ─preguntó la castaña al ver que el ojiverde adoptó una expresión seria.

─Es una orden del ministerio. Quieren que me traslade inmediatamente al noroeste. Al parecer hay un grupo de mortífagos escondidos en esa zona ─respondió el_ niño_ que_ vivió_ dos_veces mientras abría la otra carta.

─ ¿Y de quién es la otra? ─preguntó esta vez el pelirrojo al ver que su amigo denotaba una expresión de sorpresa.

─Es de la profesora McGonagall. Snape ya despertó.


Tras días en la enfermería, y después de innumerables visitas de los integrantes de la Orden y la familia Malfoy, por fin Severus supo qué había pasado y como se había salvado.

No se cuestionaba el porqué estaba vivo, recordaba claramente la conversación con Lily. Al principio pensaba que había sido un sueño, pero después de escuchar la historia de su salvación y de analizar la situación, se dio cuenta que no era tan descabellada esa conversación. Había estado al borde de la muerte y por ello, había tenido la oportunidad de hablar con ella. Se sentía al fin en paz consigo mismo, libre de todas las ataduras que por años amargaron su existencia, libre... como lo había dicho Lily. En eso pensaba cuando...

─ ¿Profesor Snape?

Al voltear, Harry Potter se encontraba sentado en la silla al lado de la camilla.

─Potter ─espetó Severus, volviendo a la realidad.

─La profesora McGonagall me informó que mañana ya podrá dejar la enfermería. ¿Cómo se siente?

─ ¿Cómo cree que me siento, Potter? ─inquirió con sorna─. ¿No ve la gran sonrisa que tengo en el rostro?

Harry sonrió de lado. Aquel hombre, a pesar de ser sumamente sarcástico, arrogante, irritante, desesperante, grosero, pedante… En fin, a pesar de todo eso, era el hombre más valiente que había conocido. Que mal que no se encontrara en su mejor genio, ya que él no venía a tratar un tema agradable.

─Pues... qué bueno que este de humor, señor, porque el tema que vengo a tratar es delicado ─expresó Harry de forma seria.

─Por su expresión puedo deducir que vino a hablar del juicio ─comentó el pelinegro con su habitual tono de indiferencia. Kingsley ya le había informado sobre su situación legal y se sorprendió de que tuviera la oportunidad de un juicio. Él esperaba que lo llevaran directamente a Azkaban. A pesar de no haberlo hecho por voluntad propia, de igual forma había torturado y asesinado, y eso era algo que tarde o temprano tenía que pagar.

─Así es. El Ministerio ya sabe de su recuperación y... quieren que su juicio se realice dentro de una semana. Hice lo que pude para aplazarlo por más tiempo...

─No se preocupe, Potter. Era de esperarse.

─Harán todo lo posible para encerrarlo, y eso es algo que no podemos permitir. Debemos preparar muy bien su defensa, es por eso que quería invitarlo a pasar estos días en el cuartel ─Harry pensó varias veces la manera de invitar al profesor y que éste accediera, mientras más tiempo se ocuparan de la defensa del caso, mejor estarían preparados.

Snape chasqueó la lengua fastidiado─. Igual me encerrarán, Potter, no sea iluso. No pierda su tiempo en una defensa que no va a funcionar.

─Por favor profesor, no puede rendirse. Ellos creen que es un traidor y un cobarde, no puede permitir que lo humillen de esa manera.

─ ¿Humillarme más? ─el slytherin bufó─. No lo creo.

─Algo se podrá hacer, no sea tan pesimista. ¡No se dé por vencido! ─exclamó el ojiverde levantándose del asiento.

"Nunca te des por vencido" Recordó Severus las palabras de Lily. Y al mirar los esperanzadores ojos del chico, aquellos ojos similares de quien fue su única amiga y gran amor, esa frase tomó más fuerza en su mente.

El ex mortífago suspiró─. Está bien Potter, si quiere perder su tiempo es su problema. Conste que se lo advertí.

Harry esbozo una pequeña sonrisa. Haría todo lo posible para lograr su libertad. Era lo mínimo que podía hacer por él, se lo merecía.


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